miércoles, 22 noviembre, 2017

El rechazo espiritual de Lorca hacia NYC


0Lorca se marchó a Nueva York porque Dalí y Buñuel se burlaban del costumbrismo que enrarecía sus versos y los cubría de pintura plana. Lorca se transmutó en poeta expresionista cuando llegó a la ciudad de los rascacielos, porque descubrió que no había mejor manera de poner por escrito su mundo interior. Los edificios “extrahumanos“, todas ese crecimiento vertical desproporcionado, la economía sin raíces y quizá lo que el poeta Emilio Carrere había expresado como “ciudad tartufa, sin lumbre espiritual“, le provocaron un rechazo natural que quiso evidenciar en esos versos desgarrados.

Si a veces el sentido de su poemario es ambiguo, no hay más que dejarle hablar en prosa para entenderle, “las aristas suben al cielo sin voluntad de nube ni voluntad de gloria, ascienden frías, como una belleza sin raíces ni ansia final. La impresión de que aquel inmenso mundo no tiene raíz os capta a los pocos días de llegar“. garcia_lorcaLa imagen del rascacielos como planta sin raíz es muy poderosa, ya que parece equivocada. No existe nada en el planeta más firme que un edificio de dimensiones extravagantes. Sin un cálculo exacto de asentamiento, se vendría abajo. Pero Lorca insiste que la raíz no está en la matemática.

Le tocó vivir la ciudad del crack bursátil y sus terribles consecuencias. Debía estremecerse cada vez que leía en la prensa el número de suicidios provocados por la desesperanza, “y yo, que soy de un país que como dice el gran padre Unamunosube por la noche la tierra al cielo“, sentía como un ansia divina de bombardear todo aquel desfiladero de sombra por donde las ambulancias se llevaban a los suicidas con las manos llenas de anillos”. Lorca escribió sobre la danza de la muerte, que se prodigaba por las aceras, pero “una muerte verdaderamente muerta, sin ángeles ni resurrexit. Muerte alejada de todo espíritu, bárbara y primitiva como los Estados Unidos, que no han luchado ni lucharán por el cielo“. Dramático pasaje del poeta en que abandona todo lirismo para helarnos la sangre con esa muerte verdaderamente muerta.

1338277850_0Tiene además un poema religioso en el que explícitamente muestra que hasta Nueva York no llega la eucaristía, que allí no hay esperanza de construcción espiritual, “la aurora llega y nadie la recibe en su boca/ porque allí no hay mañana ni esperanza posible“. Julio Neira comenta estos versos, “la aurora simboliza la eucaristía, en la que ya nadie cree, como tampoco en una vida futura . Conviene recordar que todo el libro transmite un sentimiento de pérdida (el amor perdido, la amistad perdida, la fe perdida en la religión)“. Dámaso Alonso dice displicente que Lorca exageraba, que lo pasó divinamente, pero no está de más advertir la rabia o protesta espiritual que bulle en la sangre del poeta.

Agustín Guzmán del Buey

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