lunes, 23 octubre, 2017

Carta de Amor a Hayley Okines


Y el tiempo callado se va hora tras hora.
Manuel Machado

Kairós

Kairós

Desde los cuatro años nos acompaña un discurso interior que cree estar en posesión de la verdad. Buena parte de la educación social estriba en que comprendamos que las cosas no siempre son como dice quien habla dentro de nuestra cabeza, aunque el proceso de socialización tiene éxito a lo sumo en un diez o un veinte por ciento de las ocasiones en el caso de las personas más abnegadas y generosas. El hombre es una especie racional porque siempre busca tener razón.

Seguramente eso es así por razones evolutivas y de conservación de la especie, que son las que acostumbramos a invocar cuando no sabemos cómo extirpar del género humano alguno de sus aspectos menos edificantes. Pero hay evidencias que deberían llevarnos a aceptar que lo que dice la voz interior es más veces erróneo que acertado. Una de ellas es nuestra incoherente concepción del tiempo, que no es cronológica, sino autocairológica.

Cronos

Cronos

Para los griegos una de las divinidades más importantes era Cronos, el dios del tiempo que gobernaba el universo cuyo poder tenía alcance superior al de los restantes dioses. Ha pasado a las lenguas occidentales como prefijo que se refiere a lo que miden los relojes de manera cuantitativa e inexorable. Pero hubo otro dios griego del tiempo, Kairós, que está asociado al clima, a las estaciones y a los momentos en que algo importante sucede.

Los seres humanos vivimos inmersos en un tiempo que, además de cronológico, es autocairológico porque creemos que nuestra época es la mejor o la más avanzada, no sólo a escala histórica, sino también biográfica, e inevitablemente consideramos el mundo en primer término desde la perspectiva de la edad en que nos encontramos. Un ejemplo sencillo: Cuando somos pequeños, opinamos que nuestros padres no nos entienden, mientras que de mayores creemos que quienes no nos entienden son nuestros hijos o los abuelos de nuestros hijos. Al convertirnos en abuelos no comprendemos ni a hijos ni a nietos. Pensamos que sólo pueden llegar a entendernos quienes se encuentran en nuestro mismo momento vital y estamos convencidos de que el tiempo en el que las cosas importantes suceden es el nuestro.

Évariste Galois

Évariste Galois

¿Es esto así para todo el mundo? Algunos grandes genios parecen haber tenido consciencia de que su final se acercaba y que, por tanto, muchas de las cosas importantes para las que estaban llamados no iban a llegar nunca: El matemático Évariste Galois redactó a los veintiún años de edad el manuscrito en el que resumía las ideas que crearon una rama del álgebra la noche previa al duelo en el que iba a perder la vida. El músico Franz Schubert parece haber advertido que no iba a acabar el año 1828. Su emocionante reacción fue embarcarse en un vértigo creativo que dio lugar a una apabullante colección de obras excelsas: Los ciclos de canciones ‘El viaje de invierno’ y ‘El canto del cisne’, su Novena Sinfonía llamada ‘La Grande’ o sus inmortales tres últimas sonatas para piano.

Franz Schubert

Franz Schubert

La BBC ha dedicado un conmovedor documental titulado ‘Gente extraordinaria: la niña que era mayor que su madre’ a la joven de trece años Hayley Okines, que padece progeria (del griego pro, “a favor de”, y geron, “anciano”), una enfermedad extrema­da­mente rara que se caracteriza por un envejecimiento rapidísimo causado por un desorden en el mecanismo de reparación del ADN. Afecta a uno de cada siete millones de nacimientos y la esperanza de vida de quienes padecen esta anomalía genética es de trece años, la edad cronológica de la niña en el momento del rodaje del documental.

“Algunos aspectos esenciales de las personas sólo se conocen durante los padecimientos”.

Todo en ella llama la atención: su talla, su fisonomía, su fragilidad, el agudo timbre de su voz, su sonrisa, la extrema finura y transparencia de su piel, el hecho de que coexistan en una misma sustancia juventud y edad provecta, ingenuidad y madurez. A medida que avanza el documental pierden importancia estas peculiaridades y nos vamos acercando a la singularísima aventura personal de esta muchacha británica.

Hayley Okines

Hayley Okines

Algunos aspectos esenciales de las personas sólo se conocen durante el sufrimiento. Vemos a Hayley siendo examinada por un experto cardiólogo, ya que los enfermos de progeria suelen morir de corazón. La vemos en la consulta del trauma­tólogo, por cuanto debe valerse de un aparato ortopédico para evitar luxaciones en la cadera. Un día recibe la visita de una mujer que perdió una hija a consecuencia de la misma enfermedad. La mujer estrecha cuidadosamente a Hayley entre sus brazos mientras pronuncia la frase «cuando te abrazo es como si no hubiera perdido a mi hijo».

El_tiempoLa coquetería es uno de los rasgos más emocionantes y humanos de nuestra especie. Contra lo que suele pensarse, está bastante repartida entre hombres y mujeres. En un cierto momento Hayley se sincera ante la cámara y afirma que lo que más envidia de las chicas normales es que tengan el pelo largo. Su madre le regala una peluca de pelo natural que da paso al momento más hermoso de todo el documental. Hayley nos cuenta que está enamorada y nos habla de su caballero andante, otro muchacho británico que padece la enfermedad. Madre e hija emprenden entonces un viaje de unos 500 km para verlo, y aunque Hayley va feliz en el coche, viaja sin su peluca porque todavía no tiene la confianza suficiente para salir a la calle con su nuevo aspecto.

 

La ciencia está haciendo grandes progresos para detener el avance de la enfermedad. Qué sucederá con la delicadísima Hayley Okines cuando los tiempos pasen y su fragilizado corazón abdique de los ritmos y en su mirada hueca quepan por fin los miles de días no vividos, qué zona del viento acariciará los cabellos que jamás tuvo, a qué cielo distinto irán los seres que ya han tenido su purgatorio sobre la tierra, en qué reconstruidos cuerpos resucitarán sus carnes mártires cuando los siglos de los siglos terminen.

Álvaro Fierro Clavero

Comentarios

  1. Gracias por el artículo

  2. Emocionante.

  3. Teresa Riesgo dice:

    como siempre, me ha encantado, Álvaro. Gracias

  4. Al margen de la historia de Hayley, que es increíblemente sobrecogedora, me gusta como introduces su historia; como transicionas suavemente de la metafísica del tiempo a la mala jugada que le ha hecho el tiempo a esta esperanzadora niña. Bravo.

  5. Bonito, Alvaro. “…el hecho de que coexistan en una misma sustancia juventud y edad provecta, ingenuidad y madurez”. Estos niños parecen venir a reflejar sin espejismos la fugacidad de esta vida. Los demás vivimos la misma fugacidad, pero más demoradamente.

  6. Alma rosa wagner Sánchez dice:

    Cada vez que leo algo acerca de hayley experimento mucha paz que niña tan increíble es como un bálsamo en mí vida es como un pedacito de cielo !

  7. Maria Rivas dice:

    Es conmovedora la vida de ésta niña, iluminada como el sol, y.. antigua como la luna.
    Creo que DIOS, le tiene un regalo más grande que el cielo.
    Le envío una caricia, fé, y amor.

  8. es increible como nos quejamos aveces por lo que sufrimos que no es mucho y personas como hayley no se quejan ya que no tienen tiempo para quejarse ya que estan ocupados superandose

  9. quisiera tener la valentia que tiene ella es impresionante y a hayley yo le mando felicitacionessss

  10. ES UN ARTICULO, LLENO DE CIENCIA, SABIDURÍA Y MUCHA SENSIBILIDAD, MUCHAS BENDICIONES ES UNA NIÑA SUPER VALIENTE Y NOS ENSEÑA MUCHO.

  11. Que belleza de carta, Hayley es una luz en un mundo que cada vez esta mas oscuro!

  12. hola princesa pos kelo k me des tu correo electronico tuyo kelo escribirte i ………. si en la vida dios se acordara de flores como tu este mundo tendria un paraiso

  13. eeeeeeeee pero revisa porfa kelo k me des tu face jejejjeje otra ves soi edwin ::) ^_^ 🙂 😉 O:)

Trackbacks

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