lunes, 11 diciembre, 2017

Los médicos deben cambiar de estrategia


cartela1Hace muchos años, casi un cuarto de siglo, mi amigo Collado consiguió su primer trabajo como recepcionista de noche en un hospital privado del centro de Madrid. A eso de las once yo llegaba con un termo de café y unos sándwiches de Ferpal para escribir el guión de una película que queríamos rodar. Eran noches largas en las que no paraba de entrar gente para hacerse todo tipo de pruebas médicas. Aquel guión fue un desastre, pero aprendí cómo funcionaba la gestión privada de la sanidad. Las maquinas, los quirófanos y los laboratorios funcionaban veinticuatro horas al día. Era normal que un paciente llegara sobre las cuatro de la madrugada para hacerse una radiografía. Es decir, comprobé que se amortizaban los recursos y se optimizaban los resultados.

Como usuario de la Sanidad Pública preferiría que me citaran mañana a las tres de la madrugada para cualquier tipo de prueba, a tener que esperar semanas para acudir al hospital en horario de oficina. Cuando argumento mi propuesta en cualquier reunión de amigos suelen echarse las manos a la cabeza diciéndome que eso es una barbaridad. Pero si estamos encantados de embarcar en un avión con destino a Venecia, para disfrutar de un romántico fin de semana, a las 4.40 por la puerta B38 de la T4 de Barajas ¿Por qué no podemos acercarnos al Marañón para hacernos una colonoscopia que nos puede salvar la vida?

Estoy de acuerdo con Rubalcaba (fino estilista), en que nuestro modelo sanitario es magnifico. También lo es un Rolls Royce del año 51, pero no me lo puedo permitir.

Los médicos se han equivocado con una huelga que ha dejado sin atención cuarenta mil consultas y cerca de seis mil operaciones programadas sin realizar. Los pacientes estamos en el mismo barco que los médicos, la Sanidad Pública es de todos, y reivindicar que todo siga como está es como cogernos de la mano para ver qué se siente al despeñarse por una ladera. La Marea Blanca ha conseguido el efecto contrario al que pretendía, se ha dejado de hablar de lo importante. Está claro que el modelo tiene que cambiar si no queremos perder hasta la camisa, pero se trata de hacer que se establezcan unos férreos sistemas de control sobre las empresas que gestionen los hospitales y centros sanitarios. Ese es el auténtico debate.

“Estoy de acuerdo con Rubalcaba (fino estilista), en que nuestro modelo sanitario es magnifico. También lo es un Rolls Royce del año 51, pero no me lo puedo permitir. “

pancartaCuando hace décadas, durante uno de los primeros gobiernos de Felipe González, se estableció el sistema de educación concertada (es decir, colegios privados que funcionan con dinero público) se ató muy fuerte cuáles deberían ser las condiciones que tenía que cumplir cada centro para seguir manteniendo su subvención. El sistema funcionó y funciona. Los profesores ganan más dinero, los chavales están mejor preparados, los padres encantados, y el Estado ahorra más de la mitad en cada plaza (3000 euros anuales en un centro concertado frente a los 7000 euros de una plaza en un centro público. Datos del sindicato USO)

Privatizar la gestión de la Sanidad Pública era sólo cuestión de tiempo. Centrémonos en el cómo. No se debe hacer a la ligera, hay que centrar la mirada en aspectos tan sensibles como los pacientes de larga duración, mantenimiento de la investigación, instalaciones adecuadas y modernas, responsabilidades por negligencia… y otros doscientos aspectos, que seguro que los profesionales de la medicina tienen en mente. Y también, como no, unos sueldos acordes con la formación y responsabilidad que asume nuestro personal sanitario. Conviene recordar que los médicos de la Seguridad Social cobran menos de la mitad que cualquier profesional de los países de nuestro entorno.

Todo eso lo deben asumir las empresas que quieran invertir su capital. Y el Estado debe blindarse con leyes que protejan cada fleco de la Sanidad, por pequeño que sea. Eso es lo que los médicos debería haber reivindicado en la calle de Alcalá, el resto es papel mojado.

José Cabanach

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