martes, 17 octubre, 2017

La cueva que habla de quién es el hombre


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La última película de Werner Herzog es un bellezón. Es un documental en 3D sobre la cueva de Chauvet, situada por encima del curso del río Ardèche, al sur de Francia. Fue descubierta en diciembre de 1994 y sólo ha sido vista por profesionales que nos han ido poco a poco desmenuzando su historia. En la cueva hay pinturas de animales que se hicieron hace 32.000 años. Cuando empecé a verla me recordó a la audio-guía del palacio de Versalles. Como todas las salas están desnudas de mobiliario, la voz te dice que los objetos tienes que colocarlos tú, que imagines la fuerza del barroco francés con toda su petulancia y derroche, las fiestas, las risas, los abanicos, la música. Es lo mismo que hay que hacer en Chauvet, allí quedan los vestigios de nuestros antepasados, todo lo demás habrá que presuponerlo. Aquellas cuevas no fueron el lugar de residencia de los humanos, sino una especie de pabellón para el arte y las celebraciones, todo un misterio. Pero esos “residuos pictóricos“, al ser tan nuestros, tan humanos, llevan una firma indeleble que Herzog se dispone a analizar. Y lo hace de forma inteligente, poniendo micrófono a los científicos y procurando que su mirada sobre nuestros antepasados sea global.

0011706Herzog parece decirnos que cuando el hombre hizo su aparición, llegó completo. Tras un proceso de hominización, llegó el hombre, todo él, no nuevas etapas de humanización. Por eso el director ata en un mismo haz todas las capacidades humanas: la dimensión religiosa, musical, pictórica, celebrativa, ética… En otra cueva rupestre se encontró la que se considera primera flauta datada, y es curioso que use la escala pentatónica, con la que se puede tocar, por ejemplo, la melodía del himno de los EEUU. Es curioso cómo los mismos científicos señalan que las distintas potencialidades del hombre parecen nacer de un mismo centro. El jefe de la expedición, el primer científico que analizó la cueva, dice ante la cámara de Herzog que le resulta pobre el adjetivo de sapiens para el hombre, que le resulta más adecuado el de spiritualis. De un ser espiritual nace la tridimensionalidad de su proceder. Herzog entrevista a un joven antropólogo que ha estudiado las pinturas sobre roca a través de los tiempos.

20120430cin1Cuenta la historia de un artista aborigen australiano que se quedaba perplejo ante la reacción de un etnólogo al verle retocar una pintura que se estaba borrando. El etnólogo le dijo, –¿Por qué haces eso? Y el aborigen le respondió –No soy yo quien pinta, sino el espíritu que habita en mí.

Herzog prueba el uso de la pintura de Chauvet como un estudio prehistórico del cinematógrafo, ya que el autor aprovecha las molduras de la roca para señalar el movimiento, la acción dramática de los animales.

Nunca estuvo tan justificado el uso del 3D en el cine.

Javier Alonso Sandoica

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