Lunes, 26 Junio, 2017

El solista


María Smith

María Smith

No era la primera vez que Steve López  buscaba una historia para su columna, algo con lo que poder rellenar  esa hoja de papel reciclado, que junto con otras tantas forman uno de los periódicos más leídos de EE.UU., “Los Ángeles Times”.   Este es el verdadero drama de los periodistas. Las historias.

El_Solista

Tampoco era la primera vez  que Steve López escuchaba a Beethoven a través de un violín. Sobretodo trabajando tan cerca del “Walt Disney Concert Hall”.  Digan lo que digan, las primeras veces no son siempre las más especiales. Pero un momento de gracia hizo que  Steve  escuchase por primera vez de verdad, de ese modo que te cautiva y  reclama.

La música, como todo aquello que es bello, tiene algo que siempre nos recuerda lo pequeños que somos y lo grandes que son nuestros anhelos; a la vez que nos llena, Beethoven no puede más que hacernos saber que nunca nos colmará. Beethoven sabía eso, probamente mejor que nadie. Así  fue como por primera vez Steve López encontró a Nathaniel Ayers, un esquizofrénico, “sin techo” que tocaba un violín al que le faltaban dos cuerdas (tengamos en cuenta que el instrumento, cuando completo, solo tiene cuatro), a pesar de que de haber sido una joven promesa del chelo y estudiante de la prestigiosa Escuela Julliard. A algunos les sonará esta historia gracias a la película “El solista”, unaproducción de 2009 que, en mi opinión, es de ésas que si se saben escuchar bien nunca deja de ser actual.

Nathaniel_AyersLos Ángeles suele vivir de escenarios, de falsos decorados y edificios endebles, tras los que se esconden millones de inmigrantes ilegales, muchos sueños rotos y probablemente la mayor población de indigentes que haya en Estados Unidos.Dentro de ese tumulto de rostros desfigurados y paranoias mentales, se encuentra  Nathaniel  que, como tantos otros, vive en Skid Row, un barrio del centro donde se concentran la mayoría de los “sin techo” de la ciudad, aproximadamente 9000  antes de 2008 -ahora que la crisis ha hecho sus estragos calculémosle unos cuantos más-, de ellos cerca de 2000 son niños. Un barrio que no cuenta con más de un par de bloques de viviendas donde aquellos que pueden, los más afortunados, viven hacinados. Más o menos como los repudios para leprosos de siglos pasados. Parece que lo de barrer debajo de la alfombra es un común en toda civilización y periodo histórico.

Nathaniel_Ayers_2Cabría pensar que esto no corresponde a un país “primermundista” como lo es Estados Unidos y  cabe reflexionar- por la parte que nos toca-qué parte de culpa del alto nivel de indigencia que hay en “la gran nación”  se debe a los recortes en el gasto gubernamental que en su momento realizó Ronald Reagan, quien decidió cortar las ayudas a familias en riesgo de marginalidad, a pacientes con enfermedades mentales y cerrómiles de asilos y centros de acogida y asistencia. Ronald Reagan dejó la casa blanca en 1989, pero su legado sigue vigente hoy, en lugares como Skid Row, en las calles de Detroit o en Barrios neoyorquinos como Harlem.  Lugares donde se dan a la vez deshumanización y  esperanza, la que corre por los ojos de aquellos que dedican su tiempo a trabajar en estas calles, a pesar del desgaste emocional, del miedo o del saber que es muy probable que estas aceras, no queden limpias nunca. O la de aquellos ciudadanos que, siendo conscientes de la situación y de sufrir la crisis, siguen apostando por un gobierno que no deje de lado a los más desfavorecidos, a pesar de los sacrificios que esto pueda significar para los ciudadanos.

En estas calles se fraguó, a través de la música, la amistad entre Steve y Nathaniel. Una amistad que a día de hoy ha transformado a ambos. Es curioso cómo como un simple momento de claridad- de gracia- puede cambiar la vida de uno por completo, mientras se sea fiel a esta intuición. Porque el corazón intuye si está bien educado, si se le deja espacio.  Y cómo de ese imprevisto, fruto de la belleza provocada por las dos cuerdas de un viejo violín, nace algo mucho más grande de lo que cualquiera de los dos protagonistas pudiese haber esperado.

Steve_Lopez

Steve López comenta en su columna  “no sé si he ayudado o no a Mr. Ayers. A lo mejor nuestra amistad sí le ha ayudado. Pero sí puedo, sin embargo, hablar de mí mismo. Les puedo decir que siendo testigo del valor, la humildad y la fe que tiene en el poder de su arte, he aprendido la dignidad que se encuentra en el ser fiel a  aquello en lo que uno cree. De agarrarse a ello sobre todas las cosas. De creer, sin dudar; eso nos llevará a casa”

Nathaniel no es creyente, tal vez sea difícil para alguien con este tipo de enfermedad concebir la idea de Dios y situarla en su presente, pero cuando uno le escucha tocar o hablar de su música –los únicos momentos en los que goza de lucidez- uno intuye que no habla del conjunto de notas que transcienden el papel para dar lugar a una sinfonía. Él habla de Belleza, una belleza que curiosamente ha hecho más por él que todas las sesiones de terapia, de electroshock y las largas jornadas de internamiento. López no ha conseguido, todavía, que Nathaniel vuelva a medicarse, ha conseguido que duerma a cubierto en un pequeño apartamento, que vuelva a tocar el chelo y hasta que haya grabado un disco y haya sido recibido por Obama.

Steve se encontró realmente con “Tony”, cuando dejó de pretender “ayudarle”, y simplemente decidió voluntariamente ser su amigo, sin más, deseando para él lo mejor, siendo únicamente una compañía en su camino, dando espacio a su libertad. Cuando decidió ser fiel a ese deseo que le surgió la primera vez que se encontró con Ayers.  Así, poco a poco es como López se atreve a decir que el beneficiado de la relación ha sido él. Es curioso cómo uno se encuentra siempre en los demás. Digan lo que digan, estamos bien hechos, solo hay que dar espacio y tener eso que algunos llaman “alma” despierta. Una amistad, un encuentro que nos deje indiferentes, de poco sirve más que para anestesiarnos y la vida, que no es sueño, más vale vivirla despierto.

A día de hoy Steve y Nathaniel siguen cultivando su amistad, más intensa ahora que en 2005,y si uno lee las columnas del periodista se dará cuenta de que su perspectiva no es la misma. Ha dejado de buscar “historias”, para buscar protagonistas. Nathaniel, por su parte, sigue tocando su chelo (aunque ahora también el piano, la flauta y la harmónica) en Persing Square, bajo la atenta mirada de la estatua de Beethoven, quien le mira con aprobación, comprensión y hasta parece que con sorprendente cariño.

María Smith

Comentarios

  1. me ha emocionado tanto el comentario, es tan actual que voy a buscar la película YA! me encanta!!!!!

Deja un comentario