Miércoles, 16 Agosto, 2017

Épica for dummies


Obama-back

 

Yo de pequeña quería ser negra. Quería rastas, grandes pendientes y poco más, porque en realidad sólo había visto a gente negra en la televisión. Pero sabía que esas mujeres que gastaban el doble de labio que yo tenían algo que a mí me faltaba: un orgullo de raza, una historia con dignidad de museo, formaban parte de una identidad que defendían.

Es más, me daba igual ser negra que judía, piel roja o, por lo menos, americana. En cualquiera de los casos tendría algo que contar y un orgullo de pertenencia que yo, incipiente española de los años noventa, envidiaba profundamente. Sólo hacía falta mirar los libros de historia: me hubiera gustado ser nieta de tantos de esos abuelos. Sin embargo, en los breves temas dedicados a la construcción de la España contemporánea las fotografías olían a vajillas Duralex y gotelé. Una historia de andar por casa.

España vive una de sus peores crisis y seguramente me toque pagar algún impuesto por utilizar esa afirmación tan manida en un artículo. España vive sus horas bajas y ninguna medida del Ejecutivo, Merkel o la mismísima Bruselas nos sacará de ésta si no se deciden los españoles uno a uno. Y los españoles tienen pereza de España, que es nuestra versión de la náusea sartriana. Una pereza nacional de ponerse a salvar algo tan cutre, con la de problemas que da siempre y la de gente que se termina aprovechando. ¿Qué menos que luchar por algo que nos atraiga?

Leo que mi querido Barack Obama siempre está acompañado por su fotógrafo – el gran Pete Souza –. Cuando recibe a ministros, cuando repasa discursos, cuando juega con su hija pequeña, cuando susurra en el oído de su mujer. Ha dicho en alguna ocasión que “es una de las cosas a las que más cuesta acostumbrarse a los nuevos presidentes”; ¿por qué aceptar entonces esa intromisión constante, esa molestia que amenaza siempre con escapar a su control? ¿Por qué no limitar las fotos al apretón de manos? Porque la historia no sólo ocurre, sino que necesita ser contada. Porque un gobierno no sólo debe tomar medidas sino generar un relato, como diría David Gistau, una historia dentro de la Historia.

Si desde Moncloa empezaran a fluir las imágenes del presidente remangado, gesto compungido, calculadora en mano, haciendo noche con los ministros para recortar lo menos posible, quizás se mitigaría nuestra sensación de desamparo. Mariano, danos una épica y moveremos España.

Guadalupe de la Vallina

Comentarios

  1. Ángel Fernandez dice:

    ¡Caramba con nuestra amiga Guadalupe¡,….. hoy escribe “en directo”, tal cuál,…. fluye su verbo (tan bueno como sus fotos) y cuenta / narra la vida misma, lo que pensamos pero no decimos por pura vagancia. Qué gustazo para iniciar el lunes.

  2. me encanta Lupe ,,,es simplemente autentico un besote

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