lunes, 23 octubre, 2017

El tiempo y los espejos


El tiempo es muy lento para los que esperan;
muy rápido para los que tienen miedo;
muy largo para los que se lamentan;
muy corto para los que festejan;
pero, para los que aman, el tiempo es eternidad.

William Shakespeare

Marcel Proust

Marcel Proust

Uno de los puntos culminantes de la magna obra de Proust se encuentra en ‘Sodoma y Gomorra’, la cuarta novela de ‘A la busca del tiempo perdido’. Tras especular con la posibilidad de que existan dos tiempos diferentes, uno para el sueño y otro para la vigilia, el novelista francés concluye que ‘la otra vida, aquella en que dormimos, no está –en su parte profunda– sometida a la categoría del tiempo’. A continuación, Proust se enfrasca en una especulación en la que aparece su lejano primo Henri Bergson, un filósofo que dedicó no pocos esfuerzos a teorizar sobre el particular. Tanto uno como otro habían preconizado en sus obras la existencia de un tiempo íntimo, bien filosófico, bien literario, distinto del tiempo de la física.

Henri Bergson

Henri Bergson

Es cierto que en las ocasiones más memorables el tiempo parece no transcurrir. Tal es nuestro grado de embeleso que no tenemos cerebro más que para el objeto de nuestra devoción, y todo lo restante, incluido el tiempo, sencillamente no lo tenemos en cuenta y, por tanto, es como si no existiera, pero se trata tan sólo de una consecuencia de nuestras muchas limitaciones intelectuales. Buena parte de toda la tramoya del márketing, de la comunicación, de la literatura o de la arquitectura pretende entablar un combate con lo que existe alrededor del espectador para atraer su atención y hacerle creer que el tiempo no transcurre. He aquí lo que conforma nuestro mundo predilecto: aquello que nos permite sentir siquiera mínimamente que el tiempo no avanza.

Al margen del atractivo biográfico, personal y literario de los instantes a los que nos referimos, un notario dedicado a observarnos atestiguaría el transcurso homogéneo del tiempo, entendido como la magnitud que mide un reloj. La confusión entre las cosas mismas y lo que nos llega de ellas a través de la percepción ha enredado durante siglos al género humano. Aún recuerdo la expresión de asombro de alguien recién operado de cataratas cuando pudo contemplar de nuevo los colores del mundo que están al alcance de un ojo sano.

Albert Einstein

Albert Einstein

Durante los años 20 y 30 tuvo lugar el famoso debate entre Einstein y Bergson en torno a la naturaleza del tiempo. Aunque el pensador francés concedía la veracidad de la nueva teoría física que transformaba por completo la concepción existente sobre el tiempo y el espacio, opinaba que aún había sitio para la especulación filosófica sobre el tema. Por su parte Einstein sólo reconocía la existencia de un tiempo psicológico y un tiempo físico, mientras que el pretendido tiempo de los filósofos ‘parece ser una mezcla de uno y otro’. Las implicaciones del debate Einstein-Bergson eran todavía más profundas: ¿tiene algo que opinar la filosofía sobre las investigaciones de la física?

“A lo largo de nuestra vida muy raramente estamos en el centro de nuestra propia atención”

Georg Wilhelm Friedrich Hegel

Georg Wilhelm Friedrich Hegel

La historia ha dado la razón a Einstein en el sentido de que las afirmaciones relativas al mundo han de venir soportadas por indicios experimentales que deben insertarse en el marco de la teoría comúnmente aceptada o bien dar lugar a una teoría nueva. Esto es algo que los filósofos se han permitido desdeñar desde los tiempos de Aristóteles. Recuérdese que nada menos que Hegel, en su tesis doctoral titulada ‘Disertación filosófica sobre las órbitas de los planetas’, había sostenido que la física en la Tierra era distinta de la física en el firmamento, y había proclamado absurdamente la imposibilidad de que existieran más de siete planetas meses después de que fuera descubierto el planeta enano Ceres.

El tiempo psicológico, tan importante para el modo en que conducimos nuestras vidas, es al tiempo físico como las dimensiones que percibimos por los efectos de la perspectiva son a las auténticas dimensiones: el resultado de nuestras limitaciones. Nos hemos acostumbrado a estas tremendas deformaciones porque convivimos inevita­ble­mente con ellas desde pequeños, no porque resulten fáciles de admitir. De la misma manera que existe un lugar topológico desde el que contemplamos nuestro entorno, existe una lugar cronológico que ocupamos y que distorsiona el transcurso de la existencia según la atención que prestemos. Los sucesos más alejados de nuestro interés los protagonizan las personas a las que no tenemos en cuenta. Si son conocidas, cuando volvemos a reparar en ellas nos asombran los desmanes que el tiempo ha ocasionado en sus fisonomías.

Hombre mirándose la nuca, de René Magritte

Hombre mirándose la nuca, de René Magritte

De vez en cuando nos acordamos de nosotros y contrastamos lo que preten­día­mos con lo que hemos conseguido, a la vez que estimamos el tiempo que es verosímil que nos quede en un conmovedor intento de adivinar si tendremos ocasión de sacar adelante los retos aún no superados. Por alguna razón, a lo largo de nuestra vida muy raramente estamos en el centro de nuestra propia atención. Es como si pensáramos que nuestra salvación fuese a venir de fuera, y por eso es lo exterior el destino de nuestros desvelos. Esto obliga al cuerpo a echar mano del malestar y del dolor para que nos fijemos en la persona más importante de nuestra vida y recordemos que asimismo tenemos obligaciones para con ella. Miramos entonces el espejo y lo que vemos cada vez se parece más a alguien que no sabemos quién es.

Álvaro Fierro Clavero

Comentarios

  1. lola de la Serna dice:

    Muy bueno, te felicito, ¡ sigue ! A pesar de que no te deje comentarios me encanta lo que haces…
    ¿ Será porque andamos ambos dos en la misma filosofía ? Muy buena divulgación de los temas. Un fuerte abrazo. Lola.

  2. Me gusta mucho! Yo leí hace unos años algo de Proust y Bergson y basé mi Proyecto final de carrera de la Licenciatura de Bellas Artes en este tema. Saludos! MI libro “La evolución creadora ” de Bergson

  3. Gracias a ambas.

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