sábado, 16 diciembre, 2017

La riqueza es el trabajo, no el dinero


recolectaDicen los expertos de la Comisión Europea que vamos a llegar al 27 % de tasa de desempleo en España. Eso deja sin trabajo a tres de cada diez personas que tenían la voluntad, y posiblemente la necesidad, de ganarse su pan con el sudor de su frente. la cifra es demoledora. Si las hordas enfurecidas no se echan a la calle solo puede ser por tres causas: desesperanza porque consideren que nada cambiaría, cierto grado de cordura porque consideren que no haría sino empeorar las cosas, o simple falta de tiempo para la protesta, porque la mayoría de esos parados están buscando maneras de sacar sus lentejas adelante, bien en las obras de caridad y en los escasos caminos que ofrece el Estado del Bienestar, bien en los poco delimitados márgenes de la economía sumergida.

Esta circunstancia me ha llevado a volver a los orígenes, tan lejos como el génesis, para tratar de descubrir en qué nos hemos equivocado. Y es que la sociedad ha olvidado la ecuación que dictó Dios a Adán: ofrecía en el paraíso lo necesario para vivir pero conseguido con trabajo -aunque sin el sudor de la frente, que ese llegó después, fruto del pecado original donde ya apuntaron maneras la envidia, la avaricia, la soberbia y hasta la pereza-. Pero en las últimas décadas, el valor de la economía no residió en el valor del trabajo, sino en el valor del dinero.

huertaEl dinero tiene de bueno que permite medir la realidad de acuerdo con un baremo del que todos son conscientes. Pero la costumbre de medir la riqueza en moneda, por su comodidad, ha obviado, a lo largo de la historia, la medida de las personas. No siempre fue así. En épocas de esclavitud se medía la riqueza por el número de esclavos porque los esclavos representaban la fuerza de trabajo. Pero no hace falta pensar en esa ignominia para comprender que las manos para trabajar son la garantía de la riqueza: fuera de Occidente, y en el mismo Occidente hace solo 60 años, una familia numerosa era vista como síntoma de riqueza porque daba más manos para trabajar, más brazos para generar comida.

Pero en los últimos años, no solo se perdió esa perspectiva de la riqueza del trabajo, sino que la exponencial multiplicación de la riqueza financiera hizo que el trabajo perdiese en buena parte su valía original. Si se podía sacar más dinero vendiendo bonos basura o apostando a los perdedores en bolsa, ¿qué sentido tenía poner en valor a la persona y el trabajo que desarrollaba?

Cuando la pirámide de los naipes embusteros en forma de billetes se ha venido abajo, toca recuperar esa esencia del hombre que demuestra que la riqueza está en su trabajo, no en su dinero. Y su trabajo, digno, no requiere de un permanente crecimiento exponencial, sino de una serena adecuación a la vida.

 María Solano Altaba
@msolanoaltaba

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