sábado, 23 septiembre, 2017

El desprecio de lo penúltimo


iphoneHace unos días mi teléfono móvil se rompió, mejor, dejó de funcionar. De repente parecía haberse vuelto loco, los iconos de la pantalla no respondían, internet se cerraba súbitamente y resultaba imposible marcar un solo número de teléfono correctamente. Indignado, acudí a la tienda de mi operador, donde me habían endilgado el aparatito a cambio de firmar un contrato que me ató a ellos más de lo que estoy con mi esposa. Cuado le conté el problema al chico que estaba al otro lado de mostrador me dijo:

–       Claro, es que este es un modelo muy antiguo.

–       ¿Cómo que antiguo? Lo compré hace seis meses.

–       Pues eso, antiguo.

renaultRecuerdo que a mi padre los coches le duraban lo menos catorce años. Teníamos un Renault 6 que ya era como de la familia. Cuando lo vendió lloramos amargamente, era como despedirse de un viejo amigo. A pesar de su edad, aún le seguí viendo durante algún tiempo más dando tumbos por el barrio en manos del vecino que nos lo compró. Terminó de exprimirlo como un limón al cabo de otros diez años. Ahora el chico que me atendía me miraba con displicencia porque mi móvil tenía seis mesecitos recién cumplidos. Hay que joderse.

–       Mira, ¿No hay manera de arreglarlo? Ya estoy acostumbrado a él.

–       Le va a salir más caro. Y por 8600 puntos le puedo ofrecer uno de la generación siguiente. Francamente es mucho mejor, viene con un sistema de detección GPS por satélite, funciona como una baliza de socorro.

–       ¿Cómo?

–       Sí, mire, si usted, pongamos por caso, se pierde en medio de la selva, el teléfono envía una señal SOS con sus coordenadas.

¿Alguien conoce a alguien que vaya a la selva? Lo más cerca que he estado de la selva es Faunia.

–       Está bien. Me has convencido. Dame el teléfono.

–       Hace bien. Ya verá que maravilla. Como tiene 4500 puntos sólo le va a costar 160 euros.

–       ¡Qué palo! Pero  bueno, imagino que peor es perderse en la selva. Además mi mujer está fuera y necesito hablar con ella. Como ya nadie tiene fijo y las cabinas son cosas del NO-DO.

–       ¿El NO-DO?

–       Déjalo. Me lo llevo.

Salí con mi móvil nuevo, baliza incluida, y con 160 euros menos en el bolsillo. Y allí se quedó el viejo trasto que me acompañó los últimos seis meses.

Estamos obsesionados con lo último. Si en casa no tienes una tele que ocupe toda la pared, aunque te sangren los ojos cada vez que ves un partido en 3D. Si no tienes el portátil más moderno, para sentarte en el Starbucks a que te vean los cuatro gafapastas que se hacen los intensos porque leen Ulises en un e-book (última generación, por supuesto). Si no tienes el último móvil… entonces, entonces pareces un gilipollas.

minaDespués, nos llenamos de indignación, estupor y rabia, cuando en esos mismos aparatos vemos como los países pobres se desangran. La República Democrática del Congo lleva quince años en el agujero de una guerra civil que se salda con casi seis millones de muertos, la cantidad más grande de victimas en un conflicto armado desde la Segunda Guerra Mundial, por culpa de un mineral llamado cotán. Hasta ahora, ese mineral es indispensable para la fabricación de todo tipo de dispositivos electrónicos. No creo que la guerra se acabe porque mi viejo móvil de seis meses se repare en lugar de sustituirse. No creo que miles de niños dejaran de morir en las minas de Sierra Leona, si no me compro una tele del tamaño de una carpa de circo. Pero, tal vez, sí, si, todos fuéramos un poco más conscientes de lo que cuestan los caprichos de una sociedad educada para despreciar lo penúltimo.

José Cabanach

Comentarios

  1. No es cotán, es coltán ( de columbita/tantalita); cotán (sánchez) era el pintor famoso por sus bodegones

  2. Qué razón tienes José, realmente estamos un poco locos…. ¿Alguien quiere que le enseñe a zurcir calcetines????

  3. ¿zurcir calcetines? te preguntará algun gilipoyas. Creo que ya no hay hilo de zurcir. Se lo preguntaré a mi mercera que tiene 25 años mas o menos. (me qeda la duda de si gili..se pone con ‘ll’ ?)

  4. Y la fugacidad del logro? y la caducidad del deseo? la pobreza enseña a apreciar aquellos objetos que perseguimos y nos dota de una relación humana con ellos (el R6 era de la familia), ahora tenemos con las cosas una relación parecida a la que tenemos con una servilleta de papel

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