Domingo, 23 Abril, 2017

La pausa de una buena novela

La pausa de una buena novela

¿Qué me gusta? La buena educación hasta escribiendo. La finura del detalle, un escritor que observa y lo cuenta sin lucirse él en cada momento. Las historias pequeñas o grandes, el amor, la aventura, la muerte, lo que sea, el tema es casi lo de menos.

La pausa de una buena novela




Los seres humanos somos apasionantes. Toda persona es un mundo inabarcable, con mil matices.


Toda persona es bella si se la mira, si se la contempla no sólo por fuera, por dentro. Observarnos con amabilidad, también con cierto sentido del humor, en todas nuestras pequeñeces, nuestros mil roces con los demás y con nosotros mismos, nuestras historias mínimas que tanto jugo de vida desprenden, parece más bien cosa del pasado, cuando la gente tenía tiempo.

el-estupor-y-la-maravillaNo sé si será ésta noticia de la semana, posiblemente no lo sea.  Porque“ El estupor y la maravilla” de Pablo D’Ors,  fue escrita hace ya tiempo. Y no es novedad, es cierto. Pero sí lo es, creo, encontrar un tono diferente, un tema apasionante y un sentido del humor elegante y diferente, una novela que me está haciendo disfrutar horrrores y que con cierta tristeza voy a acabar en breve.

Me explico. Yo insisto e insisto en leer a mis contemporáneos. Me gusta ver qué se escribe hoy, qué hay en la cabeza, en el corazón, saber las historias que hoy se cuentan, también formalmente me interesan.

Y suelo llevarme algún disgustillo porque no me gusta lo que leo a veces. Me parece frívolo, ligero, sin profundidad, mal escrito a menudo y, otras, sencillamente, no me interesa, me aburre, no me dice nada, no me atrapa.

No me interesa la zafiedad ni la vulgaridad. No me interesa lo predecible, el tópico, los lugares comunes, la decimocuarta novela histórica dando jabón a las mujeres o la pesadez de una panda de imberbes o canosos, habitualmente jóvenes o viejos verdes, mirándose el ombligo y hablando como carreteros.

¿Qué me gusta?  La buena educación hasta escribiendo. La finura del detalle, un escritor que observa y lo cuenta sin lucirse él en cada momento. Las historias pequeñas o grandes, el amor, la aventura, la muerte, lo que sea, el tema es casi lo de menos.

Por eso esta novela me tiene literalmente prendada. Es de una delicadeza fuera de lo común en estos tiempos de sal gruesa. Un vigilante de un museo, ese es el tema, que no lo es, por supuesto. Un vigilante en una pinacoteca de expresionistas, en Coblenza. Cada capítulo es una sala, un pintor, hay mucha historias entretejidas, hay … ¿alma? Eso es, alma. El alma es el tema, hay alma, y eso es lo que habitualmente yo echo de menos a menudo en el cine, en la literatura, en la ficción de mis contemporáneos .

Los seres humanos somos apasionantes. Toda persona es un mundo inabarcable, con mil matices. Toda persona es bella si se la mira, si se la contempla no sólo por fuera, por dentro. Observarnos con amabilidad, también con cierto sentido del humor, en todas nuestras pequeñeces, nuestros mil roces con los demás y con nosotros mismos, nuestras historias mínimas que tanto jugo de vida desprenden, parece más bien cosa del pasado, cuando la gente tenía tiempo.

Si alguien de quien lee Adiciones tiene un poco de tiempo, porque “El estupor y la maravilla” es larga, y le gusta, por ejemplo, Zweig, o busca esa otro modo de narrar hoy casi olvidado, el que nos hace ver lo que cada minuto encierra, estoy convencida que disfrutará como yo de esta novela.

Es rara, en el sentido de excepcional en estos tiempos. Es valiosa, divertida, riquísima. Es, en definitiva: estupenda. Se ha hecho con tiempo, y pide un ritmo de lectura lento. Pero se me acaba hoy, qué pena.

Aurora Pimentel

Deja un comentario