Miércoles, 26 Abril, 2017

Ud. no es una marca (y España tampoco)

Ud. no es una marca (y España tampoco)

Me parece que hay que cuidar más lo que uno es, lo que uno hace, sin la gratificación inmediata. O uno puede acabar esclavo de todo esto. Cada vez pienso que estamos más cerca de Matrix.

Ud. no es una marca (y España tampoco)




El votante deja de ser ciudadano para ser perseguido con las mismas artes que el que intenta venderte un champú o una lavadora. Y esto nos parece normal y lo aceptamos.


Hoy es más importante comunicar, en el sentido de decir algo –en Facebook, linkedin, en los medios de comunicación, donde sea- que ser. Y perdemos mucho tiempo, muchísimo, en toda esta parafernalia.

Lo sé, esto no puede ser la noticia de la semana. Porque no es noticia, antes bien lo es lo contrario. Estamos concentrados en la carcasa, en la apariencia, porque hoy ésta es más importante que lo que uno es. El perfil social, que dicen los expertos en redes, tu reputación on line, tiene guasa, es hoy básico. Hoy es más importante comunicar, en el sentido de decir algo –en Facebook, linkedin, en los medios de comunicación, donde sea- que ser. Y perdemos mucho tiempo, muchísimo, en toda esta parafernalia.

Viene esto ya de largo, una forma de paganismo renovado. Por un lado, la importancia de los medios de comunicación que llamábamos de masas, el cuarto poder, la formación de la opinión pública, o de nuestra opinión, que adquirimos según nos presenten unos y otros el estado de las cosas. Por otro, el que hoy todo sea mercado y vender algo –lo que sea- cueste más y parezca más vital que el fabricarlo o hacerlo. Los vendedores son hoy más importantes que los obreros, los agricultores o los creadores, los que hacen algo. De ahí la publicidad y todas las otras formas de comunicación comercial, de marketing, de persuasión para la compra en última instancia. Y por último, pero no en importancia, el hecho de que nuestras democracias se basen en un sistema muy parecido al mercado: para llegar a las audiencias (al votante) hay que “venderle” algo. El votante deja de ser ciudadano para ser perseguido con las mismas artes que el que intenta venderte un champú o una lavadora. Y esto nos parece normal y lo aceptamos.

Y en esto llego internet y, en los últimos años, toda la barahúnda de las redes sociales. Para añadir más ruido, porque teníamos poco. Muchos son los que piensan que esto ayuda a la democracia, que lo que hace es diluir el poder de los medios de comunicación, abrir el debate y hacerlo más democrático. No digo que no, pero también lo hace más ligero y mucho más ruidoso. Y uno puede acabar dedicando más tiempo a decir y comunicar que a hacer algo, lo que sea. Y lo emocional, lo superficial, prende muy rápido en estos lares. Hay mucha cháchara y poca palabra: logos en ruina, como Alberto Guerrero Gil ha pintado, son los cuadros que acompañan a este texto. Si en el principio era el Verbo, ¿cómo hemos podido dejar que esto pase?

googleHago balance. Hice balance. Profesional y personalmente. Es muy interesante linkedin y es fundamental estar en él, especialmente si trabajas como autónomo. Pero uno no es sólo, ni siquiera profesionalmente, lo que pone en un perfil, su participación en grupos, en debates, su actividad on line. Facebook me encanta, pero si estoy conectada todos los días y a todas horas, aunque sea parte de mi trabajo, no saco trabajo adelante. Tener un blog desde 2008 es una estupenda ventana, pero la escritura “larga”, la de ficción o ensayo, pide algo más que un cuaderno abierto a la intemperie, demanda otro ritmo y una calma, un primor –palabra que me encanta-, hasta un tipo de soledad o pudor, no sé cómo explicarlo, que no lo puede dar dicho entorno. Hay que estar menos pendiente de los demás en el sentido de reputación, éxito o intercambio a veces epidérmico, superficial y tantas veces falso. Me parece que hay que cuidar más lo que uno es, lo que uno hace, sin la gratificación inmediata o uno puede acabar esclavo de todo esto. Cada vez pienso que estamos más cerca de Matrix.

Todo es bueno, todo vale, en su justa medida. ¿Cuál es esta? Difícil cuestión. Pero el  lenguaje es una buena pista. Cuando oímos sin pestañear, sin poner en duda, lo de “marca personal”, lo de reputación on line y off line, y seguimos tan campantes, algo pasa. Las personas no somos una marca. Y un país, por cierto, tampoco lo es. Es algo más allá del conjunto de sensaciones, experiencias acumuladas, que provoca el uso, el contacto, con el producto. A ver si podemos dejar que el marketing gobierne el alma humana y las cosas más sagradas.

Aurora Pimentel

Comentarios

  1. Interesantes reflexiones acerca del peligro de la inmersión en estas nuevas “plazas del pueblo” que nos ha traído internet, Pero sólo son eso, un soporte nuevo que no deja de ser de otra forma, la plaza de cada pueblo donde todos se reunían y hablaban, solo que en versión de a lo bestia… y tienes razón en que todo es bueno en su justa medida, en lo de “todo vale” tengo ya mis dudas. Pero el problema está solo en la “justa medida” como todo en esta vida.

  2. Teresa Campoamor dice:

    Creo que cuanto más madura y más segura sea una persona, es menos influenciable. El tema es que para alcanzar eso tienes que andar más despacio y ser más reflexiva Tienes que construirte por dentro. Cuando la sociedad te lleva a todo lo contrario, a una exposición permanente, una total falta de valorización de lo íntimo,al consumo impulsivo- Es difícil para algunas personas ir a contracorriente, pero en mi opinión es lo único que merece la pena.

  3. Rocio, gracias por tu lectura y tu comentario. Y sí, es verdad, todo en la justa medida… ¿pero cuál será esa?

    Teresa, gracias por leer y comentar. La intimidad es un buenísimo tema. ¿Qué es la intimidad hoy?… si yo preguntase por ahí… ¿que dirían los entrevistados…?

  4. soy nuevo aquí. me gusta. ya he escrito otro comentario y nunca lo había hecho en parte alguna. gracias por el artículo, y -en especial. por el primor de su confección

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