Jueves, 25 Mayo, 2017

Las revoluciones las carga el Diablo


José María Sánchez Galera

por José María Sánchez Galera

propaganda-rusaLa situación, no sólo económica, sino sobre todo moral, institucional y social de España no es la mejor, como todos sabemos. La Casa Real está en un su peor racha: Corinna, la caza de elefantes en Botswana, el yerno Iñaki y sus negocietes, etc. Los partidos políticos y los dos sindicatos más destacados no deberían presumir: “EREs” de Andalucía, espionajes en Cataluña, la familia Pujol, Pepiño Blanco como “campeón”, Bárcenas y Gürtel, etc. etc. etc. Sin embargo, en el debate sobre el “estado de la nación”, el presidente y los jefes de los grupos parlamentarios dieron a entender que la cosa iba con los demás, no con cada uno de ellos. Por otro lado, con sus particularidades, la patria de Miguel de Cervantes, Pablo Picasso y Eugenio d’Ors aún sigue en Europa, con la que comparte un buen número de errores y fracasos.

huelga1En 2008 sólo algunos pocos, como Santiago Niño Becerra, con su cara de siniestro cuáquero o amish —dicho con todo el respeto—, dijeron que la crisis iba para largo y que para ver los brotes verdes hacía falta muchísima imaginación. Pasan los años, y parece que los más fatalistas han acertado y que nos vamos, sin remedio por el sumidero. Y nuestra tasa de paro crece y crece y crece. Las empresas quiebran, las cajas también, los bancos no perdonan. Los médicos de la Seguridad Social, los docentes de los colegios estatales y los jueces y fiscales están de huelga. Y, encima, el gobierno sube impuestos, indulta a banqueros y políticos delincuentes.

AgitProp31En este panorama da la impresión de que toda queja es válida, que todo exabrupto es poco, y que todo culpable siempre es “del otro bando”. Unos y otros apuntan a un enemigo que está fuera y es muy pérfido. La demagogia sustituye al razonamiento. Desde miles de sitios nos están vendiendo “grandes soluciones”, porque “yo sé dónde está el problema, sé cómo se arregla todo”. Cuanto más se grita, más convencimiento se muestra en la propia “verdad”, más extremismo se luce con zafio orgullo, menos se escucha. Nos hablan de revolución, de arrasar, de cambiar todo, de la utopía y de que seremos puros en el nuevo paraíso laico que nos merecemos. A la postre, el ruido y el maximalismo llevarán a más frustración.

Winston Churchill

Winston Churchill

Hace muchos años, a un señor con mal gesto, que fumaba puros y le sobraba grasa hasta en las cejas, le encomendaron el gobierno del Reino Unido. En Europa, las tropas alemanas conquistaban con rapidez pasmosa, sin conocer la derrota ni el límite. Y aquel fumador de puros dijo: “No tengo nada que ofrecer, menos sangre, fatiga, lágrimas y sudor”. No soltó un: “Tranquilos, esto lo resuelvo yo en un periquete”. Tampoco se presentó con un: “No sufriréis”. No abolió el Parlamento ni la Monarquía. No suprimió el fish and chips, ni el té de las cinco de la tarde, ni la caza del zorro —al contrario que en la Alemania nazi—. Reconoció que el país atravesaba una tesitura crítica, muy crítica, pero había esperanza, siempre que todos arrimaran el hombro; con pasos razonables, regresando a lo básico, empeñándose de verdad, día a día, apretando los dientes, con flema, constancia, rigor. El resto de la historia ya lo conocen ustedes.

José María Sánchez Galera

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