Miércoles, 16 Agosto, 2017

La política del hijo único en China


cartel2Dicen los expertos que China está a punto de anunciar el que supondría uno de los grandes cambios en la política mantenida en los últimos 30 años. Se habla de flexibilizar la política de un solo hijo. La noticia es, indudablemente, motivo de alegría para todo aquel que ame la vida. Baste recordar la trágica foto que hace poco tiempo dio la vuelta al mundo. Una madre recién parida tenía a su lado en la cama el bebé muerto de siete meses que le habían obligado a abortar.

Es la degeneración de la raza, de una raza que a base de abortos, muchos de ellos selectivos, ha “conseguido” controlar el crecimiento de la población aunque, como consecuencia, haya dejado una notable disparidad del 17% entre el número de varones y de féminas a favor de los hombres.

El término “conseguido” va entrecomillado porque al buscar la documentación pertinente para el desarrollo de este texto me he topado con un signo claro de la perversión del lenguaje de la que somos tan asiduos en Occidente. Resulta que entre los numerosos estudios que desde ámbitos académicos de la Sociología o la Economía, han tocado el tema de la natalidad en China, muchos de ellos consideran el programa un “éxito”. En efecto, no hay éxito que se pueda dudar cuando la mayor parte de la población de las zonas urbanas se ha plegado, por convicción o por evitar una dura multa, a la intromisión dictatorial en sus vidas y ha tenido, como mucho, un hijo.

Las autoridades Chinas determinaron en los años 70 que solo un control férreo de la natalidad evitaría una población de tal volumen que supusiese un suicidio colectivo. Sobre el papel, el mismo papel en el que se decidía qué plantar, cuánto cuestan las botas o qué pretendidos “obispos” iban a entrar en la Iglesia Patriótica, salían las cuentas. Después no salieron tanto.

cartelResulta que otras investigaciones han acabado demostrando que la política del hijo único tiene inesperadas consecuencias económicas de enorme trascendencia. Según el trabajo desarrollado por un grupo de investigadores de tres centros universitarios australianos, la política del hijo único ha generado un perfil de trabajador que no cumple con los requisitos que se le solicita a una economía en crecimiento.

Todo ha influido, desde los cambios en los hábitos de las familias monoparentales hasta el peso no compartido que soportan unos jóvenes cargados de generaciones de ancianos. El resultado es desolador.

En la China rural, la que no se parece en nada al Pekín que tienen como referencia los occidentales, se han saltado más de una vez a la torera esta norma del hijo único. De hecho, tenían una moratoria que les permitía tener dos si el primero era mujer porque se entendía que no podía trabajar la tierra. Lo cierto es que esta pequeña confesión demuestra en buena medida que si los hijos son riqueza del espíritu, regalo de Dios y bien para el matrimonio, son también riqueza económica porque de pequeños son bocas que alimentar y pero de mayores son manos que alimentan.

En cualquier caso, la positiva noticia del cambio en China, aunque aplaudida, tendrá muy poco que ver con la reflexión sobre los valores de la defensa de la vida. La realidad que se esconde es mucho más materialista –mal que les pese a los comunistas-. Ahora que han crecido, solo con más personas lograrán expandirse. Al menos, la dantesca foto de la madre con su bebé abortado no será el pan nuestro de cada día.

María Solano Altaba
@msolanoaltaba

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