sábado, 23 septiembre, 2017

Hard-Core


fotonoticia_20121214145559_500La Orquesta Nacional encargó a Pilar Jurado una obra sinfónica que se estrenó hace un par de semanas en el Auditorio. Los encargos no son para los artistas los deberes que el niño hace a regañadientes en casa, o como aquél a quien mandan limpiar y le viene desgana. Mozart y Haydn tuvieron una vida de encargo, y no hicieron más que producir milagros. Jurado dio a luz Hard-Core, cinco piezas breves para gran opuesta. En el estreno tenía a la artista detrás de mí, feliz y nerviosa, con la atención de la ardilla ante el turista.

En el intermedio, después de Beethoven y Alban Berg, me desveló el significado del nombre. Cada parte iba dedicada a sus cinco amigas del alma, a ese “núcleo duro” que dicen ser cuando andan de charleta y a gusto. La artista quiso pintar en música el perfil de cada una de ellas, con la gama de matices que ofrece la gran orquesta. La segunda parte se abría por tanto con el estreno. Y detrás de mi butaca también tenía a las cinco destinatarias, ansiosas por asistir a un regalo tan sorprendente, algo que no se mide, ni cabe en ningún salón.

Alma MahlerEl ser humano tiene cualidades extrañas que no se encuentran en la naturaleza. El palomo corteja a su hembra sin sorpresa, sigue el dictado que alguien le puso dentro del plumón y él cumple. El hombre en cambio no hace más que desbordarse, hace de la vida una inaudita performance, rompiendo todos los guiones prefijados. Hay un personaje en La boda del poeta, de Skármeta, que al oír una sonata de Mozart le dice a la mujer que ama, “¡pero si eres tú!“. Mahler quiso que su mujer entrara en la sexta sinfonía, incorporando el famoso tema de Alma en el primer movimiento. Y allí permanece ella, y estará siempre que un director se suba al podio.

Es un misterio que se retrate a un ser humano con esa caligrafia de viento que es la música. Porque la pintura y la literatura lo tienen más fácil, usan instrumental reconocible. Cuando Luis del Val resume en palabras a un entrevistado, atina por su pericia y porque las palabras tienen la cualidad de poder abrazarlo todo. Proust le puso rostros a la burguesía de su tiempo en siete volúmenes de la mejor literatura en francés. Pero la música está muy desasistida, sus agarraderas no se detectan así, tan fácilmente. Las amigas de Pilar Jurado se emocionaron no sólo porque se visualizaron en Hard-Core, sino porque reconocieron el carácter de las otras.

Gonzalo Perez. 26/10/11. Pilar JuradoA mí, que no soy muy aficionado a la música programática, me sobrecogió la obra de la compositora. Hay unos solos de violín y viento maravillosos. Además, Pilar Jurado es la gran maestra de las texturas, de la creación de atmósferas. En estos tiempos tan sobrealimentados de bandas sonoras, creemos que la música hace las veces de soporte de fondo de otra realidad, como la imagen. Sin embargo, las atmósferas que crea la artista remiten a sí mismas, tienen una entidad autónoma que emociona al oyente.

Luego, las cinco amigas intentaron traducir en palabras su agradecimiento a la autora, y me fijé que eran incapaces. ¿Pero, quién puede agradecer el asombro? Tras el asombro sólo resta el silencio.

Javier Alonso Sandoica

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