lunes, 11 diciembre, 2017

El rey Lear y el suicidio asistido


7Mientras el presidente de Francia, François Hollande, anunció en diciembre que para junio su Gobierno presentará ante el Parlamento una normativa para regular la eutanasia, hemos sabido que el Alto Tribunal irlandés ha denegado a una mujer que sufre esclerosis múltiple, y se encuentra en estado terminal, el derecho a recibir de su marido un suicidio asistido. El magistrado jefe, Nicholas Kearns, afirmó que el tribunal decidió rechazar por unanimidad la solicitud de Fleming, que perseguía obligar al Estado a modificar la legislación y la Constitución sobre el suicidio asistido. En su opinión, existe un “riesgo real” de que, incluso con “estrictas salvaguardas”, la legalización impida proteger adecuadamente a los más vulnerables, como “los ancianos o los pobres”, quienes “podrían no ver otras opciones cuando se consideran una carga para sus familias o la sociedad”.

Captura de pantalla 2013-01-30 a las 1.57.09 AMLa sentencia irlandesa aporta un punto de interés en el debate, y es que el utilitarismo de nuestra civilización abandere quitarse de encima a colectivos problemáticos. ¿Pero, no deberíamos optar por salvar al desesperado? No sé, ¿no es lo que aprendió Europa cuando Benito de Nursia puso sus primeros monasterios y centros de acogida para los necesitados? Es lo que hizo Edgar, el hijo de Gloucester con su padre en “El rey Lear” de Shakespeare. Recordémoslo.

Gloucester ha sido cegado como pago por su lealtad al rey. Está desesperado y quiere suicidarse. Su hijo Edgar se ha disfrazado de mendigo y se convierte en su guía hasta Dover, donde su padre quiere arrojarse a los acantilados. La tarea de Edgar es salvar a su padre de la desesperación, y lo consigue con una triquiñuela, porque Edgar (como todo ser humano que no haya perdido su instinto de asombro y gratitud frente a lo real) no quiere que su padre renuncie a la vida. Según las indicaciones del autor para la representación “Gloucester salta y cae en la tierra tendido”. Gloucester, consternado al descubrirse todavía vivo, intenta rechazar la ayuda. Y entonces Edgar pronuncia la frase más deliciosa que un hombre puede decir a otro para recordarle quién es, “tu vida es un milagro, vuelve a hablar”, Cuando está siendo guiado por su hijo, Gloucester hace una oración diametralmente opuesta a las anteriores, “Dioses bondadosos, siempre disponed de mi vida; no dejéis que mi peor espíritu me vuelva a incitar a morir”.

En estas breves líneas se resume quienes somos. Todo herido o hastiado necesita un Edgar a su lado que le avente su espíritu peor.

Javier Alonso Sandoica

Comentarios

  1. Buenísimo, lo compartiré

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