Miércoles, 16 Agosto, 2017

Una saga y una broma


La imaginación es una vivienda donde los herejes hacen ruido con el Apocalipsis
Juan Carlos Mestre

 

Vasili Aksiónov

Vasili Aksiónov

Lo más importante que he leído en 2012 es ‘Una saga moscovita’ de Vasili Aksiónov y ‘La broma infinita’ de David Foster Wallace. La obra de Aksiónov tiene pretensión de totalidad y es digna sucesora de las impresionantes ‘Guerra y paz’ de Tolstoi y ‘Vida y destino’ de Vasili Grossman. Cada una de estas tres magnas creaciones coloca en la literatura sendos momentos cruciales de la historia rusa y universal: la invasión napoleónica, la invasión nazi y el estalinismo. 

Vasili Grossman

Vasili Grossman

La obra de Grossman es hija directa de Tolstoi, y adopta parecidas estrategias narrativas: presenta episodios bélicos en los que resplandecen la entrega y el heroísmo junto con secuencias alejadas del frente en las que la vida continúa en condiciones increíblemente difíciles. El recurso que en Tolstoi alcanza grados sublimes de maestría de mantener abiertos diversos frentes narrativos que gravitan alrededor de distintas personas de una misma familia, es empleado por sus aventajados alumnos de manera igualmente eficaz.

Leon Tolstoi

Leon Tolstoi

En el caso de Tolstoi la familia pertenece a la nobleza y, paradójicamente, es enormemente devota de todo lo francés. Grossmann elige a la familia de un brillante científico. Aksiónov nos presenta la familia del eminente cirujano Boris Gradov. ¿Por qué es esto así? Porque los tres novelistas se están representando a sí mismos en las personas de los patriarcas de las respectivas familias que centran la peripecia novelística: el personaje de Pierre es un noble, al igual que lo fue Tolstoi, que quiere alejarse del entorno nobiliario, mientras que Vasili Grossman fue ingeniero químico, como su protagonista Viktor Shtrum. Por último, Vasili Aksiónov ejerció brevemente la medicina. En la página 1073 de ‘Vida y destino’ un personaje dice: ‘Sí, creo en Dios […] Cada época crea un Dios a su propia semejanza’. Acaso los dioses literarios no hayan hecho otra cosa que retratarse a sí mismos en sus novelas.

‘Una saga moscovita’ muestra los espeluznantes mecanismos represivos de la colosal mentira estalinista tan elogiada en occidente durante décadas. A la cabeza de la abyección más repulsiva figura Lavrenti Beria, el jefe de la policía de Stalin que, según Aksiónov, se dedicaba en sus ratos libres entre purga y purga a secuestrar jovencitas para lo que es fácil imaginar. Curiosamente la figura de Stalin, tanto en la obra de Grossman ⎯con el genial episodio de la llamada de teléfono a Viktor Shtrum⎯, como en la de Aksiónov ⎯en sendos reconocimientos médicos⎯ parece estar por encima de todo y se nos muestra como un dirigente sinceramente preocupado por la ciencia en la Unión Soviética (Grossman) y un ser cercano y vulnerable (Aksiónov), al tiempo que la espantosa maquinaria de destrucción puesta en marcha por él opera sin descanso.

“Acaso los dioses literarios no hayan hecho otra cosa que retratarse a sí mismos en sus novelas”

David Foster Wallace

David Foster Wallace

El interés de David Foster Wallace por el tenis queda acreditado en el maravilloso artículo de 2006 aparecido en el New York Times ‘Roger Federer considerado como una experiencia religiosa’. Él mismo destacó en este deporte durante su juventud. Durante más de veinte años estuvo consumiendo el antidepresivo Nardil. Quienes han investigado el asunto no tienen claro por qué dejó el fármaco ni por qué se suicidó, aunque el asunto quizá tenga que ver con los problemas para sacar adelante su inacabada novela póstuma ‘El rey pálido’ al cabo de más de una década de trabajo. ‘La broma infinita’ es una novela ambientada en una escuela de tenis. Las drogas, el humor, la insistencia en lo absurdo, lo grotesco, lo conspiratorio, son el telón de fondo de esta apabullante narración psicotrópica en la que brilla por su ausencia cualquier plan narrativo abarcador.

Cientos de personajes desconcertantes pululan por las estupefacientes páginas de esta novela excesiva que da la impresión de habérsele ido de las manos a DFW, un escritor superdotado que malogra su talento por la falta de intención final de su obra. No me refiero a que una novela tenga que encerrar una tesis, evidentemente, pero un escritor que publica una obra de 1200 páginas le está pidiendo a un lector veinticuatro horas de su vida con algún propósito, y en demasiadas ocasiones ‘La broma infinita’ tiene el aire de un esperpento de ribetes existenciales y trágicos que avanza a golpe de ocurrencias. Al acabar la lectura predomina la sensación de que conocemos una enormidad de detalles nimios de la vida de multitud de personas que se le han marchado vivas al autor. Por otro lado, hay temas con un enorme potencial que quedan sin desarrollar en absoluto, como por ejemplo la extensa carrera cinematográfica alternativa de James Incandenza, en contra de lo que dice la nota editorial más mendaz que yo recuerdo.

Miguel de Cervantes

Miguel de Cervantes

Pese a la controversia existente sobre el particular, la obra de DFW se inscribe en la corriente cervantina abrazada por la postmodernidad de considerar la realidad como un juego. Sin embargo hay una diferencia fundamental: Cervantes emplea lo lúdico, al igual que Tolstoi, Grossman o Aksiónov emplean sus propias estrategias narrativas, para mostrar en qué consiste la vida, mientras que David Foster Wallace escribe para escapar de ella.

 Álvaro Fierro Clavero

Comentarios

  1. Una sociedad…universal, a través de la cual una cantidad de individuos circulaba sin restricciones, ejerciendo el comercio, maniobrando el mundial ejército, viajando por curiosidad o para cultivarse, y por todas partes cambiando ideas, aprendiéndose y aprendiendo, produciendo un estado de ánimo en el cual el problema metafísico de la muerte y la supervivencia se imponía espontáneamente. Entonces, a través de todo el mundo…con todo su esplendor y noble aprecio por la belleza y el orden, se oyó una nota estridente y dominante ¿qué nota? DESESPERACION. (Edito ligeramente a Hilaire Belloc “La crisis de nuestra civilización” en edición argentina)
    ¿Qué a DF Wallace le falta intención final en su obra, que “brilla por su ausencia cualqueir plan narrativo abarcador”? Tal vez como usted lo leyó antes ya se le ha olvidado pero está claro: La broma infinita aspira a ser “la broma infinita” del título, el final y tal vez inexistente video de Incandenza que produce la estupidez y la muerte a quien lo contempla; broma infinita que Wallace aspira a hacer “obra definitiva”.
    Por lo demás la diferencia entre Tolstoi, Aksionov, el mediocre Grossman y Wallace es obvia: la desesperación que se ha enseñoreado del mundo entre los primeros y el último (que por otro lado estaba loco, como dijo un amigo al salir del Museo van Gogh en Amsterdam)
    Gracias por no abrumarnos con la lista total de sus lecturas anuales.

  2. La mujer olmo dice:

    Interesante artículo aunque ya no me apetece leer la broma infinita. Lo cierto es que no conozco a ningún escritor que no quiera escapar de la realidad.

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