Miércoles, 16 Agosto, 2017

Memorias Políticas


Memorias-Politicas1Ayer pasé por el VIPS de Fuencarral y me sorprendió ver en el segundo puesto de los libros más vendidos, Memorias I de José María Aznar. Pensaba que éramos cuatro a los que nos interesaba lo que pudiera contar un ex presidente de gobierno, y aún menos los que habíamos decidido comprarlo. También estaba en ese ranking, Les voy a contar de José Bono. En su día leí 2001 Días en Interior, y aún conservo el ejemplar que me dedicó José Barrionuevo, pocos meses antes de que le metieran en el carambuco junto a su amigo Vera, por el secuestro de Segundo Marey en nombre de los GAL. Pero eso es otra historia. El caso es que me parece un ejercicio muy sano que los políticos hagan un repaso de su labor al servicio público, es más, debería ser una obligación dejar por escrito qué les movió a tomar las decisiones, que, invariablemente, transforman nuestras vidas.

“Me parece un ejercicio muy sano que los políticos hagan un repaso de su labor al servicio público, es más, debería ser una obligación dejar por escrito qué les movió a tomar las decisiones, que, invariablemente, transforman nuestras vidas.”

Memorias-Politicas2Desgraciadamente, el “género literario” de memorias políticas no es muy cultivado en nuestro país. Junto con Santiago Carrillo, Alfonso Guerra, Manuel Fraga y alguno más, aparte de los citados anteriormente, son muy pocos los que se han atrevido a publicar sus experiencias. Nos hemos quedado sin saber qué pensaba Suárez de esa jaula de grillos que fue la UCD, y si Felipe González sabe algo sobre el Sr.X. Aún tengo esperanzas de que Zapatero se tire a la piscina, y se descuelgue con unas memorias, ¡¡eso sí que puede ser grande amigo!! En fin… no caerá esa breva.

Memorias-Politicas3Evidentemente, como lectores ante unas memorias, y más las de cualquier político, debemos saber separar el grano de la paja. Escribió Groucho Marx en su “casi autobiografía” Groucho y yo: “Si dos personas que han estado felizmente casadas durante cincuenta años tienen tanto éxito en reservar para sí mismas sus pensamientos más íntimos, ¿cómo diablos puede esperarse que una autobiografía, que teóricamente va a ser leída por millares de personas, sea otra larga lista de invenciones?”. A pesar de eso, Churchill y de Gaulle, y más recientemente Tony Blair y Bill Clinton resultan personajes más interesantes cuando los leemos a ellos mismos.

Vivimos este comienzo de año con los políticos embarrados. La familia Pujol con sus asuntos en Suiza. Artur Mas haciendo de palmero y trincando la calderilla. Unió que se lo llevó muerto. El PP que tuvo al caco en Génova repartiendo sobres de los que nadie sabe nada, y el PSOE poniendo cara de Pablito Calvo, pidiendo explicaciones como si la pasta de Andalucía se hubiera evaporado sola. (Prometo escribir sobre todos ellos). Por cosas como estas me gusta ver que algunos políticos dan la cara, aunque expliquen lo inexplicable y maquillen la verdad, es muy sano ver en las listas de los más vendidos a Aznar y Bono. Eso es que aún nos interesa lo que hacen nuestros políticos, porque el día que deje de interesarnos, perderemos la libertad. Y nos lo tendremos merecido.

José Cabanach

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