Jueves, 17 Agosto, 2017

Talla (europea)

Talla (europea)

Dar la talla, una expresión preciosa hoy olvidada. Significa estar a la altura de las circunstancias, de los acontecimientos, tener las cualidades apropiadas, el valor, lo que sea, para lo que demanda el momento.

Talla (europea)




Nos van a comer por los pies. Mejor dicho: ya lo están haciendo.


Nuestra Europa vieja –el tema demográfico es clave, y ha sido minimizado social, política y culturalmente-, el curvarnos sobre nosotros mismos, mirándonos el ombligo siempre, la afluencia económica primero, para pasar luego a una recesión de órdago a la grande, pintan un continente mínimo.

38-40-42-44-46… las de mujer más frecuentes. 37-38-39-40-41, las de zapato femenino, que conozco al dedo. También las hay medias 37 y medio, 38 y medio, etc.

Dar la talla, una expresión preciosa hoy olvidada. Significa estar a la altura de las circunstancias, de los acontecimientos, tener las cualidades apropiadas, el valor, lo que sea, para lo que demanda el momento.

Y éste es uno de los problemas que tenemos. Que quienes nos gobiernan no dan la talla, ni de lejos, para el momento que vivimos. Es como en el matrimonio. Cuando vienen buenas, iba a decir que sirve cualquiera. Pero cuando vienen malas, que siempre vienen, es cuando se revela la talla, la medida de las personas, si sirven o no sirven.

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Vienes esto al hilo de las crecientes y preocupantes noticias no ya de Europa, que lo son, sino de nuestros vecinos del sur. Han sido muchos años de zapa cultural. Muchos complejos sobre el pasado más reciente, sobre, desde luego, malas actuaciones europeas, la colonización, etc. Pero pocos son en Europa los que son conscientes de lo que se fragua, de lo que se cuece, y nos va a afectar, nos afecta, antes o después y muchísimo más de lo que se piensa.

Lo de la primavera árabe me pareció siempre, cuanto menos, para tomar con mucha, muchísima cautela. La claudicación que la progresía europea, y de rebote de la mayoría de los medios de comunicación -,  ha hecho de temas fundamentales, sobre los que saltan como hienas si se trata de otros lares, es impresionante. Y no es un tema menor, porque es de derechos humanos de primero, de básica, la situación de las mujeres sobre lo que hay uno de los más espantosos silencios. No se habla apenas. Y dice mucho de nosotros, de lo que consideramos fundamental y accesorio. Como de la libertad religiosa: otro tema que no se menciona. Aquí ya puedes, con perdón, cagarte en lo más sagrado, allí no puedes abrir en muchos casos una simple iglesia, tener culto público, profesar una fe que no sea la de ellos.

Nos van a comer por los pies. Mejor dicho: ya lo están haciendo.

Nuestra Europa vieja –el tema demográfico es clave, y ha sido minimizado social, política y culturalmente-, el curvarnos sobre nosotros mismos, mirándonos el ombligo siempre, la afluencia económica primero, para pasar luego a una recesión de órdago a la grande, pintan un continente mínimo.

Nada hay permanente. Nada hay para siempre. Europa podrá desaparecer porque no sólo quienes hacen cabeza no dan la talla, que es evidente, es que los europeos estamos inmersos en una cultura de seres mínimos, pequeños, egoístas, y profundamente débiles.

Retomar las raíces judeo-cristianas de nuestra cultura, de nuestra historia, de nuestro continente, las greco-judeo-cristianas sería más completo, no es baladí, es fundamental. Es la talla de otra manera, el tallaje de una civilización que tendrá muchos defectos, pero que es clave para la supervivencia, la simple y llana supervivencia, y no sólo la nuestra.

Aurora Pimentel

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