martes, 17 octubre, 2017

Sobrecogedores y renovación moral


1-moneyNo me gusta repetir tema pero las circunstancias me han obligado a volver a esa gran enfermedad moral que está devorando nuestra sociedad: la corrupción. Evito caer en la tentación de jugar con lo sobre-cogedor que resulta el escenario en el que se mueve la clase política en los últimos meses. Evito también atribuir culpas y personalizar delitos, no por falta de ganas, sino por falta de espacio y porque ya todos sabemos demasiado de Gurtel, Amy Martin, ITV, Nóos y otros tantos escándalos con un común denominador: el engaño en beneficio propio y en contra del bien común.

Aquí llegamos al punto crucial. Lo que unos y otros hacen es atacar al bien común porque el dinero que los corruptos reciben, por las vías que sea, ya un equipo de hockey, ya un sobre volandero, ya un artículo con pseudónimo, pertenecía, en derecho, a otra persona. La otra persona era quizá un Ayuntamiento y aquellas obras que lleva a cabo y que a tantos benefician, o un partido político, destacable formación que permite el sano ejercicio de la democracia y pretende representar a miles de ciudadanos, o a una fundación destinada a promover lo mejor de la cultura y el pensamiento.

Pero supongamos que estos sobrecogedores de todo pelaje e ideología, consideraron en el fondo de sus conciencias que merecían ese dinero que recibían por el enorme esfuerzo que, en pos de la sociedad, llevaban a cabo como políticos. Supongamos que, incluso libres de esta carga moral, sus sueldos fueran realmente ridículos y no sirviesen para sufragar las necesidades básicas de cualquier ciudadano. Aún estarían robando porque todo bien recibido -con o sin justicia- y no declarado, es un robo al resto de los ciudadanos que declaran sus bienes y ven cómo una parte más o menos sustanciosa queda retenida por las administraciones públicas para favorecer, precisamente, a ese bien común al que sirve la política.

2-sobreSi la situación, por el general latrocinio, por el intento constante de defenderse ante los medios, por el hecho de que todos oculten la vedad a través de sibilinos vericuetos jurídicos resulta vergonzosa, queda todavía un motivo de asombro: la apatía de una sociedad anestesiada que no solicita el cambio que merece. Me pregunto por qué la población no ha salido a la calle a reclamar, no ya justicia, sino decencia. Por qué nos contentamos con reservar nuestra indignación para la charla de sobremesa, para el comentario desde el quicio de la puerta de un despacho, para el desahogo más o menos airado en las redes sociales, para el comentario anónimo en el periódico digital

Se me ocurren tres respuestas. La primera es que nadie se mueva por miedo a mayores consecuencias, por miedo a una revolución como las que ha vivido la humanidad en otras oportunidades dignas del olvido. La segunda es que la sociedad no encuentra un cauce en el que ver representados sus verdaderos intereses. Ninguna voz con autoridad, con poder, refleja el sentir de un ciudadano medio que nota que le estafan cada día. Pero como sabe que en este mundo tan mediático las voces si poder no consiguen colarse en la agenda cotidiana de las redacciones, no se toman la molestia de lanzar su brindis al sol. Y además, quizá están preocupados por buscar el trabajo con el que dar de comer a los suyos.

La tercera razón me llena de desaliento: que a muchas personas no les parezca demasiado mal el enriquecimiento ilícito. Es una idea muy arraigada en esos países que ocupan los primeros puestos en los rankings internacionales que analiza la corrupción: el que, pudiendo, desde el Gobierno, no roba para los suyos, es tan tonto que no merece el poder. De hecho, toda la sociedad está ‘sobrecogida’ pero, al mismo tiempo, elude la pregunta crucial: “Y usted, ¿habría cogido un sobre si se lo hubieran ofrecido?” Y es que la renovación moral empieza en el corazón de cada hombre.

María Solano Altaba
@msolanoaltaba

Comentarios

  1. Teresa Campoamor dice:

    Madrid está todos los días en la calle: médicos, profesores, basureros, pilotos… Pero al final todo el mundo está defendiendo sus intereses propios y no los de la colectividad. Sólo nos duele lo que nos toca directamente a nosotros o a nuestros familiares más cercanos. Viví muchos años en USA y siempre me chocó de España cuán ligeramente juzgamos a aquellos cuyo comportamiento es ilícito.
    Puedes defraudar a hacienda, llevarte lo que quieras de un gran almacén, copiar una tarjeta para poder ver un canal de pago. etc ” porque el que roba a un ladrón….” ¡¡¡¡¡ Curiosa manera de entender las cosas!!!!!
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