viernes, 20 octubre, 2017

En Remedios Zafra cada perfil humano es una aventura


Remedios Zafra nos cuenta en su última novela, “Despacio”, que el ser humano no es un genérico, que cada uno tiene sus tufos, personalidad y rarezas. Una chica quiere salir de su ciudad, Aquí, y marcharse a Allí, quizá una forma de expresar la decisión de madurar de una vez por todas en la vida y tomar una dirección. En el andén de la estación el tren no acaba de llegar, pasan las horas y los días, entonces es cuando nuestra protagonista se pone a hacer una taxonomía de tipos humanos.

La autora delinea tan bien lo que toca, que el lector no acaba de pisar firme, todo un logro para una artista de la ficción. ¿No ocurría eso con Julio Cortázar y su millón de personajes como aquellos cronopios? En los cuentos de Cortázar había también mucha metafísica pasmosa de seres casi imposibles. Pero nunca nos extrañamos de ellos.

En “Despacio” se nos habla de Regina Reina, una mujer que quería tener su vida acorde con su nombre. Laqueestapeor, que siempre logra convertir el dolor de los de Aquí en algo menor, “obligándonos a comparar nuestros problemas, enfermedades y tristeza con la suya”.

Zafra habla en fragmentos, los capítulos son cortos, un trazo, un rostro, pero los personajes tardan en desaparecer de la mente del lector por su densidad. Le pasa a Contenida, una de las microhistorias más deliciosas de la novela. “Antes de su muerte nadie sospechaba que Contenida tenía deseos”. “Un grupo de bedeles cargó a hombros con el cadáver. No necesitaron más que abrir la puerta para que los deseos de Contenida se les echaran encima, como si llevaran años esperando ser descubiertos”. Siempre la autora es así y, como conoce el mundo de las nuevas tecnologías como nadie (se recomienda la lectura de su ensayo “Un cuarto propio conectado”), retrata a esos jóvenes preocupados por andarse en Internet a cada rato y porque sus móviles tengan suficiente batería y suficiente cobertura. Así están Yellow, Red y Purple siempre estéticamente preparados y en su deriva cotidiana, porque “piensan que les queda poco tiempo, que quien no se hace famoso muy, muy joven no tiene ya nada que hacer, que entonces mejor dejarse morir en alguna esquina”.

Bueno, que no sé que hacéis todavía sin conocer a esta gente

Agustín Guzmán del Buey

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