Lunes, 26 Junio, 2017

Desahucios y los malos de la película


stop_desahuciosHay que parar los desahucios porque el derecho a la vivienda es fundamental. Y porque una sociedad sana no debería permitir el sufrimiento de una parte de sus miembros cuando se puede evitar. El problema es que el camino no está nada claro. Quizá la admisión a trámite de la Iniciativa Legislativa Popular presentada recientemente en el Congreso aporté algo de luz sobre la materia en el camino del debate parlamentario.

El problema es que tras esta realidad se esconden numerosos protagonistas con intereses encontrados, algunos loables, otros menos dignos, todos legales, circunstancia que no les da carta de moralidad en absoluto. Llegamos al punto crucial. La crisis está generando en el ideario colectivo una imagen estereotipada y hosca de la Banca. Es muy fácil criticar el rápido enriquecimiento de estas empresas a las que no tembló la mano cuando concedían hipotecas por encima del valor de tasación a personas con escasa formación y con unos ingresos extraordinarios insostenibles fruto de la burbuja de la construcción. Es muy fácil rebatir que quisieran ganar vez y media el valor de cada casa vía intereses y que para asegurarse las espaldas no tuvieran reparo ético en admitir como aval la casa de unos padres jubilados que hoy se han quedado con una mano delante y otra detrás. De esto no cabe duda, y tampoco de la parte de responsabilidad que tienen los que contrataron esos servicios y no supieron o no quisieron ver la parte de humo que empaquetaban con sus sueños en forma de casa. Porque algunos se habrán visto vilmente engañados por la banca, pero muchos simplemente confiaron en exceso en sus posibilidades arrastrados por un deseo de tener que se ha hecho fuerte en nuestra sociedad y ha desbancado al deseo de ser.

Pero lo que me ha sorprendido en este tema de los desahucios es la opinión que se está generando alrededor de la perversión de los bancos sobre la hipótesis infundada de que son los causantes de la mayoría de los desahucios. Resulta que me entero de que hace meses que los bancos evitan hasta el extremo todo desahucio. Tanto la dación en pago como el lanzamiento y embargo son, en este momento, hambre para hoy y para mañana porque no da pan alguno tener casas. El problema del sistema financiero español es precisamente ese, le rebosan las viviendas a las que no puede dar salida y se le escapan los depósitos con los que consigue liquidez. De modo que en la mayoría de los casos el banco prefiere refinanciar hipotecas, establecer moratorias, ampliar préstamos… Planes que suponen hambre para hoy pero que tienen más visos de ser pan para mañana.

dominoPero entonces, ¿de dónde procede ese rosario de ejemplos cargados de elementos emotivos que la prensa desgrana como pétalos de margarita y que la sociedad entiende como la perversión del capitalismo encarnado en un banquero que se parece al tío Gilito?

Llevo varias semanas leyendo con detalle los textos testimonio de familias desahuciadas y me ha sorprendido que el banco tiene poco que ver. En la inmensa mayoría de los casos, se trata de personas que vive de alquiler y han dejado de pagar sus rentas de modo que el propietario procede a solicitar el desahucio de la vivienda, de modo que una modificación de la ley hipotecaria o de la normativa bancaria en esta materia.

Habría entonces que tocar la ley de arrendamientos urbanos pero lo que ocurriría en ese caso sería que aparecerían otros muchos damnificados contando sus lacrimógenas historias porque resulta que al que afecta el impago del alquiler no es a un banco desalmado, sino a un propietario a veces adinerado, pero otras muchas no, que tiene que carga con los gastos de una vivienda por la que espera sacar un beneficio. Muchas familias honradas fiaron el puente a su jubilación en las pequeñas rentas que le reportará un alquiler. Si ahora son ellas las que se ven en un apuro, ¿no es justo que reclamen lo que es justo?

Al final, la conclusión que se sigue es que que, por supuesto, hay que evitar los deshaucios, pero la mejor manera de hacerlo no es cambiar las reglas del juego a mitad del partido porque siempre habrá damnificados. Las habas están contadas, solo cambiarán de manos. Hay que evitar los desahucios pero por la vía de la ayuda al que tenga el problema siempre y cuando cumpla unas características que lo justifiquen. Al final, el dinero va a proceder de las mismas fuentes, pero así, al menos, no generáremos nuevos afectados.

María Solano Altaba
@msolanoaltaba

Comentarios

  1. “Habría entonces que tocar la ley de arrendamientos urbanos pero lo que ocurriría en ese caso sería que aparecerían otros muchos damnificados contando sus lacrimógenas historias porque resulta que al que afecta el impago del alquiler no es a un banco desalmado”

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