martes, 17 octubre, 2017

¿Todo es política?


Este ejército que ves
bajo el hielo y el calor,
la república mejor
y más política es

Pedro Calderón de la Barca

 

Bohr y Einstein

Bohr y Einstein

Polemizaba el otro día con alguien muy querido a propósito de la inminente ceremonia de entrega de los premios Goya. A decir de mi interlocutor, todo es política, lo cual hacía aconsejable criticar a quienes ejercen el poder con ocasión de la gala. Dejando el asunto de nuestro cine y nuestros actores para mejor ocasión, lo que me interesa es la pregunta que da título al artículo. ¿En verdad todo es política?

El eminente físico danés Niels Bohr, que recibió en 1922 el premio Nobel por su modelo del átomo, sostuvo con Albert Einstein una larga controversia a propósito del sentido último de la física cuántica y la física relativista. Bohr afirmaba, contra el parecer de Einstein, que la probabilidad formaba parte de la esencia misma de la materia a escala subatómica, en línea con el célebre principio de indeterminación de Heisenberg. Podemos conocer la posición o la velocidad de una partícula en un instante del pasado, pero en el presente o en el futuro el hecho mismo de la medición perturba aquello que queremos medir y únicamente podemos considerar probabilidades, no certezas, a propósito de las posiciones y las velocidades de las partículas.

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Werner Heisenberg

En este contexto de incertidumbre creo que conviene situar una de las afirmaciones más famosas del físico danés: Una mentira es lo contrario de una verdad trivial, pero lo contrario de una verdad es otra verdad. Pondré un ejemplo: Si alguien se compra un coche que no me gusta y le digo que me parece precioso, podremos hablar de que estoy mintiendo, porque estamos tratando asuntos triviales. Sin embargo, si alguien sostiene una tesis de importancia, como por ejemplo ‘El hombre es el centro del universo’ o ‘Los derechos humanos son inalienables’, alguien que sostenga lo contrario no está mintiendo, está proponiendo su adhesión a un mundo en el que las reglas son diferentes, un mundo en el que el hombre no es el centro del universo o un mundo en el que los derechos humanos pueden serle retirados a las personas.

La perturbadora consecuencia de lo anterior es que vivimos en una realidad en la que todo es cierto. Basta con que alguien sostenga con convicción una tesis para que automáticamente se convierta en verdadera desde un determinado punto de vista. Si alguien dice que es falso que la tierra sea esférica, tiene su parte de razón, ya que a multitud de efectos, en la escala en que nos movemos podemos considerar la tierra plana: A la hora de construir un edificio no se toma en cuenta el hecho de que la tierra sea redonda, por ejemplo.

La multiplicación de las comunicaciones y la globalización ha conducido a un mundo en el que el hecho de que todo sea cierto es enormemente notorio. Hace años era muy sencillo no prestar atención a los que sostenían tesis contrarias a las nuestras porque no éramos conscientes de su verdad, pero ahora es sencillamente imposible no estar todo el día escuchando tesis que nos parecen aberrantes y que, sin embargo, son igual de ciertas que las que nos convencen.

“Vivimos en una realidad en la que todo es cierto”

¿Tiene esto algún límite? Desgraciadamente, no. Si caemos en las manos de alguien que sienta desprecio por nuestra vida, será cierto que no valdremos nada, como les ocurre a los cooperantes que son secuestrados en África por lo que a nuestros ojos son mafias diversas y que, para la población local, son héroes que se enfrentan a los invasores occidentales. Por esta razón existen los departamentos de Defensa en casi todos los países y la humanidad gasta ingentes recursos en prepararse para la guerra, con independencia de que esos recursos podrían gastarse en otras cosas. Si quieres la paz, prepárate para la guerra, como sostienen sabiamente los militares desde tiempos de los romanos.

Karl Popper

Karl Popper

¿Y las verdades de la ciencia? Sólo podemos considerar, en la línea sostenida por Popper, que una verdad científica es tanto más sólida cuantas más veces ha resistido la comprobación empírica, pero esto no exime de que en el futuro alguien demuestre que algo tenido por cierto sea refutado. Precisamente en esto se basan quienes sostienen el carácter no científico del psicoanálisis: No se puede sujetar a verificación, ya que el psicoanalista considerará que quien refuta sus tesis lo hace en razón de algún complejo.

¿Qué hacer en esta situación? A mi entender, debemos elegir unas pocas verdades universales que nos parezcan gratas para conformar nuestro mundo, y el resto debemos dejarlo al albur de nuestros razonamientos. Con respecto a estas verdades universales no deberemos admitir negociación con nadie nunca, aunque no debemos elegirlas a priori, sino a posteriori, de acuerdo con lo que ha sido nuestra biografía. Mi particular elección, por lo que llevo observado a partir de mis reacciones, es que yo no creo en la ciencia, pero sí creo en el método científico, que aplicado rectamente puede llevar a una ciencia en la que sí crea. Creo en el principio de causalidad, en los derechos humanos y en poca cosa más, por ejemplo en la belleza.

El hombre de Vitruvio, por Leonardo da Vinci

El hombre de Vitruvio, por Leonardo da Vinci

En todo lo demás, opino que es perfectamente admisible pensar de manera distinta a mí: es el ámbito de las verdades particulares, que atañen a multitud de asuntos: Qué opino de política, qué opino de religión, qué opino de economía, de literatura, de arte, del tiempo libre, de mis amigos, de la alcaldía de Madrid, del cine español, de mi comunidad de vecinos. Como se ve, entre las verdades particulares que he elegido, las hay más y menos relevantes.

Volviendo al tema del artículo: ¿Es todo política? Está en mi mano el decidir si el mundo en el que vivo es idéntico a la política o si, por el contrario, hay multitud de cosas relevantes por completo ajenas a ella. Deberíamos dedicar lo mejor de nuestra creatividad a responder a este tipo de preguntas. Es cierto que los políticos tienen un enorme poder sobre multitud de variables de nuestras vidas y que, con harta frecuencia, hacen un uso flagrantemente incompetente de sus atribuciones, pero apenas tienen acceso al mundo en el que me desenvuelvo cuando soy feliz y cuando estoy haciendo aquello para lo que he sido llamado.

Álvaro Fierro Clavero

Comentarios

  1. Gran artículo Alvaro. Lo he leído con verdadero interés. Un abrazo. Ignacio

  2. Como casi siempre me ocurre con tu artículos, he disfrutado mucho leyendo éste. Es muy divertido ver como complicas de manera sencilla ideas que son complejas por su aparente sencillez.

    La relatividad de la verdad es uno de los pilares de nuestro universo – e.g. Todas las atrocidades de que Hitler cometió fueron legales – ahí estamos de acuerdo.

    Pero donde discrepo contigo es en (sic) “no admitir negociación con nadie nunca”, respecto a las verdades universales que elegimos. ¿Qué ganamos con ser absolutamente inflexibles?

    Para mí la forma de “ser feliz cuando estoy haciendo aquello para lo que he sido llamado” está en adherirse a unas cuantas verdades y siempre estar preparado para cuestionarlas. Esto tiene dos efectos vitalmente importantes: nos permite evolucionar y ciertamente mejorar (con cierto riesgo de empeorar) nuestra condición, y mantiene las neuronas constantemente activas, evitando así degeneraciones cerebrales propios de la avanzada edad a la que pronto llegaremos.

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