Miércoles, 16 Agosto, 2017

La renuncia y los charlatanes

La renuncia y los charlatanes

Es la tentación quizás más abundante en este mundo donde tanto nos comunicamos: tener que hablar, que decir, y hacerlo, por cierto, siempre demasiado rápido. A menudo somos muy charlatanes aunque escribamos.

La renuncia y los charlatanes




Me niego a entrar en una espiral para la que no estoy preparada y que, además me parece en estos momentos secundaria. Hay que pedir ayuda al Paráclito, ¿no? Pues eso.


¿El humo de Satanas?, ¿intrigas vaticanas?, ¿crisis espirituales? Ni me asusta, ni lo niego, ni discuto, ni valoro. Simplemente entra en otro apartado, que es en estos momentos para mí secundario porque tengo fe y soy cristiana.

Llevo mucho tiempo pensando en las dificultades de escribir algo que mejore el folio en blanco o lo que otros dicen o dijeron mucho mejor antes.  En mi caso sobran las palabras y la escritura casi siempre, por eso me cuesta tanto. Y ante la renuncia del Papa me reitero en mi opinión, y más si cabe que antes.

Creo que vivimos con mucho ruido y poco para adentro. Es el sino de los tiempos.  Y el gesto del Papa me ha vuelto a recordar la superficialidad en la que a veces nos movemos y en la que yo tantas veces caigo.

Es la tentación quizás más abundante en este mundo donde tanto nos comunicamos: tener que hablar, que decir, y hacerlo, por cierto,  siempre demasiado rápido. A menudo somos muy charlatanes aunque escribamos.

empacho-de-palabrasNo voy a interpretar ni valorar las razones del Papa ni la situación de la Iglesia. Me parece honradamente meterse en camisas de once varas. Además soy una ignorante en temas eclesiales y mucho más del Vaticano. Creo, además, que todo quizás pudiera ser más sencillo sin caer en ingenuidades. Lo creo por fe, pero también por sentido común.

Es cierto: ha sido una noticia y un shock porque nunca había pasado. Pero me niego a entrar en una espiral para la que no estoy preparada y que, además me parece en estos momentos secundaria. Hay que pedir ayuda al Paráclito, ¿no? Pues eso.

Benedicto XVI ha sido para mí un aldabonazo. Fe y razón, y siempre, siempre, la caridad; la fe se propone y no se impone; escuchar antes de hablar; buscar lo que une y no lo que separa. Una de las imágenes más potentes para mí ha sido la del Papa escuchando y mirando, contemplando, rezando. Es una gran lección de vida ver que ahora se retira al silencio. Es una gran lección para mí de humildad y un ejemplo fantástico.

¿El humo de Satanas?, ¿intrigas vaticanas?, ¿crisis espirituales?, ¿la curia? Ni me asusta, ni lo niego, ni lo afirmo, ni discuto, ni valoro. Simplemente paso ahora porque entra en otro apartado, en otra velocidad, en otro campo. Que no es que no exista, es que es en estos momentos para mí secundario porque tengo fe y soy cristiana.

En estos momentos solo me importa seguir el ejemplo del Papa y pedir ayuda al Espíritu Santo. Para adentro siempre. Cristo es quien salva y con quien yo tengo que tener una relación personal. La Iglesia no será abandonada porque es Cristo quien la dirige a pesar de nuestros pecados. Y todo lo demás ya habrá doctores y expertos, no charlatanes, que podrán valorarlo. Los hay, seguro que los hay. Doctores, digo, no charlatanes.

Aurora Pimentel

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