Jueves, 25 Mayo, 2017

La esperanza es lo primero que se pierde (II)

La esperanza es lo primero que se pierde (II)

“Yo, yo, yo” es el título de la canción que suena tras muchas desesperanzas por debajo de las cuales hay también una persona que se mira demasiado el ombligo, no solo tristeza.

La esperanza es lo primero que se pierde (II)




“Yo, yo, yo” es el título de la canción que suena tras muchas desesperanzas por debajo de las cuales hay también una persona que se mira demasiado el ombligo, no solo tristeza.


¿Se han fijado Vdes. la cantidad de pesados que hay o lo pelmas que podemos ponernos a veces? Es falta de esperanza sencillamente, no hay que darle más vueltas. Pelmas son una gran parte de los escribientes modernos, muchos cineastas, no pocos pintores, artistas, etc… Y lo son porque no tienen esperanza, la perdieron. Como muchos periodistas, es evidente.

Sigo con que la noticia de la semana es la esperanza porque lo es el Adviento.

La pasada semana decía que la falta de esperanza podía desembocar en la superficialidad o en ser pelmas. Por eso, la civilización actual bascula entre la alegría epidérmica y lela –la televisión y el pobre sentido de “fiesta” que hoy tenemos son buenos exponentes – y el ser sencillamente un pesado, un auténtico pelma, como lo somos cuando no levantamos la mirada del suelo.

“Yo, yo, yo” es el título de la canción que suena tras muchas desesperanzas por debajo de las cuales hay también una persona que se mira demasiado el ombligo, no solo tristeza.

¿Se han fijado Vdes. la cantidad de pesados que hay o lo pelmas que podemos ponernos a veces? Es falta de esperanza sencillamente, no hay que darle más vueltas. Pelmas son una gran parte de los escribientes modernos, muchos cineastas, no pocos pintores, artistas, etc… Y lo son porque no tienen esperanza, la perdieron. Como muchos periodistas, es evidente.

Frívolos son otra gran parte de los escribientes modernos, muchos cineastas, no pocos pintores, artistas, etc., porque tampoco tienen esperanza, la perdieron. Los periodistas también pueden ser unos frívolos sencillamente porque hace mucho tiempo que ya no esperan.

Y a menudo son, somos, pelmas y frívolos igualmente. Se puede. Y otras versiones sobre el mismo tema: porque no hay esperanza a veces el cinismo o el escepticismo tienen tantos adeptos. Son dos actitudes que se llevan mucho en determinados ambientes, especialmente en los intelectuales donde, si esperas en el sentido cristiano del término, eres visto con un auténtico bicho raro o un  ingenuo.

No creo que la esperanza solo sea posible entre los que tienen fe o profesan un determinado credo. Conozco a ateos y agnósticos alegres, esperanzados, y nada pelmas ni frívolos, tampoco escépticos o cínicos. De igual manera sé que se puede ser cristiano y que nuestra vida, por épocas o momentos, esté en la oscuridad más absoluta, en la tristeza, o, también, caiga en la estupidez del que no es que tenga esperanza, es que un auténtico lelo que se ha creído la Casa de la Pradera. La tentación de sustituir la esperanza por edulcorantes es muy fuerte a veces entre los cristianos, por supuesto. Esperar es cuestión de fe pero también de razón, de inteligencia.

Creo que el cristianismo ofrece una visión del hombre esperanzada a pesar de nuestras miserias. Y la ofrece a lo bestia, sin hacer caso omiso  de nuestras limitaciones,  con ellas bien dentro. Pecados es el nombre exacto de éstas, el que menos nos gusta y sin embargo el más cierto.

La esperanza cristiana me parece que es todo menos dulzona, por mucho que nos empeñemos en el imaginario popular en el que a veces derivan las próximas fiestas. En concreto, el hecho de que Dios se encarne en el vientre de una doncella, que se haga carne, lo cual es un misterio inabarcable, no deja de arrojar algo de luz sobre nuestra naturaleza. Y eso es lo que celebraremos en Navidades y lo que preparamos este Adviento.

Hay una variante muy interesante del sucedáneo de esperanza que hoy se vende vía el pensamiento positivo, cierta autoayuda, el  buenismo y otras muchas ideas tan antiguas como la gnosis y Rousseau y tan modernas como algún ex presidente del gobierno.

Por ellas, porque los hombres necesitamos esperanza, a veces nos pueden dar gato por liebre… y de ahí utopías, indignados que se manifiestan y muchas palabras huecas.  Pero es porque los seres humanos necesitamos esperanza, lo llevamos en los genes. Por eso a mí oír “Imagine” o “We’re the world, we’re the children” me produce alergia, por ejemplo. Simplemente no me lo creo y no me gustan las piruletas, prefiero el jamón ibérico.

Creo que todo cuesta esfuerzo y, con esperanza incluso, lo que vale siempre cuesta.

Insisto: no es la esperanza del azúcar lo que nos falta actualmente. Es la del sabor verdadero, agridulce, amargo a veces y finalmente pata negra. Algo le costó a alguien, a Dios mismo, aunque sea eterno.

Aurora Pimentel

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