Miércoles, 26 Julio, 2017

Papas santos, papas corruptos y papisas


José María Sánchez Galera

por José María Sánchez Galera

La elección del cardenal argentino Bergoglio no me sorprendió; sabía que el nuevo Papa sería alguien absolutamente desconocido para mí. Me hacía cierta ilusión el cardenal de Boston o el de Vietnam, pero era consciente de que yo sólo puedo ver las cosas desde fuera, de modo que di por sentado que casi todas o todas las quinielas fracasarían. Aún más; desde la fumata bianca hasta la apertura del balcón principal de la basílica de San Pedro, circuló el rumor de Scola. Tampoco, pues el nombre que leyó el protodiácono resultaba arcano para todos. Sin embargo, me llamó la atención aquello de “qui sibi nomen imposuit Franciscum”.

angelesymonstruosLos gestos del nuevo obispo de Roma, su serena y cálida expresión de “vescovo e popolo, popolo e vescovo”, la factura de la pensión que pagó al día siguiente, su costumbre de moverse en metro o autobús público… son una muestra de que, no sólo quiere ser un Papa Francisco, sino, sobre todo, se ha empeñado en proponer a los cristianos el retorno a valores como la austeridad y la pobreza de espíritu. Valores evangélicos que, con matices notorios, también compartirían griegos como Epicteto o Epicuro.

hildegardaNo soy capaz de adelantar nada sobre el pontificado de este hombre que ya cuenta con la admiración y el cariño de casi todos los católicos. Asumo que será el Obispo primado que necesita la Iglesia en estos tiempos. Barrunto que pretende lo de siempre: una revolución dentro de cada persona, que es donde reina —o quiere reinar— Cristo. Ya se habla de que los cardenales “han elegido a un Papa santo”. Y por eso ahora me acuerdo de los ejemplos opuestos: de aquellos papas crueles y militaristas del Renacimiento.

Los sumos pontífices de los siglos XV y XVI, lo mismo que los papas de Aviñón, son el paradigma de la “decadencia y corrupción” de la Iglesia. Pero también son ejemplo de papas que han permitido la supervivencia de la cultura clásica; fueron papas que guerrearon contra los reyes para evitar que el papado se convirtiera en un mero apéndice dócil del Imperio; eran papas que incluso tendieron la mano a una Constantinopla sitiada por los turcos. Sin esos papas nepotistas y sumidos en el lujo, Roma sólo sería hoy una ciudad decadente, incapaz de decir nada al hombre actual. No sería la Roma que ha conservado el arte, ni sería la Roma donde se custodian las mejores copias de la literatura antigua. No tendríamos Sófocles ni Homero. Occidente habría perdido sus principales raíces culturales y humanísticas.

InocencioXEn la Baja Edad Media (s. XIII), y con origen bizantino, apareció el cuento de la Papisa Juana —personaje del todo ficticio—. Se trataba de un confuso relato que desacreditaba al Sumo Pontífice católico, pues se burlaba de la gran influencia que las mujeres tenían en la corte papal. Se decía que Juana había ocupado el pontificado, durante más de dos años, entre León IV y Benedicto III, lo cual se antoja harto complicado, porque entre ambos papas sólo transcurrieron unas semanas en el verano del año 855. Con todo, la leyenda de Juana ha servido para atacar a la Iglesia, con argumentos contrapuestos a lo largo de los siglos. Ya hablemos de Lucrecia Borja, sor Pascualina durante los años de Pío XII, o la ideología de género.

SAN ISIDORO DE LEON 3¿Cuál ha sido la mejor etapa de la Iglesia? ¿La primitiva, repleta de persecuciones y controversias doctrinales? ¿La renacentista, con su gigantesco legado de cultura imperecedera y humanismo? ¿La actual, de papas santos y sencillos? ¿La medieval, la del arte románico, con sus intrigas palaciegas y nobles mujeres romanas con excesivo poder y gran afición al magnicidio y el veneno? No tengo respuesta, pero sí que veo algo común: la mezcla humana de trigo y cizaña de que ya advertía Jesús de Nazareth. Y la impresión de que, de una manera u otra, la Iglesia acaba sacando harina incluso de la cizaña.

José María Sánchez Galera

 

Comentarios

  1. Qué bueno, Jm, te voy a “compartir”.

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