Viernes, 21 Julio, 2017

Serlo, parecerlo y el séptimo


msolano11-foto2 Como aquí estamos para recuperar los valores  y principios cuya pérdida es en parte causante de esta crisis,  no he podido evitar traer a colación uno de los grandes problemas que acusa España, el de la corrupción política.

Los titulares de estas semanas demuestran con sorprendente claridad que la corrupción no está genéticamente ligada a la ideología política. Las vergüenzas ajenas -y propias donde las haya- han emborronado siglas, puños con rosas y gaviotas como síntoma de que quien peca no es un partido sin alma sino el hombre en su libertad.

El problema de esta cuestión es que si la miramos desde el punto de vista de la doctrina social de la Iglesia, caeremos en la cuenta de que los que roban quizá hallan sido buenos gobernantes, siempre que su actitud innoble no merme su dedicación al bien común a través de unas normas justas dictadas por la recta moral y que no atenten en ningún caso contra la ley natural. Pero no es ahí, en el bien común donde se asienta el problema.

Aquí el drama de fondo es que lo que se violenta es el séptimo mandamiento. Simple y llano. Se roba. Roban muchos. Roban demasiados. En una ocasión, de visita en Camerún, escuché un comentario que me hizo reflexionar: aquí, el político que no favorece a su tribu es considerado un inepto. No tiene opción alguna de ganar en las siguientes elecciones. En España, la persona que no halla el vericueto para defraudar a Hacienda, es un incapaz de marca mayor.

Escuchaba el otro día en animada conversación que no es delito tener el dinero en un paraíso fiscal si se cumplen con los criterios de tributación. Pero apostillo que con bastante frecuencia las dos realidades van asociadas, sin contar, además, con el hecho de partida: el objetivo principal de estas filigranas fiscales suele ser sustraer parte del dinero que iba precisamente destinado al bien común.

De ahí el título de este texto. No es sólo serlo, sino parecerlo. Y da una impresión cuanto menos reprochable descubrir que el mismo entorno político que argumenta con primor los motivos por los que el español medio ha de pagar más impuestos, busque la estratagema, incluso legal, por qué no, para huir de los gravámenes con los que obliga a los demás.

Pero claro, eso lo hacemos todos. Ya saben que soy amiga de las viñetas porque a veces hablan más claro que las palabras, les dejo una, de Conchito, colaborador habitual de http://www.forouniversitarioelescorial.com, que dice mucho con pocas palabras. Ahí está la clave: la sociedad tiene que recuperar la plena conciencia de que defraudar es robar, se robe mucho o se robe poco, y no vale justificación alguna en que no hay derecho a estos impuestos que nos han tocado.

Conchito, para el Foro Universitario el Escorial

Conchito, para el Foro Universitario el Escorial

Dice el 2401 del catecismo: “El séptimo mandamiento prohíbe tomar o retener el bien del prójimo injustamente y hacer daño al prójimo en sus bienes de cualquier manera. Prescribe la justicia y la caridad en la gestión de los bienes terrenos y los frutos del trabajo de los hombres. Con miras al bien común exige el respeto del destino universal de los bienes y del derecho de propiedad privada. La vida cristiana se esfuerza por ordenar a Dios y a la caridad fraterna los bienes de este mundo”.

María Solano Altaba
@msolanoaltaba

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