lunes, 23 octubre, 2017

Chevengur


En tres habitaciones del viejo Kremlin
vive un hombre llamado José Stalin.
Tarde se apaga la luz de su cuarto.
Pablo Neruda

Andréi Platónov

Andréi Platónov

Andréi Platónov escribió ‘Chevengur’, una de las cumbres de la novela rusa del siglo XX, en torno a 1928-1929, durante los años del Primer Plan Quinquenal, aunque la obra hubo de esperar nada menos que sesenta años hasta su publicación, a comienzos de la Perestroika. Su autor intervino en un Congreso de Escritores Proletarios celebrado en Moscú en el año 1920, cuando contaba veintiún años de edad. Es fama que se les hizo a los participantes un cuestionario en el que se les preguntaba por la tendencia literaria a la que se sentían más próximos. La escueta respuesta del joven Platónov fue «Ninguna. Tengo la mía propia».

Nuestro autor no tenía estudios secundarios, y según los estudiosos de su obra temprana, estaba profundamente imbuido de los ideales de la revolución del año 1917. En la ciudad donde nació, Voronezh, se le conocía con el sobrenombre del «obrero-poeta» y el «obrero-filósofo», lo cual es enormemente certero a la hora de catalogar su magna novela: un compendio de lirismo y metafísica inspirado por el naciente comu­nismo soviético, aunque la inconcebible riqueza de Chevengur no se agota en ningún estilo concreto porque los tiene todos simultáneamente.

Miguel de Cervantes

Miguel de Cervantes

El subtítulo de esta novela coral es ‘Viaje con el corazón propicio’. El comienzo tiene mucho de viaje iniciático en el que es fácilmente reconocible la deuda del escritor ruso con Cervantes y con Dostoievski. Los principales personajes, Alexander Dvánov y Stepán Kopionkin recorren la estepa devastada por la sequía. En su periplo, que se corona con la llegada a Chevengur y la materialización de la utopía, se van encontrando con personajes insólitos y maravillosos en lo que supone una continuación del mecanismo episódico puesto en funcionamiento por el autor del Quijote, aunque da la impresión de que la locura ha contagiado a todos los habitantes de Rusia: «Y es que el campesino en cuestión se creía Dios y pensaba que lo sabía todo. Eso le había llevado a abandonar la labranza y a alimentarse directamente de tierra […] La gente pensó que no tardaría en morir, pero seguía vivo y se sacaba de vez en cuando, delante de todos, el barro que se le había quedado atascado en los dientes. Por eso se le respetaba un poco».

Mijail Gorbachov

Mijail Gorbachov

Según Vicente Cazcarra, autor junto con Helena Kriúkova de la versión española, el rasgo principal de los personajes de Platónov es su espontaneidad, lo que les lleva a estar continuamente descubriendo por ellos mismos las cosas,  frecuen­te­mente con trágicas consecuencias. Pese a la sencillez de sus oficios -campesinos, mecá­nicos, soldados retirados- siempre hay en ellos un pensador profundo del que se vale el escritor ruso para transmitirnos su inexorable visión de la existencia: «El pescador se había pasado años observando el lago, siempre con el mismo pensamiento: lo interesante que es la muerte […] En lo íntimo de su ser ni siquiera creía en la muerte […] Veía la muerte como un territorio más, situado justo debajo del cielo […] Dimitri Ivanich había hecho la prueba: lo sacaron del lago tres días más tarde y lo enterraron en el cementerio de la aldea». Con motivo de un accidente laboral leemos lo siguiente: «Sasha se asombró de que la sangre fuera tan roja y tan joven siendo que el maestro-maquinista era viejo y tenía el pelo blanco: parecía como si siguiera siendo niño por dentro».

“¿Cómo podría ser gobernada nuestra especie?”.

La sensación que a uno le merodea por la cabeza cuando lee a un escritor tan sumamente libre, es que todos los demás escritores han desarrollado su obra constre­ñidos por las convenciones de los géneros o el miedo a la crítica. Un libro como éste es posible. Entre los distintos estilos que afloran en la fascinante escritura de Platónov me gustaría señalar su portentoso lirismo de cuño irracional y místico, y su humorismo. Los ejemplos de lo primero son constantes: «Dvánov sintió envidia de todo aquello: deseó apoderarse de esos árboles, del aire y del camino para guardarlos dentro de sí y, protegido por ellos, no morir nunca».

Lenin

Lenin

El humor en Platónov tiene dos registros. Por un lado lo encontramos exento de implicaciones ideológicas: «Páshintsev no fue capaz de domarse en toda la noche. Se puso la cota de malla sobre su camisa, salió y se dirigió a un rincón de la finca. Allí le agarró el fresco de la noche, pero no se le pasó el calor. Antes al contrario: la conciencia de su baja estatura bajo aquel cielo estrellado provocó en él un gran sentimiento y la necesidad de realizar algún acto heroico inmediatamente». Pero es mucho más abundante el registro cáustico hacia el comunismo, hacia la torpeza de sus promotores, hacia el carácter extenuantemente deliberatorio y absurdo de multitud de iniciativas de la revolución. Probablemente esta honradez crítica que prescinde completamente de la prudencia, pese a ser él mismo un comunista de una pieza, segó su carrera y lo condenó a una oscura existencia en la que se vio obligado a desempeñar toda clase de oficios: «Todos los bolcheviques chevengureños se avergonzaron e intentaron pensar. Kiriéi se puso a escuchar el ruido de su cabeza y a esperar que saliera de allí algún pensamiento, hasta que el esfuerzo y el aflujo de sangre hicieron que comenzara a salírsele el cerumen de los oídos».

Dionisio de Siracusa

Dionisio de Siracusa

Platón

Platón

La espantosa maquinaria de represión puesta en marcha por los totalitarismo del siglo XX ha malogrado las vidas y las carreras de multitud de seres humanos. La devoción con que los grandes dictadores se han dedicado a reprimir a los artistas y científicos más notables debería hacernos reflexionar. Son ellos los arquitectos de lo que puede ser imaginado, los visionarios que contemplan los otros mundos, los creadores que se enfrentan a individuos cuyo único mérito intelectual es tener un ejército detrás. La gran paradoja política de la humanidad es que quien tiene aptitudes para alcanzar el poder carece de talento para ejercerlo. De este funesto designio ni siquiera escapan las democracias actuales. Por otro lado, también fue un fracaso la iniciativa de Dionisio, el tirano de Siracusa, de poner al frente de su gobierno a Platón. ¿Cómo podría ser gobernada nuestra especie?

Álvaro Fierro Clavero

Comentarios

  1. Enrique Gracia Trinidad dice:

    Enhorabuena, Álvaro, por la lucidez y la agudeza. El párrafo final en el que elevas la reflexión es interesantísimo, Ya sabes que mi tendencia personal es llevar estas ideas que esgrimes en las dos direcciones ideológicas predominantes, pensando que ambas, en lo básico, son caras de la misma moneda, Me gustaría verte analizar un día, con esa puntería tuya, la cara de la moneda que te es más cercana. Un abrazo y espero seguir disfrutando de cuanto escribes.
    Enrique Gracia. ,

  2. david escobar galindo dice:

    Espléndido comentario el de Álvaro, que nos hace echar de nuevo la mirada hacia un tiempo que está en el trasfondo de nuestro mundo actual. Efusivas felicitaciones, y comparto, desde luego, la ilusión de Enrique.

    David Escobar Galindo (El SAlvador)

  3. Esto no es cualquier cosa, efectivamente.

  4. Álvaro, discrepo de que quien tiene aptitudes para alcanzar el poder carece de talento para ejercerlo: lo ejercerá con el mismo tipo de talento del que se ha valido para alcanzarlo. Los militares dicen, chistosamente, que los generales son tan tontos porque los eligen de entre los coroneles. A los políticos los elegimos de entre los ciudadanos. ¿Existe una masa crítica de ciudadanos que no seamos corruptos a nuestro nivel, que no defraudemos a nuestro nivel, que no mintamos ni manipulemos en nuestra familia, círculo de amigos, comunidad de vecinos? ¿Que no caigamos en el amiguismo, nepotismo y clientelismo a nuestro nivel? Habría que definir qué es gobernar con talento. Y, antes que eso, habría que esperar a que la democracia fuera una convicción mayoritaria en lugar de una mera coerción legal, ¿no?

Deja un comentario