Miércoles, 16 Agosto, 2017

Ser y estar


George_MacDonald

Mientras escribo, en este momento que para usted es otro, una película de aventuras estalla en la pared que guarda mis espaldas. Frente a mí, desde el salón del otro vecino, su majestad Juan Carlos I despliega su borbonísima papada y su dolce dire niente. A mi izquierda una pequeña radio retransmite la respiración trabajosa de un lactante con la nariz taponada. A lo lejos el móvil vibra, a lo lejos.

Y yo, por supuesto, no escribo.

Vuelvo a empezar. Control, tabulador, Word. Otro vistazo a la foto. Ya recuerdo.

“Queridos Reyes Magos:

Sabéis que lo he intentado, sea cual sea el resultado. La intención de ser buena, estaba. Y vosotros suplís lo que falta con la misericordia que sabéis repartir desde el camello.

No vengo a pediros cosas, que tengo muchas. Querría tener más, claro, nunca basta nada, pero no os escribo por eso. O quizás sí.

Veréis, yo no sabía quién era George MacDonald, ni conocía su influencia en C. S. Lewis o Tolkien – ambos en mi lista de gente a la que invitar a tés en el más allá –, ni sabía que se editaban sus cuentos en español estas navidades. Pero leyendo el periódico, mientras respondía un email, mientras me secaba el pelo boca abajo, mientras preguntaba a don Pepito si pasó por casa de Don José, vi su foto en blanco y negro y me llenó de repente un deseo, que es el que os traigo a esta carta.

Queridos Reyes Magos: quiero ser una. Quiero que toda mi vida se concentre en el presente, llevar lo que soy siempre puesto, aquí mi fusil, aquí mi pistola. Y alrededor, el silencio. Quiero estar siempre vestida para la ocasión – vestida por dentro, se entiende – y conformarme con el espacio en el que apoyar el folio. No por ser pequeña y humilde, que de humildes está lleno el mundo, y algo cansado. Sino para ser flecha bruñida y no andar por ahí perdiendo fuerzas en encontrarme. Quiero, queridos Reyes, una autoconciencia o algo de ese calibre, que ponga en modo avión el resto del mundo cuando sea necesario.

Yo no sé si el paso de blanco y negro a color, a vídeo, a píxel, a flash, es lo que nos ha dividido para acabar derrotándonos por agotamiento, buscando la pestaña del navegador correcta entre las otras diez que no queremos cerrar. Quizás también los hombres de blanco y negro de esas fotos, que habitan un presente continuo, os escribían cartas maldiciendo la dispersión existencial. A lo mejor sigue siendo posible, para mi generación, vivir en un presente eterno.

Os dejo el anís y las galletas donde siempre. Besos.”

 Guadalupe de la Vallina

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