sábado, 23 septiembre, 2017

Corrupción ¿política?


Ángel Beleña

Ángel Beleña

Hace unos días, en una clase un poco más distendida (las huelgas de alumnos habían reducido a siete ese grupo), salió a colación el tema de la corrupción política. Comentábamos que, ya desde hace muchos años, forma parte del imaginario colectivo que el empresario X obsequie al concejal de urbanismo de turno –o a quienes han de decidir sobre la recalificación de unos terrenos o sobre qué empresa llevará a cabo un determinado proyecto- con un sobre bien aderezado de billetes, o con otro tipo de pago en especie. Entonces uno de los chicos me espeta:

– No entiendo cuál es el problema.

– Bueno, estamos hablando de un soborno…

stop-corruption

– Ya. ¿Y…? Si el empresario paga a esas personas con su dinero o el de la empresa, y además hace un servicio a la comunidad, y encima hay otras personas que se ganan un dinerillo a costa de eso…

– Hombre, pues que eso es “comprar” a alguien para que te beneficie frente a otros. Y el que acepta el soborno está engañando a la sociedad al hacer creer que ha decidido valorando con criterios técnicos cuál era el mejor proyecto…

– Pero si hay varios proyectos buenos y eligiendo uno en concreto –el del sobre- puedes mejorar además tu nivel de vida… Nadie está robando, ese dinero no era dinero público. Y todo el mundo se beneficia: la empresa, el político, la comunidad…

– Eh…, bueno, verás… Es que hay muchas formas de no actuar correctamente. Apropiarse dinero público no es la única.

El chico –que con 18 años ya se ve que promete-, no se quedó muy convencido. Los demás compañeros ponían cara de no aprobar lo que él decía, pero no sé por qué yo me quedé con la sensación de que era el más sincero.

¿Por qué hay tanta corrupción? ¿De dónde ha salido toda esa gente? ¿Hemos sido invadidos por extraterrestres? Porque, todos esos ciudadanos indignados, ¿de verdad nunca aceptarían un soborno o no caen en pequeñas corrupciones –la que está a su alcance- en su vida cotidiana, en su trabajo? Es cuestión de encontrar una razón con la que uno pueda autojustificarse. Enchufar a un familiar o conocido, mentir para salir del paso, quedarnos con un dinero que nos han pagado de más por error… Son pequeñas corruptelas que podemos permitirnos porque lo hacemos con buena intención, por un buen fin.

filmVivimos en una sociedad muy hipócrita. Por un lado, tendemos a condenar determinadas conductas cuando son “las de otros”, pero no cuando son propias o “de los míos”. Por otro lado, faltan convicciones profundas sobre las que fundar una sociedad sana, compuesta de personas íntegras, honestas. La gran mayoría de nuestros contemporáneos están dispuestos a aceptar casi cualquier cosa. Es cuestión de estar en el sitio adecuado en el momento oportuno. Sin un profundo sentido ético cualquier cosa llega ser posible.

En la película “Vencedores o vencidos”, el juez nazi Janning (Burt Lancaster), desolado por el Holocausto del nazismo, le confiesa al juez Heywood (Spencer Tracy):

“- Jamás supuse que se iba a llegar a eso, tiene usted que creerme.

– Se llegó a eso la primera vez que usted condenó a muerte a un hombre sabiendo que era inocente.”

Ángel Beleña

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