Miércoles, 16 Agosto, 2017

La libertad en manos del mejor escritor norteamericano


la foto-76El año 2012 fue el año en que leí Libertad, de Jonathan Franzen. Hice más cosas, pero aquello me gustó mucho. Tengo un amigo que no lee los libros recién nacidos de un autor, si previamente no se ha devorado sus primeros. Yo creo que a leer, como a entender a los demás, empezamos donde podemos, o nos dejan. La de Franzen es una novela sobresaliente. Carlos Boyero la dejó inmediatamente, le pareció soporífera, bueno, cosas del gusto. La crítica de Juan Manuel de Prada fue una deconstrucción literal, “la literatura de Franzen es solipsista y farragosa, muy representativa de la gangrena que corrompe a buena parte del arte contemporáneo, empeñado en elevar la inanidad a un pedestal de adoración. Cuando escribo `inanidad´ quiero decir vacuidad, nadería, insignificancia”. Con esas cartas de recomendación había pocas expectativas de éxito, pero sobreviví porque de Prada no tiene razón.

Es verdad que Franzen apunta hacia nuestro tiempo, y en este siglo tenemos mucha desestructura a la vista. Circulan matrimonios de desecho, hay ceniza en las relaciones y una persistente urticaria de hedonismo, pero es lo que hay. En la novela una madre que ha perdido la autoridad sobre su hijo, le grita patéticamente, “¡debes contármelo, soy tu madre!”; y el padre sólo se ocupa en sembrarle una mentalidad caprichosa, “haremos todo lo que tú quieras”. Vamos, un espanto. Franzen es un maestro en delinear los malentendidos en las relaciones, las incomprensiones mutuas… Todo eso tan propicio a la parrafada exagerada, él lo envuelve en contención, y nos muestra magníficamente la tristeza en la fragilidad de no saber hacer las cosas como conviene.

Jonathan-Franzen-006Anoto un párrafo que me parece suficientemente explicativo de la deriva de muchos de los protagonistas: “No sabía qué hacer, no sabía cómo vivir. Cada cosa nueva con la que se cruzaba en la vida, lo impulsaba en una dirección que lo convencía plenamente de que era la correcta, pero de pronto surgía ante él otra cosa nueva y lo impulsaba en la dirección opuesta, que también se le antojaba correcta. No había una línea argumental. Se veía a sí mismo como la bola puramente reactiva de una máquina del millón en un juego cuyo único objetivo era seguir vivo por el mero hecho de seguir vivo”·.

Pero, tras todas las torpezas existenciales, en Libertad aparece una búsqueda latente de estabilidad en las relaciones, una verdad del corazón que quiere encontrar asideros firmes en el amor. Lo explicaré de una forma más filosófica: hay en la novela una nostalgia de construcción amorosa, la que se hace en sosiego, frente a la libertad definida como capacidad de tener infinitas opciones.

jonathan-franzen-freedom-0910-lgVamos con la trama. Patty y Walter Berglund son miembros de una nueva y floreciente clase urbana, pioneros en la recuperación de un barrio degradado. Además de madre modélica y esposa perfecta, Patty es la vecina ideal, la que sabe dónde se reciclan las pilas y cómo escoger un colegio adecuado para los niños. Junto con su marido Walter, abogado ecologista y ferviente defensor de la bicicleta, aportan su grano de arena a la construcción de un mundo mejor. 
Sin embargo, la llegada del nuevo milenio pone la vida de los Berglund patas arriba. Su hijo quinceañero se instala en casa de los vecinos republicanos, Walter acepta trabajar para una compañía minera, y Richard Katz, antiguo compañero de Walter, rockero extravagante y mujeriego empedernido, cobra un protagonismo insospechado en la pareja. Pero aún más desconcertante es la evolución de Patty, que de ser la figura más activa del barrio se ha transformado en una mujer ensimismada en la búsqueda de su propia felicidad.

La novela tiene un amplio desarrollo y un epílogo. El gran capítulo que vincula todas las tramas se denomina “Se cometieron errores”, un inventario de avatares cargados de equivocaciones, en el que el lector siente una lástima profunda por esos personajes que nunca atinan. Pero a Walter y a Patty no les aguarda la desesperación. El epílogo es una joya de eso que se pudiéramos denominar el amor verdadero, el campo magnético que genera el amor en torno a sí y que nada tiene que ver con el empujón primero del corazón, ¿se me entiende? “Ella vio con toda claridad, por fin, que él era incapaz de ser de otra manera”. Sencillamente lo aceptó, y descansó de una vez.

Jonathan-Franzen-007Franzen enseña, siempre literariamente, que no se puede volver atrás en las relaciones que anduvieron torcidas, ni acusar de las equivocaciones de manera inmisericorde, sino aceptar la debilidad y perdonar. Y hay que subrayar que el lector ha oído como en confesión todas esas disfunciones en la relación. ¿Por qué el matrimonio protagonista no ha conseguido divorciarse a pesar de todo lo leído? “Patty puede imaginar varias razones desalentadoras por las que Walter no le ha pedido el divorcio. Pero no consigue imaginar ningún impedimento visible para volver a estar juntos. La idea no le abandona. Ese anhelo de la cara y la voz y la ira y la bondad de Walter, ese anhelo de su compañero”.

franzen-time-aY es cuando Walter deja de mirarse a sí mismo, “por tanto, dejó de mirarle los ojos y empezó a mirarla a los ojos. Y eso le permitió ver toda la vileza que había dentro de él, todos los odios de dos mil noches solitarias, mientras los dos seguían con el contacto con el vacío, en que la suma de todo lo que habían dicho o hecho alguna vez, todo el dolor que habían infligido, toda la alegría que habían compartido, pesarían menos que la pluma más insignificante flotando en el viento. –Soy yo –dijo ella- sólo yo. –Lo sé –dijo él, y la besó”.

El perdón es el protagonista oculto de la novela, y no te lo enseñan unos personajes ejemplares, sino los emocionalmente burdos.

Javier Alonso Sandoica

Comentarios

  1. Yo estoy de acuerdo con de Prada. Le felicito por haber sabido encontrar lo que comenta en este libro, yo he sido incapaz de hallar nada bueno. Dicen que el difunto Umbral lanzaba los libros malos a una piscina (con agua), yo los pongo en un altillo afectado de humedades y eso he hecho con éste que me regalaron con buena intención. Tal vez como dijo Nabokov sólo los lectores malos o muy buenos puedan disfrutar de él. Gracias

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