Jueves, 17 Agosto, 2017

Dar y tomar


La_ranaLeo estos días en El Mundo una de esas historias propias de contraportada de periódico. Una mujer alemana, amplia formación académica, madre de familia ya crecida, decidió hace casi 20 años aprender a vivir sin dinero. Y lo logró. Después de deshacerse de la mayoría de sus bienes materiales, comenzó a subsistir de un modo cercano al trueque: lo que necesitaba lo conseguía ofreciendo a cambio su esfuerzo. Por ejemplo, dormía en casa de unos amigos y se ofrecía para cuidar a unos niños, le daban comida a cambio de jardinería, incluso recibió unas entradas para la ópera a cambio de unas sesiones de terapia familiar que, como psicóloga, mantuvo con unos conocidos.

La colorida historia no está exenta de puntos oscuros. La aparente actitud altruista y sencilla de esta mujer solo funciona porque el resto de la sociedad en la que vive sí utiliza el dinero. Sin dinero, se complica el pago de impuestos. Y sin impuestos, difícilmente se sostiene el Estado del bienestar del que ella misma tuvo que hacer uso en alguna circunstancia cuando faltó el techo en su fría Alemania natal.

Y es que el dinero no es la perversión del sistema. El dinero no es nuevo, no es fruto de la revolución industrial o del desmedido crecimiento económico basado en la voracidad financiera. El dinero surge porque facilita en extremo las transacciones comerciales -el que quiere vender una vaca para comprar dos ovejas y vender dos ovejas para comprar un potro, no tiene que estar cargando con los animales arriba y abajo sino con su representación monetaria- y permite dar un valor más justo a los bienes y servicios, para evitar situaciones como que un caballo cueste ternero y medio. Luego si el dinero no entorpece, sino que ayuda, está en otro sitio la raíz del problema.

gran-truequeEn efecto, la experiencia de esta alemana debería servirnos de enseñanza, pero no tanto por la primera parte de la proposición -vivir sin dinero- como por la segunda -dar y tomar-. En la simplificación económica en la que se ha embarcado esta mujer, sí hay una lección económica de calado de la que adolece la estructura actual: ella solo recibe en función del valor añadido que genera. Ese valor puede concretarse en terapia familiar, cuidado de niños o paseo de perros. Pero existe, es real, está ahí. Ha generado un beneficio palpable para otras personas -la familia aconsejada, los padres tranquilos con sus hijos a buen recaudo, los dueños de perros con mayor tiempo disponible-. Al tiempo, esta peculiar mujer recibe un beneficio justo en forma de cama, comida o entradas para la ópera.

La diferencia con las circunstancias que han originado la actual crisis económica radica en que el modelo de crecimiento se basó en algunas figuras que implicaban un beneficio para una parte basado en el perjuicio para otra. En lugar de crear riqueza mediante el trabajo, se trasvasaba riqueza mediante complejos mecanismos financieros en los que la lejanía entre el empobrecido y el enriquecido transformaban el anonimato en una violenta forma de impunidad.

Cuando al pasar los años la crisis económica parezca solo una pesadilla de la que ya hemos despertado, posiblemente habremos aprendido esta lección que, con sencillez y sin pretenderlo, nos enseñó una alemana que quiso vivir sin dinero. El secreto está en dar y tomar. Nada nuevo. Eso ya nos lo había enseñado Cristo.

 

María Solano Altaba
@msolanoaltaba

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