sábado, 23 septiembre, 2017

Carta de amor a Lydia Callis


Mira tu mano, que despacio se mueve,
transparente, tangible, atravesada por la luz.

Vicente Aleixandre

Martin Heidegger

Martin Heidegger

Según Heidegger el lenguaje es la casa del ser. A mí ésta me parece la clásica frase tramposa de un filósofo brillante, que funciona a no ser que te dediques a indagar en su contenido mínimamente. Veamos: Heidegger también dijo que el ser de las cosas es su sentido (otra frase brillante a la que era aficionado), pero eso implicaría que el sentido de las cosas se encuentra contenido en el lenguaje, lo cual es evidentemente falso, porque antes de que nadie hablara sobre la Tierra las cosas tenían un enorme sentido, como lo prueba el hecho de que nosotros estemos aquí.

Ludwig Wittgenstein

Ludwig Wittgenstein

El lenguaje no tiene nada que ver con eso. Es una capacidad que los seres humanos empleamos para referirnos cómodamente al mundo. En lugar de mostrar el objeto manzana, es mucho más eficiente emplear el vocablo que en francés se dice ‘pomme’ y en alemán se dice ‘Apfel’. Otro filósofo, Wittgenstein, dejó dicho que los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo, lo que sólo es cierto de manera aproximada. Si un hablante inglés menciona un pájaro llamado ‘bustard’ no sabré de qué se trata, pero si alguien me advierte que se refiere a una avutarda, inmediatamente asentiré en señal de comprensión por más que no tenga la menor idea acerca de su aspecto. Del mismo modo, hay árboles de cuya existencia sé desde pequeño, pero desconozco cuáles son sus nombres. Es verdad que las personas con una competencia lingüística menor tienen un mundo más reducido, aunque sospecho que no es a esto a lo que el filósofo austriaco quería referirse.

“Cuando aparece una nueva realidad, se inventa una palabra y otra vez vuelve a ser posible decirlo todo”

Hasta hace poco yo pensaba que el lenguaje no tiene límites para el conjunto de la humanidad en una época determinada. Podrá tener límites para mí a causa de mis muchas incapacidades e ignorancias, pero siempre habrá alguien capaz de decir de manera cabal lo que excede mi habilidad expresiva porque el lenguaje es una herramienta asombrosa si la utiliza un hablante competente. Cuando aparece una nueva realidad, se inventa una palabra y otra vez vuelve a ser posible decirlo todo.

Sin embargo recientemente he presenciado algo que me ha hecho cambiar de opinión. Mientras escuchaba a Michael Bloomberg, el alcalde de Nueva York, explicando las actuaciones emprendidas para mitigar las desgracias ocasionadas por el huracán Sandy, no podía dejar de fijarme en la increíble manera de trasladar sus palabras a la lengua de los signos llevada a cabo por Lydia Callis, la intérprete junto a la que comparece en sus apariciones públicas de un tiempo a esta parte.

Esta mujer está literalmente llena de gracia, de armonía, de duende, y en la velocidad y la belleza con que traduce un discurso a los sordos a mi entender se produce una auténtica ampliación de significados, de alusiones y de insinua­cio­nes que no está al alcance de ningún comunicante que tan sólo se valga de la voz o la escritura. Bloomberg se explica realmente bien para ser un político, pero incluso las frases más inofensivas y convencionales salidas de su boca adquieren una intención, un vuelo y un crecimiento únicos cuando Lydia Callis emprende sus encantadoras quirofanías y consigue que no sólo el verbo, sino también la preposición, el pronombre, el adverbio, la conjunción o el adjetivo se hagan carne y se vuelvan inflexión y movimiento. Con semejante recurso es innecesario argumentar, porque la palabra se vuelve inacabablemente magistral, persuasiva y flexible, ligera y elegante. He aquí una muestra:

Cómo será el discurso con el que Lydia Callis revela que quiere ser besada, cómo dirá esta mujer el cielo o el silencio o la resurrección, con qué cimbreo indicará en qué región de su materia está a punto de comenzar la dicha o el deseo, qué imaginarios mapas recorrerán sus delicadas falanges cuando de pronto comprenda algo o invente algo o se emocione y calle y su gestualizado corazón al fin respire.

Comentarios

  1. Me encanta la carta de amor… que fuerza tiene esta mujer, hipnotiza! Curiosa pareja el indolente Blommberg y la apasionada Lydia. Os recominedo este otro video sobre ella: http://www.youtube.com/watch?v=QVXnQcI9sgo

  2. Me encanta la carta de amor… que fuerza tiene esta mujer, hipnotiza! Curiosa pareja: el indolente Bloomberg y la apasionada Lydia.

    Os recomiendo este otro vídeo sobre ella: http://www.youtube.com/watch?v=QVXnQcI9sgo

  3. Cierto que esta mujer es magnífica. No se puede dejar de mirarla. Me encanta tu forma de describirla. Eres un amo de las palabras. No sabía nada sobre ella y te agradezco que me la presentes.
    Respecto a la primera parte, es un error habitual confundir lenguaje y lengua, pero ambos son dos conceptos claramente distintos. El lenguaje y el pensamiento están íntimamente ligados y son facultades mentales. Leer a Luria, Piaget, Vygotski o Bruner para ampliar. Lenguas hay muchas y cada uno tiene la(s) suya(s).

    • Eso que dices es verdad pero es una distinción técnica. Te pondré un ejemplo de algo parecido que sucede en termodinámica: Técnicamente no se puede decir ‘tengo calor’ sino ‘tengo energía interna y transmito calor’, ya que el calor no es una función de estado y, por tanto, no se puede tener, sólo se puede transmitir, según indica el primer principio de la termodinámica. Sin embargo, todo el mundo dice ‘tengo calor’ para referirse a una sensación corporal. No es correcto, pero se puede decir.

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