miércoles, 22 noviembre, 2017

Lo que nunca te contaron sobre el teatro


Lo que nunca te contaron sobre el teatro1Oigo en estos días que los productores teatrales se quejan de la bajada de espectadores en la salas teatrales. En esta ocasión, los males de éste enfermo con salud de hierro se concentran en la subida del IVA, dicen. Yo no lo creo. Escucho a la gente de la calle decir que el teatro es caro y que por eso no van. Tampoco lo creo.

Vaya por delante que durante muchos años de mi vida me he dedicado al teatro. Unas veces como director, otras como autor, productor e incluso como actor (afortunadamente para el público, ésas fueron pocas). En ocasiones conseguimos llenar la sala y en otras alcancé sonoros fracasos. El teatro es vivir en un estado de pasión constante, pero eso no debe hacernos perder el pulso de la realidad. Si los espectadores no se sientan en las butacas es por que algo se está haciendo mal.

Lo que nunca te contaron sobre el teatro2Pongamos por caso un espectáculo modesto. Ajustado a los tiempos que corren. Una producción con dos actores. Una inversión de 50 o 60 mil euros para poner en pie decorados, iluminación, director, ensayos, libreto y algo de publicidad. El productor decide fijar el precio de la localidad en 25 euros. De éste precio se descuenta el IVA (21%), quedan 19’75. De ahí, el 10% se va en derechos de autor (del euro con noventa y siete, al autor le queda menos del euro después de pagar a la SGAE y a Hacienda. Si en el espectáculo hay música, el eurillo se reparte). De los 18 euros que restan el 50% va destinado al empresario dueño del local (que tiene que pagar a los acomodadores, equipo de limpieza, taquilleros, electricidad, calefacción o aire acondicionado, IBI, mantenimiento, Seguridad Social, y por supuesto, Impuesto de Sociedades) De momento, al productor le quedan 9 euros, de los que tiene que pagar a los dos actores, el técnico de iluminación, técnico de sonido, regidor y algo de publicidad. (La publicidad en un solo autobús en Madrid cuesta más de 2.500 euros al mes. Y diez cabinas de teléfono sale por unos 6.000). Después de abonar esas facturas, necesita amortizar los 50 o 60 mil machacantes que puso para comenzar la aventura. De lo que le queda, aproximadamente el 25% se lo llevará la Agencia Tributaria en impuestos.

Lo que nunca te contaron sobre el teatro3Si hablamos de un gran espectáculo, la única diferencia es que los gastos se pueden disparar hasta lo inimaginable. Por ejemplo, ahora en Madrid está en cartel el musical Made in Disney, ‘El Rey León’. Sobre el escenario unos cuarenta artistas, y en el foso, una orquesta de más de veinte músicos. Más técnicos, personal de sala… El precio de la entrada, desde los 35 hasta los 170 euros.

El viernes estuve viendo El rey León. Estaba de bote en bote, no entraba un alma a pesar de los precios y de que el Teatro Lope de Vega dispone de 1.465 localidades. Está claro entonces que el IVA no es responsable de la falta de público. Y que a los 1465 espectadores que repiten diariamente el rito de acudir a la Gran Vía, el precio no les pone freno ¿Cuál es el secreto entonces? Sin entrar a valorar el espectáculo, que tiene sus virtudes y sus defectos, el secreto radica en que los productores han sabido convertir su espectáculo en un acontecimiento. Las familias se hacen fotografías antes de cruzar la puerta donde les espera un hall está lleno de merchandising que entra por los ojos, en el entreacto los actores firman el programa, el bar (antes ambigú) es un lugar acogedor en el que apetece tomarse una Coca-Cola o una copa de buen vino antes de seguir disfrutando de la función… y así se podría continuar un buen rato. Muchos dirán que se trata de Disney y que la marca es todo el secreto. No es cierto. En los quince años que la compañía lleva produciendo musicales tamben ha cosechado fracasos. En el año 1999 pusieron toda la carne en el asador para El jorobado de Notre Dame, que no pasó de un pequeño estreno en Berlín y obtuvo pérdidas millonarias. Ese fracaso, y discretas acogidas como la que cosechó La Sirenita, en Broadway, han ido forjando un estilo de hacer las cosas con el que han alcanzado en todo el mundo una recaudación equivalente a la cantidad que se necesita para rescatar a Chipre.

Lo que nunca te contaron sobre el teatro4Mientras la cultura teatral anglosajona va adaptándose al mercado, porque se juega su propio dinero, en España (en Francia e Italia pasa lo mismo) los productores (no todos) llevan décadas produciendo con el dinero público. Durante años ha dado igual que sus espectáculos fueran buenos o malos, aburridos, pedantes, sobreactuados, insulsos, soeces, bastos, entupidos, sosos, previsibles… En líneas generales, el teatro en España ha bajado el listón de tal manera que se ha convertido en un producto aburridísimo, falto de fondo y forma, en el que los beneficios estaban garantizados por las subvenciones (locales y/o autonómicas y/o estatales y/o todas juntas) y por el sistema del caché, que consistía en que cualquier pueblecito contrataba cada función a miles de euros, independientemente de la asistencia de público.

Ahora ese chollo se acabó. La crisis cerró el grifo. Ahora hay que producir de verdad, echarle imaginación, talento, dinero, trabajo, ilusión y por supuesto, tener suerte. Ahora ha llegado el momento de saber conectar con el público, lo que no significa darle basura, más bien todo lo contrario. Los espectadores están deseando buenos espectáculos, y están dispuestos a pagar por ello. No le echen la culpa al IVA, señores productores, dejen de mirarse el ombligo y dense una vueltecita por Londres o Nueva York donde las entradas son mucho más caras y las colas en taquilla también.

José Cabanach 

Comentarios

  1. Estoy bastante de acuerdo. Acabo de volver de Londres y he visto Once, un musical sobre la película del mismo nombre. Una vez entrabas al teatro, a la sala, te podías subir al escenario que estaba como un pub -la obra tiene lugar en un pub casi todo el tiempo-, pedirte una cerveza, en fin, todo pensado para que sea lo que dIces: un acontecimiento. Una experiencia se llama en marketing, marketing experiencial.

  2. Eduardo Fuentes dice:

    Señor Cabanach, estoy de acuerdo en algunos puntos acerca del teatro en España, el dinero público y los fenómenos como el Rey León. Pero no deja de ser simplona la comparación. Pues comparar la producción teatral en el Reino Unido (no ya sólo en Londres) con la que se realiza en nuestro país, es casi como comparar la afición al béisbol en los EEUU con la que se da aquí. Allí se la juegan cn su propio dinero, cierto, pero aquí también lo hacen muchas pequeñas compañías independientes que hacen cosas arriesgadas, nuevas dramaturgias, pero que no reciben ninguna clase de ayuda: sin embargo, en el UK, las iniciativas de este tipo tienen muchos pequeños respaldos oficiales, por no hablar de una EDUCACIÓN que ya prepara desde sus inicios para recibir el teatro como un bien de interés nacional, creando un público potencial y con criterio desde la enseñanza escolar. En la cuestión teatral estos dos países no son comparables por, insisto, educación y por historia.
    Luego ya, hablar del REY LEÓN como ejemplo, en fin, está usted hablando de una multinacional, un negocio a lo Bestia, comoel Circo del Sol y tantas otras compañías poderosas que pululan por el mundo.
    En cuanto a lo del IVA, perdóneme, pero su aplicación desmedida está siendo nefasta por razones varias entre las que destacaré sólo tres:
    -No pueden cobrarle al teatro, un producto cultural de minorías lo mismo que a un fabricante de coches de lujo.
    -No se incentiva el teatro (ni la mera lectura) desde la escuela (el índice de analfabetismo funcional en nuestro país crece de forma galopante).
    -Nuestro público potencial dice que el teatro es caro, pero prefiere tomarse un par de copas por el mismo precio, o ir al fútbol, que es mucho más caro. Y no será porque en Inglaterra no sean también aficionados al fútbol y a beber en sociedad.

  3. Totalmente de acuerdo. Llevo pensando y diciendo eso justamente mucho tiempo. Igual la crisis cambia el concepto del artista expresándose a sí mismo por el de acontecimiento, que tan bien saben manejar los anglosajones. Y si bien es cierto que hay muchas diferencias estructurales (legislación, financiación, etc) entre nosotros y ellos, también es cierto que hay diferencia de mentalidad, y es eso lo más complicado de cambiar.

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