Jueves, 17 Agosto, 2017

Huérfanos pero con rica herencia de fe


firmaAún no hemos despertado del tsunami de sensaciones y realidades que experimentamos tras el anuncio del Papa Benedicto XVI de que renunciaba a su pontificado porque le faltaban las fuerzas. Y tengo la sensación de que el mundo de la comunicación social se ha lanzado en una compleja espiral en la que se ha dedicado a escribir obituarios -que no perfiles- en vida. Quizá porque tenían ya preparado el material ante una nada improbable muerte del Papa; quizá porque Benedicto XVI no merece más que elogiosos panegíricos del estilo de los que adornan las virtudes de quienes han pasado a habitar en la casa del Padre.

Lo cierto es que Benedicto XVI bien merece estas alabanzas y si tomamos nota de la materia económica que nos compete en esta sección, las alabanzas merecidas son aún mayores porque, aunque nos deje huérfanos al marchara a su voluntario encierro de oración en el convento Mater Ecclesiae, nos ha regalado una herencia inagotable con la que mirar la complejidad de la economía a través del clarificador cristal de la Doctrina Social de la Iglesia.

caritas_in_veritateSu gran regalo llegó en forma de encíclica en el año 2009, un texto dedicado a la caridad y, con esta virtud teologal, a la economía entendida como el medio para alcanzar el progreso común. Tardó dos años más de lo previsto en publicar un documento que ha resultado imprescindible lo que nos está pasando. Y si lo retrasó fue porque quiso poner el documento en valía y añadir todos esos aspectos imprescindibles que se pegaban al terreno y que daban respuesta a los problemas reales de la sociedad.

En efecto, la Cáritas in Veritate es una encíclica que, aunque compleja, se adentra en materia. No da recetas mágicas, claro está, porque no podría, y porque la economía no es ciencia exacta. Pero sí da las claves imprescindibles para no perder de vista  los aspectos fundamentales –que son los humanísticos- de la economía. Da respuesta a la especulación financiera, al neoliberalismo, también recuerda los problemas del comunismo e insinúa las pistas de un modelo económico basado en un crecimiento sostenido que permita vivir a la persona y que evite nuevas formas de esclavismo que se producen en la brecha entre pobres y ricos.

Cuando Benedicto XVI se retire la semana que viene a orar, la sede vacante dejará de estarlo en solo unas semanas, pero la crisis económica seguirá presente durante muchos más meses, años incluso. Y seguirá siendo evidente la necesidad de cambiar de modelo económico para buscar un sistema donde el crecimiento exponencial no se coma al hombre. Será ahí, cuando se vuelva a repensar hacia dónde debe caminar la humanidad, cuando recordaremos la herencia que nos lega este Papa sabio que nos deja huérfanos pero bien situados en materia doctrinal.

María Solano Altaba
@msolanoaltaba

Deja un comentario