lunes, 23 octubre, 2017

La Felicidad


La celeste unidad que presupones
hará brotar en ti mundos diversos,
y al resonar tus números dispersos
pitagoriza en tus constelaciones.

Rubén Darío

Creo en los números y en las fórmulas, y desconfío sistemáticamente de todos los que se resisten a cuantificar las cosas. Según comenta Georges Iprah en su apasionante ‘Historia universal de las cifras’, el origen de los números está ligado a los primeros atisbos de organización estatal, de modo que el sistema numérico que empleamos en la actualidad ha servido tanto para llevar la contabilidad de las pirámides de Gizeh como para, en su versión binaria, servir de mecanismo para el enorme avance tecnológico en que estamos inmersos. Los números son, junto con la observación y el método de ensayo y error, los fundamentos del método científico, y junto con la expresión verbal son lo mejor que hemos inventado. Además tienen una enorme virtud que es precisamente la que argumentan sus detractores para desacreditarlos: Es posible vivir con la ilusión de que los números no tienen importancia, porque son tan sutiles que hacen falta ciertas dotes de observación para percibir su existencia pese a que todo lo que importa en este mundo puede describirse haciendo uso de ellos. Por ejemplo la belleza es un fenómeno netamente ligado a las proporciones, a la disposición del donaire en torno a un centro físico o espiritual del que brota todo cuanto es hermoso, como bien saben los pintores que tradicionalmente han compuesto sus cuadros según la sección aúrea.

¿He dicho espiritual? ¿Es que el espíritu irradia también sus números?

Sin duda. Dicen quienes han estudiado el asunto que un 10% de nuestra felicidad se debe a causas materiales. Esta es una magnífica noticia se mire como se mire. Por una parte, dispongo todavía de un 90% de felicidad aun en el caso de que las cosas me vayan mal en lo económico, y eso hace que sea posible ser feliz en Burkina Faso o en Benin, pero es que además este porcentaje revela por qué nos gusta tanto comprar: porque las cosas materiales nos hacen felices en esta cuantía. Y la compra es la base del comercio. Y el comercio es el origen y el fundamento de la civilización y de la cultura. Y comprar requiere conocer. Y sólo puede conocer lo que no ha muerto.

“El espíritu irradia también sus números”

Ernest Hemingway

Ernest Hemingway

León Felipe

León Felipe

Al parecer otro 40% tiene que ver con causas genéticas. Los Fierro Clavero somos felices la mayor parte del tiempo tanto por el lado Fierro como por el lado Clavero, pero los Hemingway han sido insistentemente infelices. Por lo que yo puedo conjeturar, es muy difícil contravenir este designio y abundan las estirpes desdichadas con independencia de que les vayan las cosas bien. Esto es algo que conoce cualquiera que haya leído algo de poesía. La princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa? Luis Cernuda o León Felipe o José Agustín Goytisolo fueron seres desdicha­dos, acaso porque siempre prestaron atención a lo que no marchaba como debía, según se detecta en sus escritos.

José Agustín Goytisolo

José Agustín Goytisolo

Tengo entendido que Philip Roth se ha prohíbido a sí mismo comparecer sonriendo ante una cámara. El que únicamente tiene ojos para la infelicidad siempre halla un objeto en el que posar la mirada. ¿Será la poesía la expresión de los tristes? Por otro lado, tengo la impresión de la tristeza constituye algo así como la herramienta retórica de muchas personas que se tienen a sí mismas por inteligentes. ¿Cómo ser feliz con tantas cosas terribles como acontecen?

Luis Cernuda

Luis Cernuda

Para mí la tristeza es como las agujetas. Haces ejercicio sin estar preparado para ello y te duelen los músculos, pero al cabo de un tiempo, o bien gracias al entrenamiento y la voluntad, uno se entristece con menos frecuencia y recupera antes el ánimo. Todavía hay otra cosa peor que la tristeza: la ironía, esa expresión nihilizadora del espíritu que tiene tan buena prensa pese a que lo devalúa todo suavemente mediante el humor. Una de las ideas fuerza de los irónicos es que no hay nada nuevo bajo el sol, pese a que en este mundo no hay nada más reciente cada mañana que el sol del día. ¿Y no ha de ser en cierto sentido nuevo todo lo que ese sol diario nos muestra? Es urgente quitarles prestigio a la tristeza y la ironía.

El restante 50% de la felicidad estriba en lo que está en nuestra mano promover: nuestros proyectos, nuestras opiniones, nuestros viajes, nuestros intentos, nuestros inventos, nuestras actitudes, nuestras esperanzas. Si la mitad de la felicidad estriba en nosotros, y contamos con un 10% adicional de ayuda que podemos conseguir con las posesiones materiales, ¿por qué no somos más felices?

Yo creo que la respuesta estriba en la educación y en lo que nos transmiten los medios de comunicación. Estos últimos creen que la felicidad se consigue a base de premios y de gente estrafalaria y vacuovagante, y han conseguido que buena parte de los adolescentes actuales tengan como proyecto vital el ser famosos, lo que no puede ser más frustrante si ser famoso implica ser necio. Por su parte, la educación en España se ha extraviado en laberintos políticos que nos han llevado a ser uno de los países que más invierten en un sistema educativo que no paramos de reformar sin que lleguen los resultados en la comparación con otros países. Si tantos lo hacen mejor que nosotros, debería ser muy fácil mejorar, pero lo impiden nuestros políticos y buena parte de los que teorizan sobre educación.

Platón

Platón

Y es que para ser feliz es esencial haber recibido la educación adecuada, la que conviene a la etapa histórica en que vivimos y a nuestras circunstancias vitales. Aristocles, más conocido por el sobrenombre de Platón, sostiene en ‘La república’ que la virtud se puede aprender y que la felicidad debe proporcionarla el Estado. Occidente sería aún mejor si el viejo filósofo hubiera dicho que se puede y se debe aprender a ser feliz y que la felicidad es un proyecto eminentemente personal. Ser feliz es un trabajo, el principal trabajo.

Álvaro Fierro Clavero

Comentarios

  1. Carlos Rodriguez dice:

    “El restante 50% de la felicidad estriba en lo que está en nuestra mano promover”

    Me encanta tu artículo, Álvaro, especialmente este canto a la libertad, esa creencia irracional tan necesaria…

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