martes, 17 octubre, 2017

Año de Gracia 2013

Año de Gracia 2013

“Año de gracia”: todos los años se nombraban así antiguamente, un modo de llamar al año del Señor después del Nacimiento de Cristo. El calendario, como las horas del día, se marcaban al ritmo de quien es Señor del tiempo.

Año de Gracia 2013




Como tiene un sentido, creo, intentar vivir las horas, los días y hasta los meses al ritmo de la naturaleza, intentar disfrutar de las estaciones distintas, de los paisajes, de lo que nace y muere, de lo que hay o da cada tiempo.


Creo que los humanos vivimos tanto estas fiestas de fin de año como una despedida formal excesiva… porque vivimos poco a veces esos otros ritmos propios de las estaciones y nos quejamos de que llueve cuando llueve, de que hace frío cuando lo hace, para quejarnos más adelante del calor o de lo que sea. O peor: ni nos enteramos a veces de todo lo que pasa ahí fuera, o nos sentimos ajenos, diferentes. Y no: somos seres que necesitamos de rutinas y que vivimos, también, con la luz diferente que da el invierno o la primavera, esa que invita a estar más hacia dentro o más hacia fuera.

uvasCada 31 de diciembre los humanos, más allá de ese otro modo de inicio que es el mes de septiembre, nos despedimos del año y damos la bienvenida al nuevo.

“Año de gracia”: todos los años se nombraban así antiguamente, un modo de llamar al año del Señor después del Nacimiento de Cristo. El calendario, como las horas del día, se marcaban al ritmo de quien es Señor del tiempo.

Es bonito volver a hacerlo más allá de que éste sea al año de la fe. Tiene algo de diario de bitácora de barco en navegación empezar con ese 1 de enero diciendo “del año de Gracia de 2013”. Suena histórico, pero me parece que nos sitúa de un modo diferente.

Como tiene un sentido, creo, intentar vivir las horas, los días y hasta los meses al ritmo de la naturaleza, intentar disfrutar de las estaciones distintas, de los paisajes, de lo que nace y muere, de lo que hay o da cada tiempo. Creo que los humanos vivimos tanto estas fiestas de fin de año como una despedida formal excesiva… porque vivimos poco a veces esos otros ritmos propios de las estaciones y nos quejamos de que llueve cuando llueve, de que hace frío cuando lo hace, para quejarnos más adelante del calor o de lo que sea. O peor: ni nos enteramos a veces de todo lo que pasa ahí fuera, o nos sentimos ajenos, diferentes. Y no: somos seres que necesitamos de rutinas y que vivimos, también, con la luz diferente que da el invierno o la primavera, esa que invita a estar más hacia dentro o más hacia fuera.

Como en septiembre, estos días son de balance y propósitos a veces. Cada año al tomar las uvas nos pueden pasar por la cabeza los días que vivimos, las pérdidas y los fracasos de los 12 meses que acaban. Ves desfilar tu mes de enero renqueando o sonriente, el de febrero habitualmente helador, la Cuaresma que a veces se hace eterna. Luego qué hiciste en Semana Santa, después toda la primavera, larga, corta o casi inexistente, según donde vivas. Y, más allá, el verano, para seguir con el otoño.  Todo un ciclo que acaba de nuevo en las Navidades que cierran y abren el ciclo de nuevo.

“Dejar de fumar”, “adelgazar de una vez por todas”, “hacer deporte”, “acabar de una vez la tesis”. ¿Quién no ha hecho propósitos como éstos o diferentes? Queremos proponernos cosas, logros.  Necesitamos dar a veces un vuelco grande o pequeño, e intentamos poner voluntad en objetivos más o menos alcanzables y posiblemente buenos. Los seres humanos nos hacemos propósitos, tenemos ilusiones, intentamos proyectar, planear, etc. Sólo los animales se deslizan por su vida en el presente sin proyección a futuro ni mirada al pasado.

Yo creo que todo eso está bien, pero me parece también que saberse en el año de Gracia… que sea (2013, 2012, etc), porque todos son años de Gracia, es importante.

Me parece que ayuda al mindfulness –la capacidad de la mente de estar en el tiempo presente, la atención y conciencia plena-, ahora que se habla  tanto de este tema, el sentirse en manos de Dios, queriendo y deseando posiblemente, con ilusiones y proyectos, y también con la voluntad que tanto flaquea a veces, y con paciencia, que flaquea mucho más frecuentemente. Pero sobre todo en esa certeza y en esa consciencia de que estamos en su tiempo, en nuestro tiempo, con paz, sintiendo cada tiempo y sintiéndonos nosotros también, cuerpo y mente.

2013, jaleo para recibirle, como siempre. Mucha gente a menudo. Petardos, uvas, acostarse tarde, lo de siempre. Y el día 1 de enero saber, como en “La leyenda del Santo de Bebedor” de Joseph Roth, que te regalan 200 francos: 365 días, enteros, nuevos, que irán al ritmo que marque el Señor del Tiempo. 365 amanaceres, 365 atardeceres, enteros, para nosotros, es gratis, no cuesta. Es una suerte.

Tiene algo de diario de bitácora de barco en navegación empezar con ese 1 de enero diciendo “del año de Gracia de 2013”. Me parece que nos sitúa de un modo diferente.

Ayuda al mindfulness –la capacidad de la mente de estar en el tiempo presente, la atención y conciencia plena-, ahora que se habla  tanto de este tema, el sentirse en manos de Dios, en su año de Gracia 2013.

Los seres humanos nos hacemos propósitos, tenemos ilusiones, intentamos proyectar, planear, etc. Sólo los animales se deslizan por su vida en el presente sin proyección a futuro ni mirada al pasado

Aurora Pimentel 

Comentarios

  1. Bonita entrada Aurora, y reflexiva, perfecta para una sobremesa y una buena taza de té. Justo lo que vienes a decir aquí es lo que me ha regalado mi tiempo en África, algo que ya va conmigo. Feliz año y gracias por estas palabras que siempre nos dejas. Raquel

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