Viernes, 21 Julio, 2017

No estamos diseñados para un ejercicio de precisión


Debe pasarle a todo turista, cruzas la isla Tiberina y te dices “¿ya?“, porque es pequeña como un dedal. Tiene un palacio que fue convento franciscano, el Pierleoni, y poco más. Allí las aguas del Tíber llegan bravas y parecen de mal augurio. Nos guía Daniel, el jefe de producción de la transmisión que 13TV está haciendo desde Roma. Es un romano orgulloso y franco, casado con española. Como todo italiano, sus manos apoyan todo su discurso.

20130228-010201.jpg

Cuando nos cuela por el barrio judío, nos habla de los hábitos de la cocina kosher, la manera apta de usar los alimentos según la literalidad de la Biblia y el Talmud, tipo: “No mezclar carne con leche”, regla que se infiere del texto: “No cocinarás el cabrito en la leche de su madre“. Daniel me cuenta las formas de pelar y cocinar la alcachofa, algo relativamente interesante para un carnívoro como yo, que además piensa que la alcachofa lleva juntas todas las cualidades de la fealdad. Hago un par de fotos y entramos de nuevo en la Roma medieval.

El hombre tiene la extraña cualidad de no poder almacenarlo todo, no somos una despensa, un silo del que sacar todo su grano a discreción. Quiero decir que cruzar Roma es recorrer la historia completa de Occidente, y apenas te das cuenta. Vas a tientas, como el murciélago ciego. Cuando pisas el estrato del siglo primero ya estás en un pasadizo del trecento, pero allí pende un escudo renacentista, y de repente la galería de un artista nacido en 1986… Todo así, de una vez, sin cesuras. Yo no le tengo miedo a esa torpeza connatural. No estamos diseñados para la exploración exhaustiva, para una ciencia de precisión, sino para un amor a bulto.

Mientras camino no dejo de recordar las palabras del Papa de esta mañana, sobre todo una frase que subrayé mientras la oía, “uno recibe la propia vida, cuando la da“. Frase en la que sí se puede uno detener para hacer sus catas, porque a bulto se entiende, y se puede investigar a fondo más que el subsuelo romano.

Entender la vida es cosa de entrar con toda la persona, no sólo con la precisión de la mente científica. No he tenido que repasar mis libros de historia para recibir la impresión de belleza que guarda la Ciudad Eterna. Como tampoco he abierto tratados de antropología para entender la frase del Papa. Te topas con la verdad de bruces, inadvertidamente.

Javier Alonso Sandoica

Deja un comentario