lunes, 23 octubre, 2017

Oficio de tinieblas


Tejí la oscura guirnalda de las letras:
hice una puerta: para poder cerrar y abrir,
como pupila o párpado, los mundos.
José Ángel Valente 

Mi maestro Juan Ruiz de Torres me sugiere que, al hilo de La mirada infinita anterior, escriba un nuevo artículo en el que hable sobre los pros y los contras del oficio de poeta, de su significación y valores. Únicamente puedo hablar de mi experiencia de cerca de veintiún años escribiendo poesía y viéndosela escribir a otros.

Felix Lope de Vega

Felix Lope de Vega

Nuestra idea sobre el oficio de poeta está enormemente influida por lo que nos han dejado los grandes maestros. Uno lee a Lope, a Garcilaso, a Juan Ramón, lee además sus biografías, y llega a la conclusión de que hay que ser una especie de superhombre para escribir poesía. Pero lo cierto es que la actividad poética no es la vida del poeta, aunque reciba su influencia, ni tampoco es la obra, aunque ésta sea su consecuencia. La actividad poética, el oficio de poeta, es la parte de la existencia en la que uno se pone delante de un papel y empieza a colocar signos encima que proceden de lo que el cerebro produce a partir de todo lo que es posible imaginar, en mi caso con un lápiz generalmente, aunque también he escrito poesía en un móvil y en un ordenador.

Jean Arthur Rimbaud adulto

Jean Arthur Rimbaud adulto

A esto hay que añadir todas las búsquedas, todas las ocasiones en las que uno se expone a toda clase de estímulos con la idea de recoger motivos de inspiración. Algunos poetas lo han llevado al extremo: existen fundadas razones para pensar que Rimbaud no era homosexual, pero practicó la homosexualidad para adquirir experiencias que le sirvieran de inspiración. En mi caso, acaso por mi personalidad, he intentado y quizá conseguido vivir experiencias extremas sin necesidad de tirarme en paracaídas o circular en sentido contrario por la carretera: me basta una sinfonía, un cuarteto de cuerda, un cuadro, una conversación, un paisaje, un escote para sumergirme en los océanos de no ser yo y bucear en torno a los pecios de lo que aquello es y lo que no es, de lo que aquello podría ser si la cabeza de uno insiste.

Garcilaso de la Vega

Garcilaso de la Vega

Me he propuesto varias cosas a lo largo de todos estos años. Al principio, en mi primer libro y en un libro inédito, mi deseo era ser nuevo en cada poema, que el lector no supiera qué iba a encontrarse al pasar página. Al cabo de los años pienso que se trata de una consecuencia del deslumbramiento inicial que sentí ante la poesía, y aunque ahora probablemente sería incapaz de escribir libros así que fueran sinceros, todavía conservo la idea de que la poesía tiene la obligación de ser variada, de un libro a otro y asimismo en el interior de un libro, de un poema a otro. En esto la poesía se parece al humor: tiene la obligación de no ser previsible.

Con posterioridad he escrito un par de libros inéditos en los que desarrollo una idea creativa concreta: uno de los libros es surrealista y el otro carece de verbos. La idea de este segundo libro me vino de la primera frase que dijo jamás mi hijo Bruno cuando en cierta ocasión se dio un susto a consecuencia de la explosión de un globo. La frase traducida a palabras comprensibles, fue la siguiente: ‘Dani globo pum’. Su sintaxis es sujeto, complemento directo, verbo. El hecho de que la explosión, que fue lo que desencadenó la frase, vaya al final, me llevó a pensar que esta estructura respondía al orden de importancia que tienen para nosotros los elementos sintácticos. Como el verbo es lo menos importante, me dije, escribamos un libro que no contenga ninguno.

“¿A qué países del pensamiento y del lenguaje conduce esta expedición?”

Luego pretendí hacer una poesía más accesible y de mayor aliento, en parte influido por las reacciones que veía en personas cercanas y sin familiaridad con la poesía. Escribí un poema largo de corte meditativo que fuera de una cosa a otra. Eso fue la segunda parte de mi libro ‘Tan callando’ a consecuencia de la cita de Li Po que encabeza el libro. Faltaban pocos días para que naciera mi hijo Germán y probablemente me encontraba en una situación emocional muy particular. Más tarde, durante una época en la que tenía la sensación de que no se me ocurría nada, escribí la primera parte de ese mismo libro. Yo no sabía entonces que esos textos iban a configurar uno de los estilos predominantes en toda mi poesía posterior: el poema que surge a consecuencia de un pensamiento, de un pequeño descubrimiento. Sin que sea fácil de comprender el porqué, aquello coge un vuelo, unas implicaciones que en primera instancia son completamente insospechadas. Salvando las distancias, es lo que hago en La mirada infinita: parto de una idea y dejo que sea la propia idea la que me lleve donde ella quiera, sin ponerle trabas, sin pretender guiar hacia ningún sitio las consecuencias de lo que la idea original encierra.

Luis-Cernuda

Luis Cernuda

De aquí procede el motivo central de la poesía que a mí más me interesa. El poeta no debe pretender nada en concreto, simplemente es un intermediario del que se sirve el lenguaje para manifestarse en un texto. Me doy cuenta de que parece absurdo, pero os propongo el siguiente experimento: imaginad que sois algo que flota y estáis sobre la superficie de un agua agitada. Es imposible que determinéis de manera precisa vuestra posición, simplemente permanecéis en lo alto del agua y seguís las evoluciones de ésta. ‘como leños perdidos que el mar anega o levanta’ dice Luis Cernuda refiriéndose a los amantes. Pues así creo que debe escribirse el poema, como si uno flotara en el lenguaje y únicamente se dedicase a recoger mediante sus palabras la descripción de las idas y venidas del medio en el que uno se aleja de su propia cabeza.

¿A qué países del pensamiento y del lenguaje conduce esta expedición? Por mi experiencia sé que estos viajes le llevan a uno a la esencia de la especie humana. Cuando uno no ejerce control sobre lo que piensa y se limita a flotar en lo que pasa por su cabeza, afloran las voces que están debajo de la propia educación, del idioma en el que escribe, de las infinitas limitaciones y mediocridades que uno padece, y sin que se sepa cómo aparece algo que no nos corresponde , que no nos merecemos porque en realidad no ha sido pensado por nosotros.

El secreto estriba en no pretender nada. Si uno piensa: ‘voy a escribir un poema en el que diga o defienda tal cosa’ el poema no puede empezar peor. Tenemos que exponernos a la realidad que nos interesa, o dejar que las realidades que no nos han interesado hasta ahora tengan su oportunidad ante nosotros, y debemos tener la modestia y la humildad de convertirnos en sirvientes de lo que el mundo quiera decirnos ese día.

La poesía erótica ha sido muy importante para mí. La experiencia del amor, del sexo, de la contemplación del ser lleno de gracia que es la mujer amada constituye una de las inspiraciones más inmediatas y más abundantes que es posible experimentar. En esta ocasión el poeta se vuelve notario y se dedica a dejar constancia y dejar memoria de lo que no podría morir nunca. La concisión del sms me ha influido, sospecho que para bien, en alguna de esta poesía amorosa que inevitablemente he escrito. Y este proceso de amor hacia lo femenino corporal puede dirigirse de manera muy sencilla hacia cualquier otra realidad de la que uno decida enamorarse. En mi caso, la devoción erótica se ha dirigido especialmente hacia la música y la pintura, y son varios cientos los poemas que me han sido inspirados por estas dos manifestaciones majestuosas del alma humana.

Juan Ramón Jiménez

Juan Ramón Jiménez

Volviendo a la petición de mi maestro, a la poesía no le encuentro ningún inconveniente: permite la máxima flexibilidad y permite decirlo todo, aunque es cierto que he sentido al cabo de los años la necesidad de escribir cuentos y novelas por la preciosa aventura intelectual que acertadamente imaginaba que se abría cuando se acomete la escritura narrativa. En cuanto a su significación y valores, contestaré mencionando el título que me gusta darle a mi obra poética completa: ‘Que nada se olvide’. Al margen de los motivos que llevan a que la poesía me sea útil a mí y acaso no sea por completo inútil al lector más condescendiente o piadoso, somos ciudadanos de este tiempo y de esta realidad, y nuestro deber cívico es residir en el instante y dejar constancia escrita de lo que vemos amanecer en su paraíso interior.

Podría haberse dado el caso de que no hubiéramos sido concebidos. Ya que hemos nacido, tenemos la obligación de dejar por escrito lo que nos sucede en memoria de todos aquellos que no nacieron y cuyo sitio ocupamos. En mi último libro me he propuesto ir más allá: Su título es ‘El sentido de lo que no sucede’, y es que aparte de la realidad y del tiempo en el que vivimos, están todas las realidades y todos los tiempos en los que no vivimos. Allí también somos importantes y allí también se nos espera.

Álvaro Fierro Clavero

Comentarios

  1. Me parece muy lúcido. Da ganas de sentir lo mismo. Creo que no se puede pedir más.

  2. Cierto! El género epistolar que es el que he cultivado lo he practicado del mismo modo con muy desiguales resultados. Pero es cierto que uno sabe lo que quiere escribir, pero nunca puede saber que es lo que acabará escribiendo. Gracias por poner nombre a mis pensamientos!

  3. Qué buena idea evocar un tronco en el agua. En mi caso, me cuesta no buscar una causa y un fin. No tener el control y no buscarlo. Quizás por eso la poesía se me resiste. Parece que para leer poesía hay que ser poeta: cuando un poeta publica, se convierte en el agua y el lector en el tronco.

    Puestos a hablar del oficio de poeta, me gustaría saber porqué la palabra mejor que los colores u otros ladrillos. ¿Influye la tendencia a abstraer o concretar?

    Y también, ¿Por qué es un oficio de tinieblas? ¿Porque todos los momentos sin escribirla son oscuros?

    • No pienso que para leer poesía haya que ser poeta, como no hay que ser arquitecto para entrar en un edificio y observarlo. Es cierto que un arquitecto, por formación, acaso cuente con mayores elementos a la hora de enjuiciar una construcción, aunque no hay que menospreciar que algún conocimiento asimismo actúa como filtro y nos anestesia la creatividad.

      Oficio de tinieblas: porque no sabes muy bien qué va a salir. Es una búsqueda en la que estás solo.

      No entiendo bien la otra pregunta: no creo que escribir vaya de abstraer o concretar.

  4. Es un placer leerte también aquí.

  5. Álvaro, no me he explicado. Lo que quiero decir es que quien pasa a ver un edificio, tiene algo de arquitecto. Otra cosa es dar el salto a construir,
    a escribir, a publicar… moverse por las tinieblas, ya veo.

    • Cierto, tenemos dentro el germen del arquitecto, del médico, del economista, del matemático. Y eso es así porque nuestro cerebro es una misteriosa máquina que está deseando ponerse en funcionamiento.

  6. Este mundo es un enigma, lo toques por donde lo toques, siempre que no intentes salirte de él.
    El poeta es aquel que intenta desnudar cada uno de esos enigmas. en un lenguaje de palabras que entrechocan entre si como los sonido en la música apuntando hacía arriba. Tu experiencia de aflorar lo que llevamos dentro sin saberlo, me parece muy interesante.

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