Domingo, 23 Abril, 2017

¿Se nos acaba el periodismo?


En el último número de la revista Nuestro Tiempo aparece un debate que sigue rodando en tertulias y anda en cabeza de todos los profesionales: si el periodismo, tal y como lo hemos entendido hasta ahora, tiene los días contados o estamos en una etapa-trampolín hacía una nueva era. Es verdad que nos ponemos estupendos cuando hablamos de tecnología, porque las cifras siempre se nos suben a la cabeza. ¡Más de dos mil millones de personas interconectadas, guau! Pero seamos serios, la verdad informativa no es el resultado del tratamiento del receptor como cabeza de ganado, que cuantas más reses haya pastando mejor, sino del recordatorio de la definición del periodista: un tipo preparado, capaz de entender lo qué es relevante y lo cuenta de forma veraz. No importa el soporte donde lo haga.

Francisco Pérez-Latre, profesor de empresa informativa en la Universidad de Navarra dice que la información sensacionalista “es más fácil de imitar que un contenido bueno“. Y tiene razón, porque el amarillismo lleva en su órgano reproductor una actividad endogámica, proteica, engolfada en sí misma. No hay más que ver cómo se retroalimenta todo el fenómeno “rosa“. Sin embargo, el análisis riguroso es un punto de referencia duradero, de marfil.

No creo que el debate sea si vamos a asistir en breve a la muerte de la prensa de papel. Hay factores más relevantes, como las dependencias económicas. Desde el momento en que un medio de comunicación forma parte de una compañía que cotiza en Bolsa, lleva el riesgo de andar más en la preocupación de que sus acciones no bajen, que en desenmascarar mentiras políticas, propiciar debates sociales o profundizar en la gran tradición de nuestra civilización.

El pasado lunes, el telediario-noche de La Primera de TVE , daba una noticia aparentemente de relleno, pero de por sí exasperante. La madre de Sheila, que tiene ocho años y está aquejada de espina bífida, sigue subiendo a su hija a hombros los cinco pisos del edificio donde viven, por la oposición de los vecinos a la instalación de un ascensor. Y no es un guión de Alex de la Iglesia, lo prometo. Todo periodista independiente sabe que esta historia debe abrir un informativo, porque si no invita a la reflexión, ya podemos andar muy al tanto del Ibex 35, pero nos perdemos como civilización.

Javier Alonso Sandoica

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