sábado, 16 diciembre, 2017

Sobre la melancolía navideña

Sobre la melancolía navideña

Si Dickens volviera a escribir hoy Cuento de Navidad dibujaría un Scrooge absorto con su Iphone. Hasta que los 3 fantasmas le revelaran que hay vida (y muerte) más allá de la cobertura y que todo sucede muy cerca, sólo hace falta verlo

Sobre la melancolía navideña




Nos puede dar vergüenza sentirnos solos, o más bien reconocerlo públicamente. Como en esas otras pobrezas, las materiales, pedir ayuda, apoyo, compañía simplemente, cuesta.


Bajo la abundancia o el éxito, en la apariencia de que todo marcha, o en familias con muchos miembros, uno puede sentirse solo. Hay personas muy solas en medio de la gente.

Laguna de LavajosDecía la madre Teresa de Calcuta que la más terrible pobreza es la soledad y el sentimiento de no ser amado. Por eso creo que esta semana la noticia, que es la Navidad, lo es junto a esa melancolía que algunos adultos sienten especialmente en estas fechas. 

La melancolía navideña es  a menudo producto de cierta nostalgia por la infancia, de echar de menos también a quienes no tenemos cerca. Todo esto se puede mezclar con esa sensación de soledad que a veces llevamos dentro. O pueden estas fiestas hacer más evidente nuestra realidad de soledad, no sólo el sentimiento. Depende.

Por eso hay tantas personas a las que les da pereza la Navidad, o se sienten algo tristes en ella. Es comprensible, tampoco se puede estar alegre por decreto. Y es posible la melancolía con la alegría por las fiestas. Otra cosa es que haya que estar atentos a las soledades digamos que fuertes que en estas fiestas se hacen más patentes.

Leo con alegría que algunas organizaciones no lucrativas están consiguiendo más donaciones que en años pasados: hay más comida para algunos bancos de alimentos, más apoyo en comedores,  más voluntarios, etc. Sin embargo, hay otras necesidades que a veces caen en el olvido, quizás porque en algunos casos no son tan evidentes. Y la soledad puede ser un caso de éstos, especialmente en una sociedad como la española que es supuestamente alegre y bullanguera, donde puede parecer que no hay soledad apenas.

Contaba el otro día una familiar que trabaja en Sanidad, que es chocante hoy en día la resistencia que tenemos a la compasión, a inspirar pena. Y es cierto. Y curioso. Basculamos, al menos en Occidente, entre ese victimismo de eterno adolescente que se queja y quiere ser el centro de atención, con el rechazo visceral que nos da llegar a producir pena a alguien, compasión. Preferimos así a veces exigir que pedir por las buenas. O callarnos y rabiar por dentro.

Y esto, en el ámbito de la soledad, se viste  a veces de autosuficiencia (palabra que hoy es talismán), y, sobre todo, de silencio. Porque nos puede dar vergüenza sentirnos solos, o más bien decirlo, reconocerlo públicamente.  Como en esas otras pobrezas, las materiales, pedir ayuda, apoyo, compañía simplemente, cuesta a veces.

Está la soledad de los ancianos, de las ancianas. Está la soledad de muchos niños que pasan poco tiempo con sus padres, algunos sin hermanos apenas. Está la soledad también de algunos adolescentes y jóvenes que, por lo que sea, tienen pocos amigos, no acaban de encajar, se sienten raros o diferentes. Son todas soledades por las que se puede pasar de puntillas aunque las tengamos muy cerca.

Bajo la abundancia y el éxito, en la apariencia de que todo marcha, en familias con muchos miembros, uno puede sentirse solo, más unido por una cuestión formal que de corazón. Recuerdo un jefe mío que no se iba a las 6 de la tarde a su casa y con su familia el día de Nochebuena y se extrañaba de que los demás quisiéramos irnos. Hay personas muy solas en medio de la gente.

Está bien todo lo del facebook, las redes sociales, los blogs, el what’s up, los sms, etc ., que tanto nos facilita la vida a muchos efectos. Pero detrás de todo eso yo creo que está la soledad. Por eso todo ello tiene su éxito y apacigua, de un modo limitado siempre,  la soledad.  También hay otras razones de su éxito, por supuesto, pero la soledad me parece que es una de ellas.

Quizás es un poco contrasentido que con toda esa parafernalia a la que dedicamos a menudo mucho tiempo no estemos realmente con quienes estamos más cerca o no dediquemos más tiempo a personas que vemos, con las que vivimos o trabajamos, a nuestra propias familias o amigos. Si Dickens volviera a escribir hoy Cuento de Navidad dibujaría un Scrooge absorto con su Iphone  y solo, a su bola. Hasta que los 3 fantasmas le revelaran que hay vida (y muerte)  más allá de la cobertura y que todo sucede muy cerca, sólo hace falta verlo .

Aurora Pimentel

 

Comentarios

  1. Teresa Campoamor dice:

    Creo que estamos en un momento donde las relaciones son muy superficiales. En la era de la comunicación estamos más incomunicados que nunca. El facebook, el WatsApp, ni el móvil, sustituirán nunca al café compartido, a la mano amiga ,o la palabra con aliento en una mirada querida.
    Dejas de contar tus cosas cuando te das cuenta que no merece la pena contarlas. Porque nada va a cambiar.Porque es más importante qué como, qué mantel pongo, o cómo me visto, que dedicar media hora a quien se siente solo. En nuestras vidas ajetreadas, a veces innecesariamente, no tenemos tiempo para el otro. Besos y Feliz Navidad.Teresa

  2. Teresa, perdona, no vi tu comentario. Gracias por tu lectura y o que dices ¡vamos demasiado rápido!

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