Miércoles, 26 Julio, 2017

La clave de la economía en los 140 caracteres de un tweet


pontifex2Nunca trinó Twitter tan alto como el día de la Virgen de Guadalupe, cuando el Papa se estrenó en esta red social que permite la comunicación instantánea condensada en 140 caracteres. Cientos de miles de personas, fieles y menos fieles a juzgar por los comentarios, no siempre en positivo, llevaban una semana pegados a los ocho perfiles del Papa -en distintos idiomas, árabe incluido- esperando una breve voz digital que no podía ser sino síntesis de las prolijas enseñanzas que dejó Cristo en su paso por la tierra y que después ha desarrollado la Iglesia en su extenso Magisterio.

Pero en el devenir presente vivimos a golpe de titular. No solo necesitamos la voz elocuente sino también la voz sintética. En la era de las Nuevas Tecnologías donde la información fluyesen límite de espacio, tiempo o coste, no nos hemos convertido, curiosamente, en animales lectores de grandes cantidades de información sino en animales selectores entre grandes cantidades de información. Y el Papa ahí ha dado en el clavo, incluso aunque no sea él el que envía personalmente los tweets, incluso aunque todos sepamos que el ámbito en el que se mueve como pez en el agua es en el del pesado libro de papel con letra de imprenta que aún derrama tímida sus colores.

De entré los primeros tweets que, con un intervalo de tres horas, ha lanzado el Santo Padre, ha habido dos, una pregunta y su respuesta, que creo que dan, entre líneas, la clave para la salida de la crisis económica que nos está comiendo el bolsillo y la ilusión a partes iguales.

“¿Qué nos aconsejas para rezar más en medio de nuestras obligaciones profesionales, familiares y sociales?” “Ofrece al Señor todo lo que haces, pide su ayuda en todas las circunstancias de la vida diaria, y recuerda que él siempre está a tu lado”.

El primer tweet, una pregunta, no sólo encierra una de las grandes preocupaciones del hombre en la actualidad, sino que al mismo tiempo incide en la causa que ha provocado un doble efecto: la pérdida de la fe por la falta de tiempo para lo oración y la pérdida del sentido ético de la vida al dejar de meter la fe en la cotidianidad.

Las respuesta del Papa, en toda su brevedad, es todo un tratado de teología que, al mismo tiempo, podríamos trasladar a esa fe sencilla y sincera que profesan los niños. Me detengo en la primera parte de la frase, que esconde un sinfín de elementos. Detrás del ofrecimiento al Señor del trabajo se esconde mucho más que una manida oración vocal. Para empezar, muestra que el fin último del trabajo es Dios y borra la concepción moderna del trabajo como un fin en sí mismo, no como un medio, enfoque que ha provocado la sobrevaloración de la riqueza y de la posición profesional. Y además, enfoca el valor corredentor del trabajo que es querido por Dios desde el principio de la creación, trabajo que requiere esfuerzo como consecuencia de nuestro pecado, pero que no sólo no es castigo, sino que Dios lo quiere en su patena. Como consecuencia de este valor extraordinario que la Iglesia otorga al trabajo y que el Papa ha clarificado en sus encíclicas, de marcado tono económico, la actividad profesional del hombre no puede quedar ya al albur de utilitarismo individualista. Si Dios quiere un trabajo ofrecido no es sólo porque le profesemos el amor sobre todas las cosas que nos ha reiterado en el Antiguo y el Nuevo Testamento, sino porque quiere que cumplamos ese mandato desde la segunda proposición de igual obligado cumplimiento: amar al prójimo como a nosotros mismos. Es ahí donde el ofrecimiento de nuestra vida diaria al señor adquiere un cariz ético sin precedentes. El foco de nuestra labor, puesto en el amor a Dios, queda dirigido de manera automática hacia el amor al prójimo.

Si es el prójimo el objeto de nuestros desvelos laborales, la crisis económica empezará a remitir de manera evidente en una cadena de bondad en la que será la propia justicia la que sirva para regular los mercados al buscar todos el bien de los demás. El Papa lo ha conseguido: todo en un solo tweet.

María Solano Altaba
@msolanoaltaba

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