Sábado, 19 abril, 2014

Django: ¡Mortadelo y Filemón las pasan canutas en el Oeste!


Django-Unchained-Algún fiel de Tarantino andará ya consumido en críticas por mi titular, pero es que Django y el doctor Schultz se parecen a nuestros protagonistas más conocidos de nuestras viñetas españolas, siempre metiéndose en líos y con los malos detrás. Django es una peli de chavales, y perdónenme los que se escandalizan con la sangre, pero la suya es una violencia con red, una guerra de almohadas de colegio mayor. Tarantino es un chico grande que se ha aprendido de memoria muchas escenas de cine y sabe barajar sus cartas. Debió ver películas de una sentada, por eso las lleva dentro y tiene la ocurrencia de irlas vomitando una detrás de otra, como hace la boa constrictor con los restos de su antílope. Y reconozcámoselo, Tarantino lo sabe hacer muy bien. Le suelto aquí dos cualidades: disfruta cada centímetro cuadrado de lo que hace, y tiene un tempo originalísimo, quizá la marca señera de la casa. Lo suyo es un “spaguetti suspense” que justamente en Django resulta muy eficaz.

Leo_di_caprio_Django_DesencadenadoAhora, insisto en que es muy crío y malote, más cerca de Cobra de Stallone que de El puente sobre el río Kwai. La escena en la que los perseguidores con capuchas del Ku Klux Klan se quejan de que sus esposas han hecho mal su trabajo con los agujeros, es infantil. Y así en otras ocasiones. Se repite el nombre de Django más veces en la película que el de James Bond en las suyas, para que quede clara la épica del personaje; y el dueño de la plantación (Leonardo DiCaprio) es un malo muy malo, pintado a las bravas.

Los que ya le conocemos esperamos en cualquier momento que nos sorprenda con alguna de sus “escenografías“. Y es que las escenas dramáticas de Tarantino andan todas sobreactuadas, por eso no te las puedes tomar en serio, las desfigura, como hizo Duchamp con la Gioconda, pintándole bigote. A algunos les fascina su efecto, a mí ya empieza a cansarme tanta vuelta de tuerca teatral.

DjangoPara entender el peligroso derrotero del director hacia el puro efectismo, podemos visualizar un ejemplo con las dos primeras partes de El silencio de los corderos. El primer Hannibal Lecter era de una sutileza tan apabullante, que su presencia asustaba más en prisión que en libertad. Pero la secuela nos trajo un Hannibal de excesos, sorbiendo las delicias de un cerebro vivo, una boutade que se alejaba de la exquisitez primera. ¿Lo mejor de Django desencadenado?, cuando la mujer del protagonista cae desvanecía al reconocerlo por su tono de voz, “hola, lagartija“, y el compañero le suelta “caramba, menudo pico de oro“.

Cristoph Waltz parece que remeda su papel del oficial alemán en Malditos bastardos. Su cinismo es eficaz, ¡pero Quentin, que ya nos lo has contado hace un año! A los que rinden culto a Tarantino les entusiasmará, y a los que esperamos cambios de registro en su director, nos deja con las ganas. Lo mejor, como siempre, la música. Nos ha salido en Tarantino un competidor de Kubrick. Hay Verdi, Beethoven, hay rap, hay cadencias sesenteras…

Javier Alonso Sandoica

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