sábado, 21 octubre, 2017

La hiperinflación de datos y el silencio


En el avión que me llevaba a Roma, leía esta mañana en El País toda esa sístole de datos sobre el ticket de “Papa y secretario de Estado“, las quinielas, los favoritos, el papel “sofocador de la curia romana y su corrupción” (sic), vamos, los clichés de siempre. Y percibía en el fondo, el aburrimiento feroz del periodista de a pie, al que le piden un número de caracteres por página completa, y tiene que meter todos los ingredientes que puede. El día previo al cónclave, el creyente, más que hiperinformado del retrato robot de los cardenales electores, busca parecerse a ese Papa emérito que anda estos días en oración, ajeno al batir de alas de los espabilados vaticanistas, y que va y viene por los jardines de Castelgandolfo rezando el rosario con su escudero. Y es que de la naturaleza del silencio me apetece hablar en la víspera del súpermartes.

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Pongamos freno a los tópicos sobre el silencio. El verdadero silencio se hace con las propias manos, es personal y no de especie, es único, sólo mío, tan mío como mi timbre de voz. No hablo de un silencio exterior, ése no es un hallazgo difícil, porque me lo puedo buscar en el monte o en una habitación sin ruido. No dependo del silencio de fuera, sino del que fabrico, como la crisálida del gusano. Y de ese silencio interior depende el arranque de la oración.

E igual que existe un silencio personal, hay también un tiempo propio, que no es un calco del exterior, sino otra de esas misteriosas creaciones personales. Es decir, no se está en silencio, yo hago el silencio. No me sobreviene el tiempo, el tiempo llega de parto propio. Todo esto se llama humanizar la existencia.

La oración necesita de silencio y tiempo propios. La oración se parece al diálogo amoroso, a la permanencia de una amistad, a las cosas hermosas que se valoran. Con la oración sólo aspiro a estar, a quedarme con quien he construido un espacio y un tiempo propios.

Y sólo así, uno se prepara al inicio del cónclave

Javier Alonso Sandoica

Comentarios

  1. Iciar Fernández Lorenzo dice:

    Muchas veces los silencios son muy dolorosos y duros, pero también del silencio nace la convicción.
    Roguemos al Espíritu Santo, para que dé a los Cardenales ese dón de la convicción y la fortaleza
    necesarias para elegir al nuevo Sucesor de Pedro.
    Que Dios les bendiga a todos en este comienzo del Cónclave.

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