sábado, 23 septiembre, 2017

En la casa


 Mal oficio es mentir, pero abrigado:
eso tiene de sastre la mentira,
que viste al que la dice; y aun si aspira
a puesto el mentiroso, es bien premiado.

Francisco de Quevedo

 ¿Qué sentido tiene el cine? ¿Procede del teatro o procede de la novela? ¿Por qué es la forma de ocio cultural con mayor número de seguidores? ¿Es un arte? ¿Qué es más importante en una película: lo que han querido mostrarnos o lo que nos han mostrado sin querer? ¿Por qué es tan difícil de caracterizar el buen cine?

A mi entender su encanto deriva de la magia que tiene dentro todo lo que es falso. Sólo pueden construirse de manera eficiente cosas interesantes en un mundo que es mentira. Alguien –el narrador, el director, los actores, el director de fotografía, el compositor de la banda sonora–  representan algo que no es cierto, y eso ofrece enormes posibilidades al creador. Cuando algo es cierto, verídico, y está constituido por extractos de la realidad, es mucho más difícil que resulte entretenido o apasionante: de ahí que sean tan infrecuentes las historias reales que se convierten en película y novela si las comparamos con la totalidad de historias que suceden en la vida real.

Bertrand Russell

Bertrand Russell

Lo que no es verdadero resulta enormemente útil en nuestras vidas. Gran parte del tiempo nuestra cabeza se dedica a razonar sobre premisas que no son ciertas para concluir falsamente aquello que desearíamos que sucediera. Hay una anécdota al respecto protagonizada por Bertrand Russell. Mientras en una clase estaba explicando esto a sus alumnos, uno de ellos le preguntó: ‘Si de una proposición falsa se puede extraer cualquier conclusión, entonces se puede deducir de 2 + 2 = 5 la conclusión de que usted es el Papa de Roma’.

–Efectivamente – respondió Bertrand Russell–. Si 2 + 2 = 5, podemos restar 3 a ambos lados de la ecuación para obtener que 1 = 2, o lo que es lo mismo, que 2 = 1. El Papa y yo somos dos, pero si 2 = 1, entonces se deduce que el Papa y yo somos la misma persona. Por tanto, de la preposición falsa 2 + 2 = 5 se deduce que yo soy el Papa de Roma.

Historias de Filadelfia

Historias de Filadelfia

El catecismo que yo estudié definía mentira en los siguientes términos: ‘Mentir es decir lo contrario de lo que se piensa con la intención de engañar’. ¿Y qué otra cosa necesita nuestra cabeza para tranquilizarse? No podemos estar constantemente soportando la idea de que quizá no termine nunca este o aquel padecimiento, o que una situación que nos beneficia pueda llegar a su fin. Necesitamos mentiras, que son, entre otras muchas cosas, la materia prima del cine. ¿No resulta encantadora esa suprema elegancia supuestamente normal de Cary Grant, James Stewart o Katharine Hepburn  en ‘Historias de Filadelfia’?

“En nuestro intento por actuar correctamente podemos destruir cualquier cosa”

Sin embargo no aceptamos cualquier clase de mentira. Pretendemos que tenga cierta conexión con la verdad, para que nos resulten más fáciles los trámites intelec­tuales que nos permiten adentrarnos en el mundo alternativo que la mentira propone. Nos gusta pensar que somos gente honrada y tenemos la obligación de aparentar ante nosotros mismos que a nosotros no se nos engaña de cualquier manera. De ahí que un buen guión sea un astuto compendio de estrategias encaminadas a que el espectador inteligente sienta placer al ser engañado.

Juan Mayorga

Juan Mayorga

‘El chico de la última fila’ es una obra de Juan Mayorga que no he tenido ocasión de ver representada. Hace unos tres años vi en vivo ‘La paz perpetua’, una magistral pieza suya de título kantiano en la que unos perros conversan en torno al terrorismo. Me llamó la atención la aptitud extraordinaria de este matemático metido a dramaturgo para guiar el pensamiento del espectador. Es un autor con una capacidad retórica sencillamente pasmosa. Ahora el director francés François Ozon ha rodado ‘En la casa’, una película basada en el primer título que mencionábamos.

Ernst Umhauer y Fabrice Luchini

Ernst Umhauer y Fabrice Luchini

El largometraje nos cuenta la relación entre un profesor de literatura cansado de dar clase y un alumno genial. La trama, que no revelaré, es un inexorable mecanismo que remite en cierta medida a ‘El sirviente’, la gran película de Joseph Losey protagonizada por Dirk Bogarde, aunque la obra de Ozon es de estirpe netamente literaria y especula magistralmente en torno a las consecuencias vitales que tiene la relación entre ficción y realidad, así como las implicaciones perversas del acto mismo de enseñar concebido como un proceso de aprendizaje de ida y vuelta entre profesor y alumno, encarnados espléndidamente por un inseguro Fabrice Luchini y el perversa­men­te angelical Ernst Umhauer.

El sirviente

El sirviente

Se sale con miedo del cine porque la película desvela que podemos ser en último término culpables aunque seamos inocentes y todas nuestras actuaciones sean irreprochables. La acción humana, por bieninten­cio­na­da y legítima que sea, está llena de consecuencias que pueden llevarnos a nuestro propio naufragio. Repaso mentalmente la película y en vano me pregunto en qué momento los personajes hicieron algo que no hubiera hecho yo mismo de haberme encontrado en cualquiera de los dos papeles protagonistas. La vida no es tan sencilla como muestra la anécdota de Russell ya que no siempre es fácil de saber qué es verdadero y qué falso, y en cualquier momento podemos apoyarnos en una falsedad para, en nuestro intento por actuar correctamente, destruir cualquier cosa.

Álvaro Fierro Clavero

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