martes, 21 noviembre, 2017

Descristianización, ese palabro en que no creo


giorgio-vasari-descendimiento-de-la-cruz-museos-y-pinturas-juan-carlos-bovereiEs normal que en tiempos de crisis nos pongamos estupendos con el lenguaje, hasta el punto de creer que las palabras más fuertes y sumarias son las que mejor definen. Descristianización es un término que me disgusta por su base irreal, y lo peor es que lo usamos a destajo, habiendo dejado de pensar en su significado.

Tomarse en serio que Occidente se ha descristianizado, significaría que aquí ha ocurrido una profunda deforestación. Todo proceso “des“, significa evaporación, desaparición en toda regla, el acto por el que no queda nada de aquello que fue, ni las semillas, ni el recuerdo. No creo que eso haya ocurrido en Occidente. Mi punto de arranque de este brevísimo ajuste de cuentas con el palabro, es el mismo de Chesterton cuando dice que una herejía es una verdad que se ha vuelto loca. Es decir, ni siquiera para él una herejía es la erosión absoluta de la verdad hasta el punto de que deviene en su opuesto, el error absoluto.

Occidente conserva el cristianismo en el subsuelo, lleva dentro toda su materia prima y sus hallazgos. Eso que en el mundo secular llamamos derechos humanos, separación de poderes, dignidad, persona, libertad, es un catálogo de descubrimientos de marchamo cristiano. Y no creo que haga falta la labor arqueológica de ensuciarse dentro de la sima hasta llegar al hondón más oscuro, y toparse allí con el rostro del cristianismo. En todo caso, yo lo asociaría más a un trabajo de restauración, que es arte más sutil y lleva belleza en el oficio. La última vez que estuve en Roma, hace un par de semanas, fui al hermosísimo palacio Doria Pamphili, donde está uno de mis “Descendimientos” favoritos, el de Giorgio Vasari. Las flechas me conducían a una sala en la que dos jóvenes con mascarilla de cirujanos repasaban con un pincel algunos rincones del cuadro, mientras Mozart sonaba de fondo. Allí no se podía estar, me lo dijeron con la mirada, pero yo les insinué con la mía el favor de dejarme y quedamos en paz. Asistí al fenómeno exacto de lo que le hace falta a Occidente, recuperar la luz original que lleva dentro.

benedicto-xvi-juan-pablo-iiPor eso el término de la Iglesia para este siglo no puede ser un término de reconquista territorial, como recristianizar, sino el de una reflexión sobre el origen. Por ahí marcharon Juan Pablo II y Benedicto XVI cuando tantas veces hablaban del retorno de Europa a sus raíces. Esa confianza en quienes somos, es una manera bien distinta de ver el panorama. Quizá la gran sorpresa que trajo el cristianismo es que Dios ya nunca se podrá despegar de lo humano, que la Encarnación es un giro copernicano en nuestra historia. Cada acto del hombre lleva una aspiración divina profunda, más allá de su borrosa apariencia. El gran escándalo de nuestro siglo es que al hombre no es consciente de descalzarse de su propia humanidad. El caso del aborto podría resumir esta renuncia. La desconsideración por ese “despertar inicial sagrado“, es el drama del que brota una herida profunda.

Pero si la Iglesia supiera facilitar al hombre contemporáneo el instrumental necesario para ver su propio rostro…

Javier Alonso Sandoica

Comentarios

  1. Totalmente de acuerdo… Gracias por seguir iluminándonos Javier!!!!

  2. Dejarnos restaurar por Jesucristo, para que los hermanos puedan ver Su Rostro.
    Padre Javier en Santiago de Campostela leì lo que dejó escrito nuestro querido Juan Pablo II :…España, Europa, se tù misma, vuelve a tus raíces.

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