Lunes, 26 Junio, 2017

Retazos de alegría en el duelo


Ha sido una semana de duelos y alegrías en lo que a economía se refiere. Los duelos, no pequeños: funestas perspectivas de la OCDE y del FMI que vaticinan un lento y doloroso proceso hasta que España resurja de la crisis, con un 2013 peor aún que el 2012 y la tasa de paro en un impensable pero no imposible 27 por ciento. Dolerán también las miles de personas que hasta ahora han trabajado con entrega e esa pequeña sucursal de un banco rescatado y que se sentarán en la cola del paro sin que aquellos consejeros que gestionaron incorrectamente la crisis lloran sus penas en abundantes e injustas indemnizaciones.

Pero varios rayos de luz aquí y allá me han hecho caer en la cuenta de que la generosidad sigue siendo característica del alma humana. Decía siempre la Madre Teresa de Calcuta que Dios no creó la pobreza, que es fruto del egoísmo del hombre. Pero fruto de ese mismo corazón es la caridad.

Un diario local asturiano publicaba un llamativo anuncio. Un matrimonio natural de esa tierra pero afincado en el País Vasco, ofrecía de manera gratuita vivienda amueblada en el centro de Gijón durante un año para aquella familia que más lo necesitara. Las motivaciones no podían ser más altruistas. Movidos por las noticias de los últimos desahucios, han querido donar lo que tienen.

En Madrid, una promotora que había construido en el apogeo de la burbuja una serie de viviendas en Valencia imposibles de colocar, las ofrece a personas sin recursos por un alquiler casi simbólico de 50 euros al mes.

Cáritas ha llegado a niveles de prestación de ayuda que no podía ni imaginar cuando hace seis años el mayor de sus problemas era la marginalidad de drogadictos y mendigos. Pero, al mismo tiempo, nunca había tenido una avalancha tan generosa de voluntarios dispuestos a colaborar para hacer mejor las vidas de los que se ven envueltos por la sacudida de la crisis.

La revista Mater Purissima, del que ha sido tantos años mi colegio, recogía en su Facebook una instantánea que dejo aquí en Adiciones. Ningún mar en calma hizo experto a un marinero. Los tiempos fuertes que nos ha tocado vivir ponen a prueba nuestra voluntad de caminar por la vía de la santidad,  una vía que requiere de esos valores que la sociedad anegada en euros había ido abandonando. Justicia, solidaridad y caridad vuelven a la palestra. Entrega y sacrificio se convierten en buenos propósitos de los que no hay que huir, como se hizo en los años de bonanza. Trabajo es un término que recupera su esplendor, de don y derecho, no de castigo. Y, sobre todo, los rayos de los corazones iluminados que hacen la crisis más llevadera hacen que el paisaje, incluso a pesar de los nubarrones de la crisis, se convierta en un cuadro de esperanza.

 

María Solano Altaba
@msolanoaltaba

Comentarios

  1. Desde luego, hay motivos para la esperanza, un abrazo, colega…

  2. Teresa Campoamor dice:

    yo también tengo esperanza. No hay más que ver la cantidad de personas, que en diferentes esferas, se está comprometiendo con aquellos que están sufriendo. Abrazos

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