Jueves, 25 Mayo, 2017

El Joven Van Dyck


 Pero los aires … Pero los espacios …
Rainer Maria Rilke

Sileno ebrio - Anton Van Dyck

Sileno ebrio – Anton Van Dyck

Estoy vibrando.
Hay una inmensidad de formas que sin esfuerzo incita la palabra profunda, la sílaba interior, la expresión infinita. Hay una libertad y hay un color que se despierta en todo cuanto puede ser imaginado ante estos lienzos, hay un abismo ahora, una genufle­xión, una paloma íntima que sobrevuela al que contempla para que no se olvide que hubo un testigo del espacio, un mártir de la mirada, un caballero de la luz y la tiniebla, para que miremos a partir de ahora con unos ojos nuevos que no pretendan buscar y sólo sepan callar, calmarse, desposarse con este movimiento y esta respira­ción que el trazo príncipe ha retenido, hay una insurrección de cuerpos y de telas, hay un porqué de la atención en cada superficie, en cada escorzo, en cada tránsito emprendido por esta devoción y esta extensión donde lo vivo fluye y se encadena a las nacientes masas, por estas postrimerías de la Creación en las que sólo hay vuelo, aire, cercanía.

Cornelis van der Geest - Anton Van Dyck

Cornelis van der Geest – Anton Van Dyck

Ante pintura de semejante categoría es inevitable plantearse toda la historia del arte posterior. ¿Qué nos han estado contando? A partir del romanticismo empiezan los artistas a reclamar la preeminencia de su mundo interior, de sus vivencias, y hemos aceptado sin crítica que la libertad del artista exige la demolición de unas gramáticas de carácter representativo en favor de la expresividad. Todo sea en favor de que el artista sea él mismo libremente. A esto se une la teoría de que el arte no progresa y la de que cada época tiene sus propias manifestaciones.

Se ha conseguido levantar un discurso coherente aunque falso basado en el mate­ria­lismo histórico que lleva desde Altamira hasta Damien Hirst y equipara el manillar de una bicicleta encontrado en la calle o un montón de caramelos que, atención, pesa lo mismo que el amante del artista, con el Sileno ebrio o el retrato de Cornelis van der Geest. ¿No somos nosotros distintos de la nobleza que encargaba sus obras en el barroco? Pues el arte de nuestra época asimismo debe ser distinta, solemos escuchar.

“Toda el arte es conmemorativa en un sentido u otro pero no todo merece ser recordado”

 

Baltasar de Castiglione - Rafael Sanzio

Baltasar de Castiglione – Rafael Sanzio

Que el arte tiene que ser crítica con la sociedad es otra de las ideas más extendidas. Hace pocos meses veíamos en Madrid el retrato de Baltasar de Castiglione, de Rafael Sanzio, otro elegido. No se percibe en semejante demostración de maestría, de hondura, de verdad, el menor atisbo de crítica social, pero qué pocas veces tenemos ante un cuadro semejante sensación de conocer de toda la vida a una persona muerta tanto tiempo atrás. Es falso que estos titanes de la pintura pretendieran reflejar la realidad y es rotundamente falso que un artista no pueda ser libre sometiéndose a unas reglas. Estas obras pluscuamperfectas, emocionantes, inolvidables son primeramente una lección prístina sobre cómo debe mirarse físicamente el mundo que raramente encontramos en el arte contemporánea, que acostumbra a refugiarse en disquisiciones simbólicas e intelectuales que han tergiversado el limpio, el sencillo acto de mirar. El artista es un minero de la realidad, es el que encuentra lo que el espectador no conseguiría nunca ver o escuchar por sus propios medios. Es el continuador de una búsqueda de cientos de miles de años que ha encontrado algo y quiere mostrárnoslo.

Cráneo - Damien Hirst

Cráneo – Damien Hirst

Hemos llegado a montar a los cuatro instrumentistas de un cuarteto de cuerda en sendos helicópteros en un intento de olvidar a Mozart, a Haydn, a Beethoven, a Bartok, a Shostakovich. Hemos llegado a pintar un cuadrado negro y hemos dicho que eso era contemporáneo, como si hubiera dejado de amanecer todos los días. El declive del retrato, de la pintura pintura y el auge de la fotografía se inscriben en esta infructuosa búsqueda de alternativas a la emoción que, por lo que llevamos visto, en demasiadas ocasiones no está funcionando. Toda el arte es conmemorativa en un sentido u otro, pero no todo merece ser recordado.

¿Por qué no se escribe una historia espiritual del arte? No me refiero a una historia de los objetos del culto o una historia del arte religiosa, sino una historia que muestre de manera razonada cuáles han sido las expresiones artísticas que contem­pla­ban las personas conscientes y clarividentes de cada época, los que sabían en qué consiste todo esto a lo que nos enfrentamos. Qué pintura admiraban Wittgenstein o Wagner o Bartok, qué música escuchaban Kant o Klimt o Rilke, qué arquitectura interesaba a Einstein, a Hilbert, a Rossini, a Tolstoi.

Alvaro Fierro

Comentarios

  1. El retrato de Baltasar de Gastiglione de Rafael, coincido contigo es grandioso, dificil de olvidar esa mirada, es de lo más sobrecogedor que existe incluyendo las dos Ciocondas.En mi opinion el artista nunca se somete a reglas, el gran artista me refiero, solo a las que él mismo se impone y sí creo que un artista es un continuo buscador:…
    me gustan tus reflexiones!

  2. Pero se sabe perfectamente qué pensaba Tolstoi sobre música y juraría que usted no lo comparte.

    • Es muy interesante lo que dices. Sobre la célebre sonata ‘A Kreutzer’ de Beethoven, Tolstoi escribió su célebre novela breve, la cual a su vez inspiró el maravilloso cuarteto para cuerda de Leos Janacek.

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