sábado, 16 diciembre, 2017

¿Protestas o rabietas?


cartelEn Madrid, cuando llueve, el trafico se mueve al ritmo de la repetición de una falta a Ronaldo. Lento, muy lento, y con dolor, mucho dolor. Los conductores parecen sufrir una repentina bajada de tensión que les deja el cuerpo para poco movimiento. Y si es nieve de lo que hablamos, entonces es cuando la cosa se pone fea de verdad, se quedan paralizados como Tom Hanks antes de apearse en Omaha Beach.  A pesar de eso, y en plena nevada, me la jugué y paré un taxi en la Plaza de Colón para ir a Bailén.

“Vamos a subir por Génova, que el paseo del Prado está hasta arriba”, me dijo el conductor. “Vale, como quiera”. Los taxistas son como las clientas de Pontejos, siempre encuentran un tema de conversación que engancha, y al pasar por la sede del Partido Popular, me dijo: “ Menos mal que nos han dejado un poco tranquilos con las manifestaciones contra Bárcenas y ya podemos circular un poco”.

Hasta ese momento no me había dado cuenta, pero es verdad. Nos hemos acostumbrado a lo extraordinario de tal forma que ya no reparamos en ello. Durante semanas, las manifestaciones en Génova han sido constantes. Los cortes de tráfico y las incomodidades para peatones, perennes. Y por si eso fuera poco, un puñado de descontentos con las Tasas de la Justicia se juntan cada mañana a las puertas del Tribunal Supremo. (Quede claro que estoy en contra de esas tasas. No hace falta ser experto en leyes para darse cuenta de que es una medida anticonstitucional). Pero eso no es motivo para que la señora que lleva la voz cantante de esas reuniones me despierte cada mañana con sus arengas a través del megáfono. Os aseguro que es inasequible al desaliento. Todos, todos los días su dulce voz ratonera taladra mis oídos.

manifestacionEstoy a favor del derecho a la manifestación, faltaría más. Y también estoy a favor del derecho a que los coches circulen por las calles. (Pagan fuertes impuestos para poder hacerlo. Y que conste que no tengo coche, ni siquiera carné de conducir) Creo firmemente en la protesta ante el atropello, pero no es de recibo que la protesta (legítima) de unos, se convierta en el atropello a los demás.

De cualquier forma, creo que tanta manifestación, (llámese concentración) no es espontánea. Se están mezclando churras con merinas. Mi querida protestante del megáfono me deleita con coplillas del estilo: “Las tasas que las pague Bárcenas”. ¿Pero qué tiene que ver? Me temo que nada. La izquierda no renuncia a conquistar en la calle lo que perdió en las urnas.

No recuerdo ni una sola concentración a las puertas de Ferraz cuando hace años el Partido Socialista se nutría con financiación ilegal a través de Time-Export, Malesa o Filesa. No recuerdo ni una sola protesta ante el Ministerio de Economía y Hacienda, que dirigía la aquella mente preclara llamada Elena Salgado, cuando el amigo Zapatero decidió subir el IVA (Porque lo subió, claro que lo subió). Si algo bueno tuvieron los siete años de zapaterismo fue que no hubo ni una sola manifestación y se podía circular tranquilo.

Todo esto no pasaría de la anécdota si la otra noche no me hubiera tropezado con la Calle Génova empapelada con carteles en los que se ve un cadalso sobre el siguiente slogan: SUS CUELLOS HUELEN A GUILLOTINA. El pasquín va sin firmar, pero resulta inquietante que alguien esté pensando en decapitar a alguien.

La libertad no es hacer lo que nos venga en gana, insultar cuando y a quién nos parezca, y mucho menos amenazar, amedrentar e intimidar a quién nos apetezca. Si las protestas se convierten en una arma política (electoral) acabarán por ser ineficaces. Es como los antibióticos, hay que utilizarlos sólo cuando son estrictamente necesarios, porque sino dejan de ser útiles. El problema es que parece que ante la falta de resultados de su antibiótico (llamémosle manifestación) pretenden “cortar por lo sano”. Lo dicen en sus carteles. Feo asunto amigo.

José Cabanach

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