Jueves, 17 Agosto, 2017

El infinito viajar no significa perderse


la foto (1)Ha empezado FITUR, conozco a muchos lunáticos de los chismes de viajes que se fueron despendolados a saludar a los Príncipes, hacerse con catálogos y echarse al coleto algún canapé (que todo en sí, es un refrito del peor de los viajes). “¿Adónde os dirigís?” se pregunta Enrique de Ofterdingen, la gran novela de Novalis. “Siempre hacia casa”, es la respuesta. El suyo es uno de los grandes libros en los que el viaje aparece cual odisea o metáfora a través de la vida. También Chesterton cuenta en Ortodoxia el periplo del hombre que se cree que se larga a las antípodas, y sólo anda de vuelta al hogar, “muchas veces sentí el capricho de escribir una novela sobre un navegante inglés que, embarcado en su yate, calculó levemente mal su ruta y llegó a Inglaterra convencido de haber descubierto una nueva isla en los mares del Sur”.

Los mejores viajes son los redescubrimientos. Cuando se revisita ya no se conquista, y se guarda uno definitivamente de la mirada compulsiva del adolescente, que parece haber nacido para poner levedad en cuanto toca. El turista es quizá un adolescente crecido que no atiende a regalos, ni tampoco busca, no se detiene, hace colas para la estatua de la Libertad pero se pierde las confidencias de los amantes del jazz en las madrugadas del Village Vanguard, donde Nueva York lleva mejor escrito su nombre.

marisaLos viajes no pueden ser rectilíneos por las aguas crecidas de una corriente, siempre adelante, siempre adelante, hasta el precipicio del olvido. Todo viaje, si es serio, es un retorno a las preguntas sobre el asombro de cuanto se ve, a la escritura, como si el corazón diera un giro sobre sí mismo. Las postales no sirven, tampoco las fotos. El peor de los viajeros es el que cuenta Claudio Magris en El infinito viajar, “el viajero se lanza siempre hacia delante; en su proceder no se lleva a sí mismo, totalmente a sí mismo, sino que todas las veces aniquila su identidad integral anterior y se desprende de sí”.

El viajero más cierto es un filósofo que aprende a serlo sobre la marcha, y va produciendo un sistema de pensamiento sin proponérselo. La mujer de Magris, la escritora Marisa Madieri, de imprescindible lectura, decía que el ser humano es “tiempo cuajado”. Qué lejos queda esta asombrosa definición del “turista en fuga”.

magris1La cuestión metafísica es siempre un asunto residente, que ni busca evasiones ni vacaciones, porque va en el bolso de cada cual. Un amigo me dijo recientemente que su estancia en Polonia fue muy provechosa, porque sus ciudades le produjeron una actividad literaria sin precedentes. Si uno camina sin estar implicado en el recorrido, no se entera de quien es. Lo interesante no es decir, yo estuve en la Gran Muralla China, y le enseñas las fotos al paciente amigo. Sino que vuelves a España con los ojos más abiertos hacia nuestra cultura, a quién eres, tus raíces, ¿de dónde vengo?

Recomiendo El infinito viajar de Magris porque va de esto de que la aventura más arriesgada, difícil y seductora se lidia en casa, “es allí donde nos jugamos la vida, la capacidad o incapacidad de amar y construir, de tener y dar felicidad

Javier Alonso Sandoica

Comentarios

  1. Magris me encanta, pero su mujer, Marisa, todavía más… Todavía releo Verde agua

Deja un comentario