martes, 17 octubre, 2017

Auschwitz, 2013


Foto: REUTERS

Foto: REUTERS

Escenario imaginario: el nazismo no fue derrotado. Abandonó la idea de la dominación mundial y se contentó con la guerra eterna con la Otra Alemania, construyendo un país entero en contra del lado opuesto de las fronteras. Nacieron niños arios adorando al Führer, pensando en el Führer, olvidándose del mundo exterior en el nombre del Führer. Occidente dejó de temer su amenaza; con el paso de los años, la Alemania Nazi se convirtió en una tenebrosa curiosidad que hoy alimenta foros y entradas de Wikipedia. Google maps pide ayuda a los disidentes para obtener los planos de sus estructuras secretas y publicarlos en un post con muchos meneos, y el Führer actual es una caricatura que la juventud explota en memes y ridículos tumblrs. La cruel venganza del S XXI.

Mientras tanto, los alemanes mueren de hambre debido a la ausencia de políticas sociales. Una nación construida sobre el odio sólo tiene recursos para la guerra: falta industria y relación comercial con el exterior. Es una jaula de metacrilato que el mundo observa antes de cambiar de canal. No molestan más que a los suyos, víctimas de un gobierno de dementes envenenados por su mentira durante décadas y, además, tienen bombas. Energía nuclear, como todo hijo de vecino, pero en manos de un desequilibrado que mantiene el poder arengando desde la mañana a la noche. Los países querrían ayudar, dicen, pero será mejor dejarlos tranquilos.

Los judíos huyeron o murieron. El enemigo interno para alimentar la hoguera se encontró en el disidente. El que dude, el que critique, el que se mofe. El que no muestre un auténtico entusiasmo al hablar de los padres de la patria, el que sienta el golpe del hambre más que el espíritu de su pueblo y el gran destino hacia el que cabalgan. El que profese una religión distinta del culto al Líder. Pero no sólo él. En su carrera hacia el terror, huyendo de la realidad que apremia, del mundo exterior empeñado en traer aire fresco, es necesario eliminar todo rastro de independencia. No sólo el que duda es responsable. También lo es su entorno, que le permite dudar: madres, padres, hijos y abuelos de disidentes son llevados a los campos, como siervos de faraones enterrados en vida junto con su amo. La responsabilidad colectiva ha sido el gran invento de esta pesadilla contemporánea, esta Alemania que, en nuestra fantasía, ha mantenido el nazismo hasta nuestros días.

Así que volvemos, temblando, la mirada hacia un Auschwitz vivo. Las cámaras de gas siguen activas pero ya no de forma masiva, sólo como campo de experimentos humanos. El paisaje es un infierno en la tierra, cadáveres que caminan, torturas que duran vidas, abortos forzados, familias separadas sistemáticamente, niños que nacen en el campo de concentración. Nos llegan dibujos que se graban en nuestra retina y luchamos por desechar con el amanecer. Nos llegan testimonios de supervivientes, como aquel muchacho que entregó a su hermano y su madre por querer escapar, y que fue colgado cabeza abajo sobre fuego de carbón como castigo por la desobediencia de su familia. Nos llega todo. Sabemos que está pasando ahora, que están siendo torturados, esclavizados, deshumanizados, mientras nosotros vamos a trabajar, leemos el periódico, escribimos tuits, compramos entradas a los conciertos.

Si esto pasara – ¿se imaginan? – no podríamos volver a conciliar el sueño. Si en la época del nazismo real, histórico, hubieran sabido todos los ciudadanos del mundo civilizado lo que ocurría en Auschwitz, no habrían dejado que ocurriera. Su culpa, en caso contrario, habría sido incalculable.

Pero ahora, después de todo lo vivido, con los medios de información con los que contamos, afortunadamente sería imposible que ocurriera.

Guadalupe de la Vallina

Comentarios

  1. Sí, mujer, claro que podríamos conciliar el sueño. ¿O acaso tú sufriste un minuto de insomnio por [escriba aquí su genocidio favorito de los últimos 10/20/30/40/50 años]?

  2. Guadalupe de la Vallina dice:

    Concretamente, por éste del que te hablo sí he perdido sueño. Saludos.

  3. Pablo Lozano dice:

    Nuesta empatía es de muy corto alcance, me temo. Somos capaces de deshumanizar muy rápidamente a “los otros” y hacer que no nos importe nada su suerte 🙁
    No sé si a otros les pasa, pero desde que soy padre, estas cosas me afectan y me desvelan. Veo a mi bebé, que empieza ahora a caminar, y veo las atrocidades que a diario hace nuestra especie a sí misma y me cuesta horrores congeniar los dos mundos.
    Ánimo, Lupe

  4. Guadalupe de la Vallina dice:

    A mí me pasa lo mismo, Pablo, idéntico. Sólo por esto debería fomentarse la natalidad… Un abrazo y gracias.

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